Una cosa buena acerca de la música, cuando te golpea, no sientes ningún dolor.
Bob Marley

En las mañanas, antes de irme para el colegio, el abuelo nos despertaba a todos con su respiración de toro salvaje que iba mermando después de prender la radio, a alto volumen, y buscar en alguna emisora canciones de los Relicarios. 

Esa música me sonaba como un chirrido estridente. Lo curioso, era que calmaba al abuelo. Ejercía sobre él un poder maravilloso. Tanto, que después de un par de canciones empezaba a contar historias. Una de ellas era que había visto a Los Relicarios cantar y eso le había cambiado la vida. Fue cuando se animó a formar un dueto y empezó a ir a reuniones sociales. Lo que más le gustaba era que había licor gratis y que podía robarse alguna mujer. Así hizo con la abuela, con quien tuvo ocho hijos. 

El abuelo persistió en ser una encarnación de la letra de esa música montañera, o campirana, o carrilera, o guasca, que se especializa en la tristeza, el dolor, el despecho. Hablaba con nostalgia, como un preso de la libertad, sobre esos mundos perdidos en las borracheras, esos males de amor gritados en las plazas de mercado, esos jinetes heridos de corazón entre racimos de plátanos o bultos de café, esos hombres abrumados por un dolor que no entienden y que desean lavar con aguardiente o con lagunas mentales. 

El abuelo se quedó con las adaptaciones de los ritmos sureños (corridos de México; pasillos y valses de Ecuador; tangos, pasillos y valses de Argentina) interpretados por los campesinos antioqueños. Música que empezó a tomar fuerza después de la inauguración del Ferrocarril de Antioquia en 1929. En las estaciones se realizaron fiestas que duraban varios días. De esas, narró el abuelo, en la estación Palomos, en Fredonia, se armaban tales peleas que el machete enarbolado era el símbolo de virilidad que a más de uno dejó sin extremidades. Pero fue a partir de 1940 que esta música empezó a sonar con fuerza. 

Sin embargo, no es hasta 1952 que surge, tal vez, el dueto que hoy en día más representa la música campesina. Hablo de Los Relicarios, el dueto que ha influenciado a miles de personas. Canciones como: Entrega­do a las copas, Al diablo con tu orgullo, Todos seremos igua­les, Voy a tomar aguardiente, No sé rogar, No te quise, Mal­dito dinero, Dime que me esperas, En otro tiempo, Huérfano desde niño, El Cristo de oro, Te quiero aunque seas casada, Te voy a borrar, Bien aburrido, Maldigo mi destino, Triste sin madre, Soy un bohemio, La medallita de oro, La malagradecida, El dolor de un hombre, entre otras, pues llevan más de 1300 canciones grabadas. Estas canciones representan los sentimientos que emergen en las montañas y de alguna manera, como sucedió con el abuelo, los calma o los precipita al abismo. Pues, los sentimientos son como caballos indómitos que arrastran la razón y sobre todo, empantanan ciertos tramos de la historia. Sentimientos oscurecidos por el licor, la aventura, la traición y la errancia. 

Años después, por cosas del destino, me encontré con José Muñoz en la Biblioteca de Girardota y lo entrevisté para el blog, días antes de que muriera su compañero de fórmula: Germán Rengifo La idea era hablar con don José, ícono de la música popular. 

José nació en Bello el 10 de abril de 1931. Empezó a estudiar la guitarra a los siete años, con ayuda de un método que le compró su madre. Se levantó en la vereda "El barro" de Girardota. Al verlo, era curioso, sentía que ya lo conocía. Tal vez por ello, las letras de sus canciones me dieron otra mirada de la historia, una que permitió ver más a fondo al abuelo. Era como si reviviera la misma escena, pero con más recursos lingüísticos para narrarla. ¡Cómo hubiera disfrutado el abuelo, si aún viviera, haber hablado con don José! Pues Don José entendió, así sus canciones sean una epifanía al alcohol, que el trago es más una postura estilística, gastada, artificial que lo único que hace, al final, es expandir la herida en los seres cercanos y amados. Por ello, don José lo dejó para continuar con Los Relicarios y seguir componiendo. 

