Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


Lección del corazón

>> martes, 1 de mayo de 2018


Fernando durante años anheló un maestro por temor a sentirse solo y no poder tomar decisiones. Pasó por varias religiones y movimientos intelectuales. Luego se involucró en experiencias más extrañas y sin clasificación  como fue el ayuno de siete días que lo trastornó hasta el punto de creer que estaba muerto durante algunos días. Después, decepcionado de sentir que ningún maestro le ayudó a estar mejor, o al menos más acompañado, desistió de todo aprendizaje. Entonces empezó a errar. Varias veces la familia fue a buscarlo a pueblos cercanos. Sin embargo, él seguía su peregrinar y cada vez que volvía a casa estaba más decepcionado y silencioso. 

Amanda, la hermana menor tenía una finca a las afueras de la ciudad. Allí vivía un anciano que cultivaba yuca y plátano. Ella le propuso a Fernando visitar ese lugar. Fernando aceptó. 

En la casa, Fernanado no determinó al anciano. Apenas lo saludó y luego se sentaba en el corredor, inútil, a ver pasar los días. El anciano, después de un tiempo decidió actuar. Fue a un tanque y sacó agua en un balde. Luego, le arrojó el agua. Fernando se lanzó como un toro dispuesto a envestir al anciano. De manera asombrosa el viejo le dio con el balde a Fernando en la cabeza y al furibundo no le quedó más remedio que observar al anciano que se sentó al frente y con una sonrisa le dijo: 

-Es triste como la gente estudia tanto para aprender nada. Se creen muy listos al acumular cosas que no necesitan, entre ellas los guías. Si existe alguno que se respete es el que te enseñe a estar solo y a no cuidar las apariencias. Pues, las cosas no son como parecen. 

Fernando sonrió y por primera vez, en muchos años, sintió sosiego en su corazón. Fue al tanque de agua y llenó otro balde. Pero al arrojar el agua, aunque impactó al anciano, pareció no mojarlo.    

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Desencuentro con la palabra

>> lunes, 23 de abril de 2018


En la escuela te dicen que es necesario leer. Sin embargo, la mayoría de docentes no te enamoran de la lectura porque apelan al aburrimiento de leer algunos clásicos. Cuando se podría aprender más de la vida con el relato de algunas anécdotas de un campesino o de un conductor de buses. Lo irónico es que se prefiere un paisaje extranjero que ni se puede imaginar por la forma en que está escrito. Claro, como el campesino o el conductor no citan frases cifradas con un tono de voz especial no interesan. Y no nos van a interesar porque lo importante es casi invisible. Por ello, hay mucha riqueza en el relato oral de las personas que nos rodean y que putean, bailan, sufren, lloran, ríen, cantan, gritan... cada día y son más instructivos que  muchos escritores que más que escribir lo que hacen es hacerse publicidad, mercaderes de baratijas que quieren vender como objetos valiosos. 
Para los que en este mes celebran el día del idioma ojalá lean otras cosas. Ejemplo, la salida del sol, una flor especial, la sonrisa de una mujer, los gestos que genera el orgasmo, la satisfacción de comer bien...  Es decir, tener la capacidad de leer los signos que den placer, porque se habla del placer de la lectura y pocos leen por placer. Por tanto,  es contradictorio que se hable del placer de la lectura cuando cuesta tanto leer. Pues los placeres se buscan por voluntad. Por eso, el mayor placer es no leer. En tal medida, si es por el placer  de leer, lo que se celebra es la mentira de leer más que la lectura misma. 
Tal vez el encuentro con la palabra, para uno de los países con más bajo indice de lectura, necesite menos del libro. Tal vez cuando se lea un libro como si se fuera a una fiesta o a buscar una aventura, se podría omitir la celebración del día del idioma porque no sería suficiente. Pero como leer es un hecho extraño para muchos, la mejor celebración es no leer los otros 364 días del año.

