Doctor en teología de la Universidad de Hamburgo (Alemania). Filósofo y
Magister en filosofía de la Universidad de Antioquia (Colombia). Licenciado y
Magister en ciencias bíblicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa
Rica).
Ha publicado la novela Evangelio de arena (2018) y los
poemarios El país de las palabras rotas (edición bilingüe
español-inglés, 2019), Oráculos de Jezabel (2022), Los nombres de los
árboles antiguos (2025) y El murmullo de las hojas (2025).
Entre sus libros de ensayo se encuentran Hugo Mujica: el pensar de un
poeta en la poesía de un pensador (2018) y La crucifixión en la
literatura latinoamericana contemporánea: Hugo Mujica, Raúl Zurita y Pablo
Montoya ( Edición bilingüe alemán-español, 2020).
Con su libro Oráculos de Jezabel fue ganador del estímulo de creación del
Ministerio de Cultura de Colombia. Sus cuentos, ensayos y poemas han sido
publicados en diferentes revistas y traducidos al alemán, al inglés y al ruso.
También ha participado en diversos proyectos musicales como vocalista y
compositor.
“Ya sabemos en qué
lugares hubo voto fusil. Le pedimos al Presidente electo @ABDELAESPRIELLA, al gobernador de Antioquia @AndresJRendonC y al Alcalde de Medellín @FicoGutierrez tomar acción, ya sabemos dónde hay
que atacar primero a la guerrilla y los bandidos, empecemos por todos estos
lugares. Aplicar la fórmula mágica: PL+GL plomo y glifosato. Libertad y orden”.
Con este mensaje, más
el video que publicó de manera intencional, no queda más que decirle “¡Vuste’
si es mucho Gurrynea!”. Con esas bestialidades le da la razón a Iván Cepeda
cuando afirmó que “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica”. Y no es
que se haya convertido, es que siempre fue una de las cunas del paramilitarismo
en el país. Lo que quieren ignorar una parte de los paisas es que Antioquia ha
sido una de las regiones más pujantes a la hora de halar el gatillo y que
concentró un gran número de estructuras paramilitares. Paramilitares que, desde
finales de los años setenta, ya se formaban en juntas de autodefensa como lo
fueron “Los escopeteros” de Sonsón y de San Luis liderados por Ramón María y
Emeterio Isaza.
Es que gracias a esta
Gurrynea, es difícil no admitir que una gran parte de los antioqueños llevan un
paraquito en el corazón. Pero les duele en el alma que les digan “Energúmenos”.
Cuando son estos energúmenos los que hacen que Antioquia sea un territorio de
alta producción de víctimas. Y así, con la pujanza de la violencia, quieren
constituir la Antioquia Federal y la mejor esquina de América donde el que
piensa distinto hay que voltearle el mascadero, ojalá con bate.
Volvamos al Gurrynea
que no disimula su violencia y la exhibe como un argumento, el que ve la
democracia como un mecanismo de exterminio de la diferencia, el que alardea del
matoneo como un proyecto bandera de los energúmenos, el que elige el bate para mostrar su
indignación de animal rabioso. No obstante, sería divertido verlo darse batazos
a sí mismo porque encarna todo lo ruin y podrido que, supuestamente, se combate
en política.
Por ejemplo, su bravera
funciona si al lado suyo hay un hombre armado dispuesto a disparar. Como
sucedió en diciembre del 2025 cuando su conductor le metió un tiro en la cabeza
a un supuesto atracador en El Poblado. Investigación que aparece en El Armadillo. Sin embargo, meses atrás, Vorágine reveló que el concejal contrató a
un “gestor comunitario” que era un exmilitar que andaba armado y que trabajó
para La Madrina, capturada en 2025 por secuestro extorsivo. O las más de 27
demandas por casos como pleitos laborales y tráfico de estupefacientes.
Aunque se hizo famoso
por el bate de béisbol con la palabra “diálogo”. La primera vez que salió fue en El Poblado el
7 de octubre de 2025, cuando se realizaba una marcha en apoyo a Palestina en
todo el país. La segunda, fue en
Alpujarra, el 16 de marzo del 2026, cuando fue a amedrentar la minga indígena.
La tercera fue el 19 de mayo del 2026, cuando salió a carear a los que hicieron
la manifestación artística en Llanogrande, cerca de la casa de Uribe Vélez,
para tratar de ocultar los 7.837 casos de ejecuciones a civiles cometidas entre
2002 y 2008 por militares, los “falsos positivos” que documentó la Jurisdicción
Especial para la Paz. En esta ocasión le robaron el bate del “diálogo”.