A sus 87 años cuenta con más de 5 mil composiciones grabadas. Estuvo más de 60 años con Germán Rengifo. Ellos, Los Relicarios, son, por decirlo de algún modo, la tierra hecha música de varias generaciones. Pareciera que este encuentro con don José fue una cita anunciada por el abuelo hace más de 25 años. 





Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. 

Proverbio hindú.


La idea de trabajar con niños inició a principios de este año después de trabajar en la Biblioteca de Giardota. Entonces, hablando con amigos, surgió la idea de acompañar a algunos niños desde la literatura y el yoga. Surge porque estando en la biblioteca pude acompañar algunos infantes que más que promoción de lectura necesitaban ser escuchados. 

De esta manera inicié unos talleres de yoga y literatura. Luego, cuando los encuentros me permitieron entablar amistad con los niños empecé a escuchar cosas como: “sí Adán es el primer hombre ¿tenía ombligo?, ¿por qué pensar sucede dentro de la cabeza?, ser un niño es ser un hombre chiquito”, entre otras frases y se me ocurrió hacer algo para que más gente escuchara. Es cuando nace el micro-programa radial “Me revientan los adultos”. De las cuatro emisiones que llevamos, en promedio, cada una ha recibido entre 150 y 200 visitas, hecho que habla de una sintonía que empieza a afianzarse. 

Y ¿por qué con niños? La razón es que fue inevitable trabajar con ellos. Todo empezó hace ya unos diez años. Recién llegaba de un viaje por Suramérica. Un amigo muy amado, Julio Cadavid, me recomendó para trabajar en un super-hogar infantil en Itagüí y mi trabajo era leerles cuentos a niños entre los tres y los cinco años. Al principio no logré contactar con los infantes. A las dos semanas estaba decidido a renunciar porque no me determinaban, entonces me senté frente a ellos, con lágrimas en los ojos y les conté sobre mi deseo de irme y también que así como ellos, una muchacha tampoco me determinaba. Esto generó un efecto mágico y por primera vez el grupo de quince niños de tres años me escuchó. Les pregunté qué hacer y una niña me dijo que me quedara y respecto a la muchacha sugirió que fuera hasta su casa, tocara el timbre y cuando ella abriera la puerta le sacara la lengua y saliera corriendo. 

Luego estuve en varios proyectos con la primera infancia. Saltando experiencias significativas como la creación de cuentos infantiles con madres y agentes educativos por medio de preguntas, la construcción de conjuros por medio de poemas, la cartografía social con docentes de primera infancia… hasta que apareció: “Me revienta los adultos”. 

Es evidente el entusiasmo por los cuentos de los niños que visito. Ellos apenas descifran las palabras y es hermoso ver como se emocionan cuando ellos, más que entender la utilidad práctica de la lectura, encuentran un camino lleno de imaginación y aventuras que les plantea un cuento. Esto ha sido posible porque como docente no les exijo una cantidad de páginas de lectura ni actividades que demuestren que entendieron el cuento. Mi idea no es cobrar por la lectura, sino enamorarlos de la misma. Por tal motivo les planteo la posibilidad de viajar a mundos desconocidos. Entonces sucede lo que explican Bruno Bettelheim y Karen Zelan en su texto La magia de la lectura: “la fascinación inconsciente del niño ante los acontecimientos imaginarios y su poder mágico apoyarán sus esfuerzos conscientes por descifrar, dándole fuerzas para dominar la difícil tarea de aprender a leer y convertirse en una persona instruida”. 