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En el tiempo del no tiempo

>> miércoles, 4 de abril de 2018




Los mayas, civilización que existió, según se cree, desde los años 400 a. C., decían que a partir del 2012 se inicia un cambio de conciencia planetaria. Esta teoría habla de un tiempo coyuntural. 
Después de investigar todas sus profecías creo que son verídicas. Me baso en un hecho puntual que sucedió en Medellín, por La Playa, rumbo a la estación de El metro Parque Berrío, a finales de dicho año. Las autoridades metropolitanas encontraron el cadáver de un amigo íntimo, Felipe Caballero, joven de veintiocho años y estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana. 
Se rumora que el último viernes de noviembre del 2012 él se dirigió a la universidad. Allá, se reunió con sus amigos. Así lo afirma Ricardo Sánchez, compañero de la Facultad: “Él estuvo conmigo y nos tomamos un café. Recuerdo que hablamos de la plaga de poetas que han brotado en la ciudad y sueñan más con leer en el Festival Internacional de Poesía de Medellín que escribir poesía. Luego se despidió”. 
“Era un chico extraño, pero no le hacía daño a nadie. Desde pequeño se sentaba en el patio de la casa y decía que uno podía viajar fuera del cuerpo. Yo le decía que dejara de decir bobadas”, aseveró la madre. 
El informe de Medicina Legal muestra que la muerte fue natural. Su cuerpo no tiene signos de violencia como tampoco se ha encontrado alguna sustancia venenosa en su organismo. 
En la supuesta reconstrucción de los hechos tomada del archivo que estudia la Fiscalía se cree que él salió de la universidad y tomó un bus hasta el centro. Allí se dirigió a un burdel cerca del Museo de Antioquia. Pero al parecer el establecimiento era solo una fachada porque las autoridades encontraron un pasadizo que llevaba a un salón circular con cuarzos de diversos tamaños. En el centro del salón encontraron el cadáver con una carta: 
“Me llamo Felipe Caballero y durante años he intentado buscar en mí el lugar donde fui feliz. Es un lugar que he visto desde niño y que percibo cuando escribo. Pues entro en trance y descubro, al releer, referencias de un pueblo, en el que parece, vibra más mi espíritu. Después de muchos desdoblamientos estoy preparado para realizar el viaje. He encontrado que a finales de este año, como dicen Los mayas, se abren portales de la conciencia para otorgarnos poderes inimaginables. El Sol, por ejemplo, invertirá los polos y sucederá una tormenta solar que desactivará los satélites y los celulares, desordenará los sueños y generará una cadena de muertes repentinas. Esta energía enloquecerá a millones de humanos porque acabará con todos los sistemas que hemos creado a base de miedo y autoridad. Por eso, los primeros en caer serán los más adinerados. Sé esto gracias a mi trabajo espiritual en el que descubrí que todo mineral, vegetal y partícula esparcida por el universo es parte de mi conciencia infinita. Por eso, decido partir a un lugar atemporal donde pertenecía a una orden sagrada que velaba por el equilibrio de la humanidad”. 
Durante meses nadie parecía interesarse. Así que por honor a nuestra amistad seguí investigando. No había más pistas así que opté, pese a mi resistencia, ir a grupos de meditación. Al final desistí porque todos me parecían tan Nueva Era, tan superficiales. Hasta que un amigo me dijo que había un encuentro con un guatemalteco descendiente de Los mayas, quizá podría encontrar algo. 
Llegué a una casita ubicada cerca de la Universidad Pontificia Bolivariana. Me senté en la sala con otras tres personas. Al cabo de unos quince minutos entró un anciano de rasgos indígenas con una camisa blanca, pantalón en dril azul, chanclas de cuero y una pluma de águila a unos pocos centímetros arriba de la oreja. Nos saludó y preguntó por qué habíamos ido. Las otras personas afirmaron que deseaban conectarse con la luz del universo y yo dije que estaba buscando respuestas a la desaparición de un amigo. El anciano les tocó el pecho a las otras personas y les sugirió que se concentraran en el palpitar de sus corazones. A mí, en cambio, me pidió que le contara la historia. Le di una copia de la carta. El viejo estuvo unos minutos acariciándose la barbilla con la mano. Luego cerró los ojos y los párpados brincaban. Al final los abrió y después de una leve sonrisa dijo: 

-La carta habla de una orden que debe ser tan antigua como el mismo mundo. Es una unidad secreta del espíritu carente de miembros externos y visibles. Solo acceden a ella las personas que adquieren cierto grado de desarrollo que pueden renunciar a sus propias personalidades. Cuando la persona logra madurar esta decisión uno de los miembros de la orden entra en contacto espiritual. Dicho de otro modo, su amigo consiguió conectarse con las vibraciones del círculo de energía de esta hermandad espiritual y está al servicio de Dios. En cambio usted debería preocuparse más por usted. En vez de buscar a su amigo debería buscar el lugar en que usted pueda servirle al universo. Mejor buscar dentro y no afuera. 

Intenté debatirlo pero no pude. El anciano sonrió y se fue. En ese momento terminé mi pesquisa. Me despedí y camino a casa recordé el último poema que me regaló Felipe, parece que cobraba sentido: 

Lo supremo 

El paisaje es infinito para el que percibe 
lo que no tiene sonido ni peso 
lo que existe sin principio ni final 
lo eterno e inmutable 
lo que está libre del mordisco de la muerte. 