De veras, a esta Gurrynea
habría que enseñarle a punta de verbena. Es que nos deja muy mal parados a los
antioqueños. Pues también está en contra de la Corte Constitucional que en el
mes de julio le ordenó disculparse de manera pública, en sus redes sociales, y
reconocer la legitimidad del mural: “Las cuchas tienen razón” y del
derecho a la memoria histórica de las víctimas.
Y para ajustarle el
bate a su propia cocorota, Ana Bejerano Ricaute en su artículo del 28 de junio
llamado “El concejal del odio”, cuando la Gurrynea habla de
bombardear a los votantes de Cepeda, dice lo siguiente:
“El artículo séptimo
del Estatuto de Roma consagra como un crimen de guerra la ‘Persecución de un
grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos’. El
funcionario público que promueva abiertamente la violación del derecho
internacional humanitario podrá convertirse en el determinador de esos crímenes
(si efectivamente se cometen), o directamente incurrir en los delitos de
instigación a delinquir (artículo 348 del Código Penal) o en apología del
genocidio (artículo 102). También puede constituir una falta disciplinaria
gravísima como servidor público.”
Además, la Procuraduría
General de la Nación abrió una investigación
disciplinaria contra el concejal de Medellín. La investigación
quedó en manos de la Procuraduría Regional de Instrucción de Antioquia.
Ojalá a esta Gurrynea
se le pose un tábano en los testículos y así, ante la inminente picada, le
cambie su idea cavernícola de la violencia. O tal vez sea tan berraco, tan
antioqueño indignado, tan pura cepa, tan pa’ las que sea, que se dé el merecido
batazo.
Aristóteles estableció que la narrativa contiene una estructura de inicio, nudo y desenlace. Así, centrar el conflicto para provocar una transformación. Porque sin conflicto, no hay historia. En tal medida, el conflicto exige una elección entre opciones igualmente costosas. Esa es la tensión dramática que surge cuando un personaje se enfrenta a una fuerza que obstaculiza su deseo más profundo. Y esa elección revela el carácter del personaje.
El “clima” emocional del cuento se logra a través de las figuras literarias (metáforas, símiles…) que apelan a los sentidos. Pues, un cuento no es un informe. Por lo que debe crear imágenes que perduren en la memoria del lector. Por algo Cortazar defendía que un cuento debe “partir de una imagen potente” y esa imagen gira dentro de una esfera que golpea al lector y no lo deja indiferente ante la historia. Así lo hace, de manera bella y clara, Londoño, Donadío y Castillo.
El final, uno bueno, es una promesa implícita en el comienzo del cuento. No necesariamente feliz, pero coherente con el arco narrativo y la transformación del personaje. Así, un buen cuento no “termina”, sino que “clausura” una idea. Por tanto, el final es como una zanahoria que te da en la nariz al inicio del relato para que el final, cuando llegue, te sorprenda y lo aceptes como un final creíble.NOTA DE LA EDITORIAL:
Elibrerto y
otros cuentos provincianos, de Juan Camilo Betancur Echeverry, ofrece al lector una
experiencia a la vez interesante y novedosa. El libro se compone de tres partes
(“Memoria colectiva”, “Vínculos comunitarios” y “Relación con la naturaleza”),
de 8 piezas cada una, para un total de 24 relatos fascinantes. Como se expone
en la presentación, el autor se ha propuesto un tema y un fin particulares para
cada una de las partes. En la primera, es Girardota como espacio de la ficción;
en la segunda, son los personajes dramáticos e inquietantes; en la tercera, es
la conexión con el entorno natural. Y en cada una los realiza plenamente. Con
todo, Elibrerto es propiamente un libro de cuento, y no un libro con
cuentos: consiste en una serie de piezas que, desde la singularidad de cada
una, posee un sentido global orgánico. Y, asimismo, en ambos niveles es un
libro original.