Por otro lado, en mi experiencia como docente en la primera infancia he notado la fascinación de los niños por temas como la magia, el lenguaje secreto, la aventura, los viajes, que en el fondo les permite a los infantes indagar y en la medida de lo posible participar en los secretos de los adultos. De ahí que cuentos como: Todo lo que deseo para ti de Henrike Wilson y Jutta Richter, El doctor Me Di Cin de Roberto Piumini, El pequeño topo que quería saber quién se había hecho eso en su cabeza de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch, Dónde viven los monstruos de Maurice Sendak, Gorila de Anthony Browne, entre otros, representen un interés muy singular en los niños. Y estos puntos de interés se pueden satisfacer con cuentos infantiles, mitos, historias religiosas o historias de sus padres que entusiasman al infante al saber que sus padres también fueron pequeños. Por ello, creo, que cuando el aprendizaje de la lectura parte desde los intereses de los niños o el lector en general, se potencia sus facultades cognoscitivas, su imaginación y sus emociones y se incide en su personalidad. 

En la medida que vamos leyendo el infante empieza a habituarse y sentir la lectura como un placer y los placeres como ir al parque, comer un helado y otros se caracterizan por ser voluntarios y no impuestos. Por ello, la magia de la educación con la primera infancia, y ya lo señalaba Platón desde el texto “La república”, es que la educación debe ser “el arte de la orientación” más que “implantar una visión” en la mente porque la idea es enseñar a ver. En otras palabras, la educación debería estar basada en enseñar a pensar sin dirigir el pensamiento. Esto, al menos así lo considero, se evidencia en los micro-programas de radio donde el niño va desarrollando la capacidad de opinar desde su percepción individual. 

Después de la lectura hacemos una actividad manual y cuando el niño está concentrado en su trabajo empiezo con las preguntas. Sus respuestas, la mayoría son automáticas, pero eso no quiere decir que carezcan de profundidad, al contrario. “Debemos dar más crédito al potencial, a las virtudes que los niños poseen. Debemos convencernos que los niños, como todos nosotros, poseen virtudes más fuertes de las que hasta ahora nos han contado; que todos, nosotros y los niños, poseemos potencialidades más fuertes de cuanto nos reconocen; que consumimos sin que nos demos cuenta, una baja cantidad del potencial de energía que hay dentro de nosotros”[1]. Por ello, a través de las preguntas busco ese potencial para construir los programas radiales y hacer de ese espacio intimista, por medio del blog, un medio de comunicación entre los padres de familia y un grupo cercano a los niños. Y valiéndome de un formato comunicativo tan grato como la radio puedo darle voz a aquellas voces que para muchos no han sido tomadas en cuenta y que como todas las voces tienen el derecho a expresar y decir lo que piensan. Máxime si son los infantes. Por algo Laura Constancia Sandroni en el texto Lectura de comunicación de masas, decía: “Ya lo anotaba Bertold Brecht, en su artículo de 1932: La radio (…) ‘si fuera capaz no solo de emitir, sino también de recibir; en otras palabras, si el oyente no solo escuchara, sino también hablara, que no permaneciera aislado, sino relacionado’”. Y esta relación se da cuando el padre escucha a su hijo y le da otro lugar. 

El dialogo padre e hijo es vital, de ahí que la socióloga Patricia Correa que lidera el proyecto “Palabras que acompañan” (auspiciado por el laboratorio GlaxoSmithKline) manifieste que “los niños son responsabilidad de toda la sociedad. Desde que se decide tener un hijo, deseado o no deseado, ojala deseado, se adquiere una responsabilidad que se acaba con la muerte del padre o la madre. El vínculo emocional y el papel de la construcción psíquica del otro continúan. Por ello, los valores se aprenden con modelos coherentes de respeto o el ejemplo”. Y esto puede aportarse con los micro-programas radiales, donde padres e hijos se sientan en un ratito en la semana a escucharlos. Y se lo escuchan pueden rastrear aspectos primordiales de la mente del infante, tales como el ego, su capacidad argumentativa, la facilidad de formular hipótesis, entre otros que empiezan a moldear su personalidad. 

De nuevo, amable lector, si sientes que está experiencia vale la pena compartirla, no dudes en permitir que estas voces de estos niños toquen muchos más corazones. 






[1] Rinaldi, Cara. En diálogo con Reggio Emilia. Escuchar, investigar, aprender. Grupo Editorial Norma S. A. C. Lima –Perú. 2011.


Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida. 
William Shakespeare 


Jovany Carmona Hoyos, girardotano, es constante con el ejercicio creativo, por lo que su trabajo es una labor interna que lo ocupa siempre. Así, cuando deba dar la cara por sus creaciones artísticas prefiera acudir a sus amigos para que lean una aparte de su trabajo. Como quien dice, le gusta estar atrás de bambalinas, como observador activo o un camarógrafo que registra todo, pero que no figura. Así es el Jova, el amigo entrañable que se encuentra en un estado delicado de salud y al que le dedico este espacio, como una oración, como un rayo de luz para su estado actual. Por ello, aquel lector que haya conocido a Jova y quiera unirse a este acto noble de exaltar lo bello de la amistad, lo noble que es acompañar a un amigo con una oración, lo invito a compartir esta entrada para que con la voz de Jova intercedamos y le enviemos al universo nuestra intención, al unísono, de que Jova se recupere y siga con nosotros en este pedazo de espacio tiempo que la vida nos otorgó para compartir y sobre todo con los más queridos. 


Jova escribió la novela “Biopic”” con la beca otorgada en la Segunda Convocatoria de Estímulos al Talento Creativo 2013 del Instituto de Cultura y Patrimonio del departamento de Antioquia. Dice Cesar Álzate “Es en realidad un escritor, uno que aquí, con suficientes méritos, incursiona en la vida de alguien”. En ese mismo año también gané con el libro de microcuentos “Los Errantes”. Estuvimos juntos en ese proceso creativo. Ambos nos acompañamos como escuderos de nuestros proyectos y compartimos el lanzamiento de ambos libros. Y bueno, era muy divertido ver al autor de “Biopic” esforzarse por ser un espectador de su propia obra sin poder escapar de los espectadores. Al final, firmó algunos libros con algo de vergüenza y alegría. Luego postuló por dos años un libro de cuentos y por cuestiones de trámites, no por el nivel literario de los cuentos, que espero verlos algún día publicados, no pasaron el filtro de los Estímulos del Instituto de Cultura. 

Jova es cofundador del cineclub El lienzo de Méliès que lleva funcionando más de una década en el municipio de Girardota, y cada ocho días (los miércoles) proyecta una película donde los girardotanos pueden ver buen cine y gratis. Este espacio ya está inyectado en el recuerdo de muchos y por ello, al referirse al cineclub lo nombran como un pedazo de memoria importante en sus vidas y en la historia del municipio. Pues muchas veces sin el apoyo de la administración Jova y sus amigos continuaron proyectando pelis en bar De Bluss o cualquier lugar del municipio: una vereda, una acción comunal, un colegio, una calle, el parque principal o un restaurante. 

Además, en el cineclub, muchas veces Jova es el gran protagonista. Da la introducción de la peli y al final invita a los participantes a conversar. Tal vez por ser un espacio intimista, donde habla de otros, se anima a llevar la batuta y dar sus comentarios, algunas veces muy protocolarios, muy técnicos, muy serios, cuando en las conversaciones sin espectadores sus comentarios son de un humor fino y oscuro, inteligente y tierno. Eso es Jova, un hombre que muchos queremos y que de alguna manera cuidamos como se hace con un joven rebelde, algo díscolo, pesimista, juguetón, pero con una fuerte carga de ternura. Un hombre que ha permanecido fiel a sus tres grandes pasiones: el cine, la literatura y el amor. Pues tanto sus cuentos como la novela están atravesados por una pregunta ¿Qué es el amor? cuya respuesta, que no alcanzan a dar sus personajes, más bien la viven intensamente, es admitir que el amor es enredado, fascinante y aterrador. 

Por otro lado, junto con sus grandes amigos, Julio, Felipe, Jairo y otros organiza el Festival Audiovisual de Girardota. A Jova, a su espíritu inquieto y creativo, van estas palabras. Desde mi más profundo sentir ruego al universo que te mejores para seguir compartiendo entre cafés, rones con coca cola, algunas cervezas, algunos porros, algunas canciones noventeras, algunas pelis tostadas, esas conversaciones tan cercanas y necesarias, que a veces, por cotidianas, uno cree va a tener para siempre y por eso mismo no les da la importancia que se merecen.



