Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


Libertades

>> miércoles, 9 de octubre de 2013


Todo aquello que se deja ir es como si llegara de nuevo. Para que se dé el regreso la despedida debe ser desde el corazón. Es decir, cuando se dice adiós es para siempre. No solo de palabra sino de hecho. De esta forma no hay espacio para las palabritas de consolación o los recuerdos nostálgicos. Solo lo que se olvida y queda en esa atmósfera de la indiferencia, como en una especie de neblina, puede verse sin miedo y ataduras. Eso me dijiste hace unos meses e intento vivir como si no te conociera. Por eso, también he decidido viajar a otras tierras. Creo firmemente que la distancia que nos separa es la libertad que nos une.

2 comentarios:

Belén Rodríguez Cano jueves, octubre 10, 2013  

Un poco ácido y nostálgico te encuentro hoy. NO?.
Besos.

Juan Camilo jueves, octubre 10, 2013  

Belén
Es el relato el que plantea otra atmósfera, como otro clima.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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