Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La virtud de cerrar los ciclos desde la mirada de un jardinero

>> lunes, 15 de mayo de 2017



Uno de mis dilemas ha sido el de los cierres. Durante años dejé cosas empezadas con la esperanza de que las dilatara el tiempo. Por ejemplo, iniciaba un nuevo estudio y no terminaba. Lo mismo con las relaciones emocionales. Esto, creo, por la incapacidad de priorizar y de asumir responsabilidades. Lo nombro porque mi ignorancia ahora entiende un poco la dinámica de los círculos o la circularidad de las cosas que hacemos. 

Las cosas son cíclicas. Se manifiestan una y otra vez en el tiempo. Una tristeza, por ejemplo, vuelve cada tanto y cada tanto se sumerge uno en ella. Es como si una especie de círculo guiara nuestras acciones. Es decir, uno abre y cierra, inicia y termina, sufre y se alegra, llora y se ríe… 

Cada acción se podría nombrar como un círculo que representa un momento, una etapa o un cambio en nuestras vidas. Casos concretos: el círculo de la escuela, el del colegio, el de la universidad; el círculo del primer amor, de la primera relación esperanzadora, de la familia; el círculo del primer empleo y la alegría del primer sueldo, del trabajo ideal, de la independencia económica; el círculo de la búsqueda de uno mismo, del aprendizaje del amor, del hallazgo de la espiritualidad, de su lugar en el mundo.

Estamos atravesados por estos círculos. Y creo que al nombrarlos se los lleva al plano de la conciencia y esto permite aprender a cerrarlos. Es importante cerrarlos como abrirlos. El cierre permite un mejor campo de visión del aquí y el ahora. Pues, cuando no se cierra un ciclo se puede quedar padeciéndolo o viviendo en el pasado. Esto para cada una de las cosas que hacemos. Cerrar un círculo y permitirse abrir otro para expandir la visión del ahora. También hay que considerar, según las prioridades de la acción a realizar, el tiempo estimado. Es crucial darse un tiempo para cada círculo. Al menos los que se puedan realizar y estén entre las posibilidades y los deseos más profundos.

Si es en lo sentimental, aprender a defender el “no” que surgió de algo más profundo que un capricho o una pataleta. Si ese “no” es una necesidad íntima que busca el bienestar del corazón, es necesario continuar. Mirar atrás es dudar y vivir del recuerdo, de la sombra que vuelve con la tristeza, con la culpa y el apego. Ese “no” es el cierre y el inicio de un “si” que se empieza a sentirse en armonía. 

Lo otro es descubrir que es aquello con lo que se vibra. Eso a lo que más le has inyectado energía vital. Sea lo que sea. Una cosa al tiempo. Luego llevarlo a la materialización. ¿Cuántas cosas hemos proyectado y se han quedado en la nebulosa? ¿Cuántas veces nos hemos quedado a mitad del camino? ¿Qué nos distrae? 

Darle término a un círculo permite abrir otro y al cerrarlo se abre otro. Así sucesivamente hasta que se descubre que se ha logrado aquello que te hace feliz y necesitas para una vida en servicio al corazón. Cuando un círculo se cierra el aprendizaje se potencia. El aprendizaje del conocimiento de sí sucede en forma de espiral. La espiral está constituida de círculos. En esa medida, se fluye con el universo.

Es vital descubrir el poder, entendiendo como poder el oficio, la tarea o el camino que se elija como opción de vida a materializar. De esta manera vibrar y disponer un tiempo estimado. En caso de que se elija sembrar, un primer círculo sería hacer un surco de lirios y cerrarlo sería verlo florecer. Luego, volver a abrir otro. Si el primero se hizo bien la experiencia para el segundo garantiza un mejor cuidado. 

Otra forma de entender esto de los círculos es cuando un padre suelta a su hijo o un hijo suelta a su padre. Esto no quiere decir que se olvide el uno del otro. Lo que supone es soltar al otro para que viva su vida, pero con la certeza de que cuenta con un cómplice. Para eso es la familia, para compartir y acompañarse. 

Claro, hay círculos dentro de los círculos que a su vez tienen otros círculos. Por ejemplo, la historia del hombre que abandona a su hijo y de viejo se lamenta porque su nieto se siente solo. Escena que se repite una y otra vez en nuestra historia de patriarcados. Por ello, el machismo es un círculo abierto en Antioquia que se abre en muchas familias e individuos. Es como una sombra que pasa de padres a hijos. La lujuria es uno de los círculos que están dentro del círculo del machismo y dentro del círculo de la lujuria está el círculo de la falta de voluntad al bien. Esto se repite. La energía que se le inyecta a las cosas queda girando hasta que se materializa. Algo de lo que sentimos cuando creamos queda en el fruto. De ahí que el hecho de cerrar un círculo permita entrar en otro y seguir avanzando en la espiral que es la vida.

4 comentarios:

Karolay lunes, mayo 15, 2017  

Cami, este me gusto mucho... un abrazo querido

Juan Camilo lunes, mayo 15, 2017  

Querida, me alegra que así sea. Otro abrazo para vos

juan de la cosa jueves, mayo 18, 2017  

En la espiral no hay ni inicio ni fin. Todos los círculos estan conectados entre sí y el tiempo los puede expandir tanto como soporte el flujo de esa espiral.
Saludos.

Juan Camilo viernes, mayo 19, 2017  

Juan de la cosa

Compadre así es. Un abrazo pa vos.

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