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La palabra "mujer"

>> miércoles, 28 de marzo de 2018



Hace días la palabra “mujer” se hospedó en mi pe­cho. En la mañana subió hasta los ojos y apoyó sus manitas finamente delineadas en mis párpados. Le gustaba que el viento la despeinara y el sol le ca­lentara todas las letras. En la noche bajó hasta los riñones y encendió una vela para espantar las pe­sadillas. Últimamente la palabra “mujer” tiene comportamientos extraños. Es tan ella que ninguna otra palabra se le parece. Tal vez la palabra que más se le aproxima es “luna” o “flor”. El misterio de es­tas palabras es mejor observarlo que comprenderlo. Volviendo a su comportamiento, hace una semana pegó un montón de papelitos en mi corazón. Al ter­minar observó, desde la distancia, el rostro de un hombre. Luego, los recogió y cuidó de que no se le perdieran. Subió hasta el oído derecho y los echó a volar. Después, la palabra “mujer” se durmió a oscuras. Su quietud era de anfibio. Posteriormente se dirigió hasta mi boca. Estiró la letra “m” y parecía el zigzag de un río entre la montaña. Observó el horizonte como esperando algo o a alguien. El in­flujo de una palabra que se encarna es misterioso y profundo. Además, cuando una mujer emerge de la palabra puede vencer todas las distancias y todos los silencios. También, anunciar un cambio de las cir­cunstancias o una partida definitiva.

El anterior texto es un capítulo del libro la novela La mujer Agapanto-Diario de un jardinero, del escritor colombiano Juan Camilo Betancur E, ya está disponible para su descarga GRATIS por unas cuantas horas. Para descargarlo puedes hacer clic aquí. 




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Desganas de ti

>> domingo, 18 de marzo de 2018


Desde que se vieron querían saber más de lo que a simple vista podían intuir del otro. Ella imaginaba que ese muchacho tan delgado, tan femenino y tan de su gusto le dijera cualquier cosa. Por otro lado, él tan orgulloso de sí mismo, al menos era lo que intentaba reflejar porque con las mujeres era más que inexperto, por lo que se desesperó al ser incapaz de generar algún tipo de pretexto para acercarse. Sin embargo, gracias a la diligencia de unos amigos lograron reunirse. Después de varias palabras triviales, él sugirió caminar. Ella aceptó. Así que salieron sin decirse gran cosa. Él aceleraba el paso un poco y luego volvía a nivelarse al de ella. Ella se acomodaba el cabello sin dejar de mirarlo. Caminaron sin rumbo y ella se sorprendió a notar que estaban cerca de su casa. Creyó que era una señal por lo que no dudó en invitarlo a un café. Además, sus padres regresaban tarde. 

En la sala él imaginaba que la besaba, le bajaba el vestido con los dientes y le hacía el amor con tal frenesí que jamás lo olvidaría. Asimismo, ella anhelaba que él se le acercara, la abrazara y la tocara de tal forma que su cuerpo fuera una explosión de sensaciones. Ambos anhelaban lo mismo y no sabían cómo expresarlo. 

Cuando el silencio era un recipiente lleno de deseo, él acercó su rodilla a la de ella y ella emitió una sonrisa de niña que lo sonrojó. Acto seguido, ella puso su mano sobre la rodilla de él. Sin previo aviso él se lanzó, como si fuera un combate de lucha libre, a darle un beso y los dientes se chocaron entre sí produciendo tal estremecimiento que ambos se distanciaron. Ella se quedó mirándolo algo asustada. Pese a ese desafortunado inicio quería insistir, ese chico le gustaba mucho, por lo que le solicitó que se dejara guiar. Acto seguido lo besó lento. A medida que sentía la humedad de los labios empezó a emocionarse a tal punto que se quitó el vestido y sin previo aviso, le susurró al oído: “quiero que me la metas tan adentro que te recuerde siempre. ¡Dime qué quieres tú!”. Él se paralizó. Nunca se imaginó que ella emitiera tales palabrotas. Al ver la insistencia con esfuerzo balbuceó: “Te… lo voy hacer como… un animal”. Ella se apretó con fuerza y él tomó la iniciativa de envestirla, pero en el cambio de posición las manos se enredaron y las espinillas con las espinillas y las rodillas con los tobillos los condujeron a separarse de nuevo. Él se llevó las manos a la cabeza, aunque ardía de deseo. Ella se acostó en un mueble y lo invitó a acompañarla. Él, de un brinco, ya le estaba acariciando los senos, que más que tocar amasaba hasta que ella le dijo que más suave. Luego la abrazó en un estremecimiento y ella empezó a decirle: “Eres sucio y me harás sucia y haremos lo prohibido ¡Ah perro salvaje hazme tu perra! Ahhh..! Él se paralizó de nuevo al verla poseída frotándose sobre él de tal forma que no se atrevió a desconcentrarla. Luego, ella le quitó el pantalón y vio que el miembro del chico estaba flácido. Él dijo que eso nunca le había pasado e intentó tocarla de nuevo. Ya ella fue la que se quedó quieta, decepcionada. Él de golpe se vistió y dijo que tenía que irse. Ella asintió con un gesto de desgano y vio como ese muchacho se marchaba cabizbajo y no tan hermoso. 

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