Si Dios no es amor, no vale la pena que exista.
Henry Miller



El concepto de Dios (del latín: Deus, brillo, resplandor) referencia una deidad suprema que creó el universo. Es el nombre, sí es que se puede nombrar, de un ser omnipotente, omnipresente, omnisciente, omnibenevolente, de naturaleza incorpórea. Además cuenta con grandes atributos otorgados en los textos judíos, cristianos, krisnas, musulmanes… como el creador del universo, el principio incondicionado que explica la existencia de todo, el ser supremo, infinito y perfecto.

Igual las diferentes formas de nombrarlo: Dios, Adonai, Él, Shalom, Elohim, Elyon, Yah, El Roi, Jehová, Infinito-Infinito, Altísimo, Alá, entre otros. Es muy amplio el misterio e imposible de abordar en una entrada para un blog como estos, que no especializa en nada. Por ello, mi palabra será igual a la de muchos que están llenos de teorías viciadas por el dogma y la rigidez de una imagen gastada por el fanatismo y las religiones. Y el fanatismo, sea cual sea el ámbito que se manifieste, es arbitrario, de una sabiduría sorda que no admite ser debatido. 

Pero con los niños es distinto. Ellos hablan de forma repentina, sin pensar en la intención desgastante de agradarle al otro, al menos conmigo, pues son participes de mis preocupaciones. Y bueno, yo también de las suyas. La idea es escucharlos y que me escuchen. Entonces cuando sienten que son tomados en cuenta por un adulto hablan como si lo hicieran con un amigo. O caso ¿por qué se habla distinto con los papás y con los amigos? ¿Por qué para muchos hijos, la mayoría, sus papás no son amigos? Tal vez porque los padres se han hecho expertos en dirigir la vida de sus hijos cuando les piden informes diarios de cómo les fue en el colegio. Es decir, piden información sin involucrar a sus hijos en sus vidas. Entonces se pierden ese mundo fantástico de los niños que manifiestan con sus palabras, las que utilizan para entender el mundo, tanto interior como el circundante. Y cuando un niño se siente útil y participe en la vida de un adulto puede opinar sobre temas tan inquietantes como Dios y el misterio del universo. Al menos así lo considero.

Para realizar estos micro-programas de radio, la idea es generar un ambiente de confianza que se logra con ejercicios como meditaciones cortas, lecturas de cuento, dibujos o figuras de origami. Con estos ejercicios los niños, en el momento de conversar, interpretan el mundo, desde su desarrollo cognitivo. Este desarrollo cognitivo según Jean Piaget tiene cuatro etapas: la sensomotriz (0 a 2 años), la preoperacional (2 a 7 años), la de operaciones concretas (7 a 12 años) y la de operaciones formales (desde los 12 años hasta la vida adulta). Por medio de estas etapas el niño logra entender el mundo que habita. 

En la primera etapa el niño articula frases simples; en la segunda, el niño se pone en el lugar del otro, hace juegos de rol y según Piaget también habla de lo que se conoce como “pensamiento mágico” que surge de asociaciones simples y arbitrarias que el niño hace cuando intenta entender cómo funciona el mundo; en la tercera etapa el niño empieza a usar la lógica para llegar a conclusiones válidas y puede categorizar aspectos de la realidad de una forma mucho más compleja; en la cuarta el niño tiene la capacidad para utilizar una lógica que le permite llegar a conclusiones abstractas que no están ligadas a casos concretos. 

Bueno, nombro estas etapas para mirar, muy por encima, como cada conversación que se va subiendo a este blog parte de los fascinantes argumentos de los niños y como estos argumentos están mediados según su desarrollo cognitivo. Espero que esa entrada sobre Dios sea de su agrado amable lector y que sí crees que se puede compartir esta experiencia, bueno, sería muy grato que las voces de estos niños tocaran la mayor cantidad de corazones posibles.





“El periodismo es libre o es una farsa”.

