Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La magia de un beso

>> lunes, 5 de diciembre de 2016



Fragmento del capitulo 10 de la novela que por estos días está circulando. Buen provecho.

Solía sentarme en la cama con una taza de café y un cigarrillo para intentar ordenar las ideas. Algunos días mi cabeza era un cuarto desordenado. Los pensamientos, cosas tiradas en el piso, unos sobre otros. Si buscaba alguno era imposible y esto me sumergía en la tristeza. Logré identificar que ese caos lo originaba el miedo. Intenté buscar el temor. Recuerdo que mi primer miedo, del que no me libro por completo, era enamorarme. Me aterraba y lo anhelaba. Imaginaba la compañera que me hiciera sentir menos triste y a los minutos me aburría sin remedio. Sin embargo, fantaseaba con besarla en un acto religioso. Claro que en un lugar para los dos, porque no me atraía la idea de sentarme en un parque y exhibir el amor como una prenda de vestir de última moda. Me indisponía ver a aquellas parejas que se besaban con las manos y las piernas como si les faltara aire. ¡Ah, a lo que hemos reducido el arte de besar! Pues el beso debe ser pausado y tranquilo para que exprese lo que las palabras insinúan. Debe ser un ritual y no un espectáculo de circo barato. Debe ser un acontecimiento estético que erotice el espíritu y produzca ese mareo comparado a la ebriedad del vino. Pero no, las parejas en los parques se besan como si tuvieran hambre y quisieran comerse el banquete del cortejo de un bocado. Como si ese beso fuera el único y el último de sus vidas. Como si se les fuera la vida y con ella la oportunidad de volver a besar. Si es así, estamos perdidos porque eso evidencia la incapacidad de sentir a conciencia. Y si no podemos vibrar con la magia de un beso porque nos puede el instinto… ¿Qué será del amor? Tal vez un recuerdo de algunos o una moda en desuso para los más civilizados, los que se creen avanzados. Cuando hablo de civilizados me refiero a los que aman la tecnología, pero sin parecen cavernícolas: jauría de tristes devorándose los unos a los otros. Quisiera no reflexionar sobre el asunto, y cuando veo esos espectáculos siento repudio... 

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Un poema

>> martes, 22 de noviembre de 2016


A los que nos gusta escribir versos nos encontramos que no siempre podemos hacerlo. Sea porque repetimos un verso anterior, sea porque no llegan las palabras, sea porque estemos muy apacibles o lo contrario. Sin embargo, cuando llega un verso, uno que atrapa una sensación profunda, el gozo es incomparable. Es como una experiencia con la divinidad, si me permite tal comparación. Lo digo, porque algo de eso queda entre líneas, como un ritmo interno que brota como agua fresca con cada lectura. Por esa luz del verso que nos redime, invoco la luz para siga apareciendo entre líneas. Llamo esa llama cálida y tenue para que alumbre el verso. Para que surja del vacío, nido de la creación, un poema del aliento interior para que susurre en verso aquellas letras que dibujan signos en la hoja en blanco. 

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Los gregarios

>> sábado, 12 de noviembre de 2016



Andan preocupados por habitar la ciudad. Se hacen viejos y no quieren aceptar que ya pasaron de moda. Se niegan a renunciar al ron, los cigarrillos, la música y la marihuana. Hablan sobre películas proyectadas en el recuerdo, sobre fiestas de las que se cansan rápido, sobre mujeres que nunca han visto. Necesitan inventar historias que coincidan con los recuerdos de aquellos días joviales cuando creían que podían hacerlo todo. Se sientan en los bares a ver pasar transeúntes porque sus amigos se casaron o emigraron. Vuelven, en la madrugada, a la soledad de sus cuartos y cansados se resignan a cerrar los ojos dispuestos a despertarse religiosamente para acudir a sus trabajos.

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La mujer que tal fui en vidas pasadas

>> jueves, 3 de noviembre de 2016



Antes de ser el que soy, el escritor, el andariego, el prospecto de buen ciudadano, fui muchas veces mujer. En sueños me llegan retazos o imágenes sueltas. Soy otro ser, en otro cuerpo. Y al despertar quedo con la sensación de haber estado con tantos amantes como dolores. También, que amé tanto la carne que encerré al espíritu  en el retrete. Pues, mi único interés era saciar el deseo del cuerpo, el que se agota con el tacto. 


Ahora,  con lo que soy y con esos vagos recuerdos, he sido una especie de don Juan, no por el éxito con las mujeres, más bien por el enredo con ellas. Pues he amado mujeres menores, predecibles, que me aburren y me agobian. Asimismo, mujeres mayores, indómitas, que me asustan y huyo. A todas, les he otorgado el poder de organizar mi intimidad por colores, por formas y días. 

Ellas, con sus cuidados, han formado la imagen de mi madre. Cada fémina una línea del rostro de la progenitora. Por ello, he sido su hijo contemporáneo. Pero los hijos crecen y en gratitud a lo recibido, abandonan a su madre.

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Miel de caramelo

>> viernes, 28 de octubre de 2016



Cuando te vi te imaginé tan cerca, que ahora, que estamos juntos, me sorprendo. Vamos con los días profundizando en nuestro encuentro, como una cita de antaño. Ahora que te veo, le quito a la distancia el recuerdo y al recuerdo el pasado para verte entre entre jazmines y rosas. Te beso la piel y mi boca, cual abeja, saborea el sudor y el perfume del deseo. Cierro los ojos para sonreír un poco más íntimo. 

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