Su aspecto
más llamativo son los protagonistas de las historias: una galería de personajes
fascinantes, absurdos, singulares y memorables: un sepulturero que le habla a
su hijo desde la muerte, un extraño joven que compra insultos a la gente del
pueblo, un viejo librero que sobrelleva el confinamiento entre sus libros y en
contacto con los pájaros (en el cuento que da título al libro), un chico
taciturno que gradualmente descubre su homosexualidad en un medio machista y
difícil, otro al que los nervios lo traicionan frente a la niña que ama, dos
niños que por su sensibilidad y sus rasgos se parecen a las plantas… Ellos se
enfrentan a situaciones desafiantes, conflictivas o mórbidas que comprometen su
identidad personal o toda su existencia: así sucede en el relato “Avelino”, en
el que un joven que, aun luego de trabajar por muchos años en una granja de
pájaros, decide dejar el empleo a causa de un perturbador encuentro con un
compañero de trabajo. Y, entre tanto, sus historias poseen un claro sentido
humorístico. Sus situaciones, sean absurdas o trágicas, son filtradas por la
comicidad que poseen, y que el narrador pone de relieve.
Con todo, el
mayor protagonista de Elibrerto es Girardota, donde transcurren o se
sitúan todos los relatos. De ahí el carácter provinciano que expresa el título.
El libro puede leerse como una historia ficcional del pueblo, desde la época
precolombina (“El chamán”), pasando por el siglo xx e inicios del xxi,
hasta la actualidad (“Girardota”), e incluso un futuro distante (“La catedral”).
Todos los sitios comunes están en los relatos (la plaza, la iglesia, la
alcaldía, los parques, las calles, etc.), que en este caso son los lugares
particulares de Girardota: el Hato Grande, la casa de la cultura Pedrito Ruiz,
la calle 7, el barrio Montecarlo, la vereda Manga Arriba, entre otros. Y su
efecto es una imagen inédita y especial de Girardota, entre lo urbano y lo
rural, entre lo real y lo imaginario, entre lo individual y lo colectivo. Este
tratamiento, tan apropiado y certero, favorece que los lectores, tanto locales
como nacionales, se familiaricen con el pueblo y se reconozcan en su
territorio.
Varias
piezas de Elibrerto pueden leerse como minicuentos o microficciones: “Los
días el día”, “El apellido”, “El duelo”, “Trófico”, “El chamán”, “Girardota” y “Presagio”.
Estas son las más breves del libro, de media página o de unas pocas líneas, y
sus historias cortas funcionan como viñetas puntuales de un momento dramático.
Por su hábil manejo de la concisión, la claridad, el humor, la sorpresa y la
magia, se vinculan con la tradición clásica del texto breve en español, la de
Eduardo Galeano, Augusto Monterroso y Juan José Arreola. Un ejemplo de ello es “El
duelo”, que en breves líneas y con pocos elementos cuenta un drama intenso,
apenas dibujado e insinuado eficazmente, y que recuerda al relato “El encuentro”
de Jorge Luis Borges.
El libro
termina con un epílogo titulado “Un detrás de página”, que resulta igual de
interesante que la serie de relatos. A partir de una metáfora que compara la
escritura con la arquitectura, el autor reflexiona sobre la naturaleza de las
historias y recomienda a los jóvenes una serie de cuentos para la lectura. A
continuación, muestra una guía, clara y didáctica, que enseña cómo crear
relatos y explica el desarrollo de las piezas del libro. Con todo, esta última
parte permite comprender su proceso de escritura, y manifiesta directamente el
amor y el placer del arte narrativo, de los que Elibrerto y otros cuentos
provincianos es una excelente expresión.
Finalmente,
hay que destacar la pericia narrativa de Juan Camilo Betancur Echeverry, quien
nos regala un libro divertido y desenfadado, donde podemos dejarnos llevar por
historias sencillas que no obstante guardan siempre una meditada reflexión, no
sólo en relación con el municipio de Girardota, inspiración y escenario de los
relatos, sino de la vida misma, en términos universales. El autor nos recuerda
que todo aquello que pasa en un pequeño pueblo antioqueño es la medida también
de lo que es la humanidad y su historia azarosa de héroes, villanos y búsquedas
del tesoro. Este libro se emparenta con las mejores obras de la literatura
universal allí donde convergen la función lúdica de la lectura con las
innegables consecuencias que acarrea: aprender, cuestionarse y cambiar como
persona, generalmente para bien.
Dejo por acá el archivo digital del libro de cuentos "Elibrerto y otros cuentos provincianos"
Acá a un clic:
Además, Girardota presenta la mezcla singular de la vida urbana por su cercanía a la ciudad y la ruralidad. Es un fenómeno aún no registrado a profundidad por la ficción local. Y se refleja en las atmósferas, los diálogos y los paisajes de los relatos.
Abajo de la borrasca
emocional se configura el registro de Dios: esa calidez que eres.