 Rodolfo Walsh

Hace un tiempo, en conjunto con la Biblioteca Municipal de Girardota se le apostó a la práctica del periodismo escolar como proceso de transformación del territorio habitable por los niños del grado 5B de la I.E. San Andrés. Por ello es un regalo compartir con ustedes, amables lectores, este ejercicio de clase. Pues es sorprendente lo que se puede hacer si no se trabaja solo y se acepta la diferencia del otro como un aprendizaje. Pues es más gratificante optar por un liderazgo que no es imposición, más bien una seducción por una apuesta colectiva que reconforta el espíritu. Así podríamos nombrar el resultado final, después de varias secciones de trabajo con los estudiantes, como una posibilidad divertida donde los participantes se esforzaron por organizar sus pensamientos, expresar sus ideas en forma noticiosa y comprometerse con el aprendizaje de la comunicación fuera del aula. 

Desde un trabajo que trasciende el tallerismo y la eventualidad, los estudiantes del grado 5b de la Institución Educativa de San Andrés culminaron con satisfacción el noticiero “RCM”. Para esto fue indispensable el apoyo de la profesora Yholmy Amparo Salazar, quien motivó a sus alumnos para que buscaran los temas de los que querían hablar. Por ejemplo, un talento especial de alguno de los alumnos del colegio, un evento paranormal, un problema que aqueje la institución como la drogadicción o en la vereda como las basuras, una novedad deportiva, entre otros. 

Si bien, algunos de los principios del periodismo es que la información sea veraz, objetiva y oportuna, para el ejercicio de clase estos ejercicios no se midieron con la rigurosidad requerida porque muchas de las noticias, aunque partieron de hechos puntuales, se inventaron sin necesidad de contrastar las fuentes. Esto, porque lo vital fue fortalecer la personalidad de los estudiantes desde un acercamiento a lo que es un noticiero que les permitiera realizar juegos de roles. También que entendieran las normas ortográficas porque les ayudan a expresarse mejor. Es decir, cuando se enteraron de que los íbamos a filmar y que el video se proyectaría en pantalla grande, que el video se compartiría con otros grados, que ellos presentarían su experiencia comunicativa a sus compañeros, se preocuparon por hilar coherentemente sus textos. 

Luego, se procedió a armar grupos para que intentaran armar el noticiero. Claro, durante una semana observaron los noticieros de televisión para que identificaran las funciones de los presentadores, los corresponsales, los entrevistadores y los entrevistados. De esta manera, los estudiantes reflexionaron su contexto y crearon sus propias producciones. Después, cada grupo socializó su noticiero para que los otros estudiantes y la profesora expresaran sus opiniones y debatieran respetuosamente. Esto con el fin de consolidar un noticiero que compilara lo mejor de las producciones de los estudiantes. Así nació el noticiero RCM. 

Luego, el proceso de edición. Se gestó gracias a los beneficios de la amistad. Es decir, un amigo, Jairo Andrés Palacio, realizador de cine, Comunicador Audiovisual, nos brindó su conocimiento sobre el lenguaje multimedial y estuvo frente la pantalla de su computador dándole forma al noticiero. Si no hubiese sido por las más de ocho horas de edición para un video de seis minutos, no hubiese sido posible compartir esta experiencia comunicativa. 

En conclusión, con este ejercicio, se promueve el periodismo escolar como un derecho a informar o desinformar, no importa, si se parte desde el disfrute. Lo interesante, más que la información brindada, para este caso que se permitió la ficción en los relatos, es generar la oportunidad de las interrelaciones entre los estudiantes y el contexto que habitan. Pues los estudiantes se ven a sí mismos, los ven compañeros, profesores, padres de familia y comunidad en general. De esta manera se genera sentido de pertenencia 





Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia el cielo! 

Bertolt Brecht



Hace poco una amiga me contó que en una reunión de una mesa ambiental ella intentaba explicar la importancia de los árboles en un municipio tan industrializado como Girardota, ubicado al norte del Valle del Aburrá. Luego un notable concejal, tal vez adepto de Trump y al igual que él cree que el cambio climático es una invención de los chinos, dijo de manera profunda y solemne que hay mucho monte para preocuparse de los árboles. Curiosamente como este concejal hay muchos empresarios y políticos que promueven licencias de construcción sin importar la extinción de los bosques nativos. 


