Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El viaje de la muerte

>> miércoles, 16 de octubre de 2013


El miedo a morir es un acontecimiento que nos mueve. No importa la edad ni la religión ni la época, la muerte es un misterio que no desciframos. Es un tema que siempre nos ronda y asusta, sobre todo cuando alguien cercano deja de estar entre nosotros. 

Hemos mal interpretado, así no comprendamos el misterio, el significado de la muerte. La muerte, a mi modo de ver, no es un fin porque morir es solo otro momento. Planteo esta hipótesis porque creo que somos más que un cuerpo que envejece y se descompone. Siento que el cuerpo es como la oruga en la que reposa la mariposa. 

Pero con la muerte creemos que todo se termina porque hemos elegido el fatalismo como salida. Y como somos lo que creemos nos ahogamos en nosotros mismos porque somos nuestros peores enemigos. Nadie nos trata tan mal como nosotros mismos. Por eso, cuando alguien muere, lo primero que sentimos es una especie de arrepentimiento. Pensamos que faltó tiempo para compartir. Lo segundo es que entramos en un estado meditabundo y evaluamos lo que estamos haciendo. Lo tercero es que lloramos la muerte del ser querido con cierto deseo morboso porque nos duele no ser los primeros. Entonces muchos se emborrachan y aprovechan este acontecimiento para sumergirse en un estado deplorable y lastimero. 

Reflexiono alrededor de la muerte porque hace unos días falleció un amigo que quise mucho y que sé, si estuviera con vida, seguiría igual de distante. Me duele que ya no esté, pero la distancia era la naturaleza de nuestra amistad. Por eso, no me siento mal. Estuvimos juntos el tiempo necesario. 

Se llamaba Pablo del Río y era un gran escritor. Algo oscuro y solitario pero con un corazón puro. Su tristeza radicaba en que se sentía fuera de este mundo. Tal vez nunca estuvo. Tal vez ahora esté a donde siempre perteneció. Lo sospecho, no lo sé de cierto, pues ayer soñé con él y me dijo que no me preocupara, que él estaba bien. Acepté esas palabras como quien me dice nos vemos luego. 

No estaré triste, no lo lloraré, no me echaré a la pena por él. Creo que si uno quiere y respeta a alguien en vida hay que seguirlo haciendo en muerte. Pues en el recuerdo su presencia continua. Lo que hice fue sembrar en su nombre un surco de caléndula para que sus heridas cicatricen. 

A mi amigo le deseo un buen viaje. Pues, siento que se fue a un país donde se habla un idioma que no comprendo, pero que algún día aprenderé. Le deseo que la luz del universo lo acompañe donde quiera esté.

2 comentarios:

Syd miércoles, octubre 16, 2013  

La muerte es el motor de la vida, como bien dijiste. Y es mejor aprender de ella que temerle, vivir con miedo a morir, no es vida.

Mis respetos para Pablo Del Rio.
Soy de los que cree, que ahora estan en un mejor lugar.

Un abrazo.

Juan Camilo jueves, octubre 17, 2013  

Syd
Gracias por sus palabras y por la solidaridad.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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