Debido a la indiferencia generalizada, en la tercera emisión de Me revientan los adultos hablaremos sobre los árboles. Tal vez, y sería un regalo del universo, sí este programa lo escucha un empresario o un político pueda recordar que alguna vez fue niño y trepó a un árbol y se ensoñó entre sus ramajes. Tal vez, al escuchar estas vocecitas de duendes juguetones pueda reflexionar sobre esa moda inútil de gobernar desde la infraestructura, como si la obra gris determinara el liderazgo político, sin importar que el mundo se convierta en una enorme cancha de pavimento. 

Antes de continuar, quisiera agradecer a los papás porque es por su apoyo que es posible publicar estas conversaciones. Estos padres me han permitido acompañar una hora semanal a sus hijos con cuentos infantiles, ejercicios corporales como posturas básicas del yoga y un poco de meditación. Con las rutinas y las visitas hemos logrado hablar de temas de su interés y del mío, por supuesto. En este caso sobre los árboles. Si crees, amable lector, que esta experiencia vale pena compartirla, te quedaría muy agradecido. 

Entrando en materia, el árbol representa para los hombres una fuerte manifestación del poder divino. Por algo fue venerado, incluido en sus mitos, leyendas y libros espirituales y desde siempre ha estado íntimamente relacionado con el destino de los hombres. Por ende, nuestros antepasados agradecieron su presencia y vieron en los árboles el origen del mundo. De ahí que en la literatura de muchas culturas se hable de: El Árbol Cósmico, El Árbol del Conocimiento y El Árbol de la Vida. 

El Árbol Cósmico 
Puede representarse como un árbol invertido. Muestra la Creación como un crecimiento descendente. Las semillas se encuentran en el cielo, en el mundo divino, y su corona se extiende sobre el mundo. En algunas culturas como en la India, en sus textos más antiguos como el Atharva Veda aparece el cosmos en la forma de un gran árbol. En los Upanishads, el universo aparece como un árbol invertido. 

El Árbol de la Vida 
Es el árbol de la eternidad. Pues a través de las estaciones se regenera. Por algo, en muchas mitologías puede aportar la vida eterna. En las tradiciones babilónicas, por ejemplo, se nombra un árbol que es el centro del mundo, el cual ya conocían los sumerios. “En Eridu ha crecido un Kiskanu negro”. Este árbol es el domicilio de los dioses de la fecundidad y de la formación (artes, agricultura, escritura, etc.) y el lugar de reposo de la madre de Ea, la diosa Bau, que es una divinidad de la abundancia, de los rebaños y de la agricultura. 

El Árbol del Conocimiento 
El árbol que sirve como canal hacia el conocimiento. Es el árbol que conecta con la inteligencia suprema que hay en cada individuo y que conocemos como intuición. Entre muchos ejemplos, en el cristianismo se hablan de dos árboles que se encuentran en el Jardín del Edén: el Árbol de la Verdad y el Árbol de la Vida. 


Aparte de estos tres conceptos que han atravesado a múltiples culturas, también, los árboles han sido determinantes en el simbolismo de las historias que repetimos infinidades de veces sin reflexionar en los detalles. O ¿quién no ha oído hablar de Buda, Cristo o los griegos? 

Para empezar, la vida del Buda está ligada a los árboles. Nació en el jardín de Lumbini, en un bosquecillo sagrado. En su niñez lo atrajo la sombra de un manzano. Luego, se sentó en la ribera del río Nairanjana en un bosque sagrado. Al final obtiene su iluminación bajo un árbol. 

Por algo, el árbol se considera como fuente de fecundidad, símbolo del centro del mundo, regeneración eterna. Quizá por ello a cada dios griego se le asoció con un árbol. Veamos, Zeus: roble, Poseidón: fresno, Hades: mirto, Hera: manzana o sauce, Atenea: olivo, Apolo: laurel o palma… 

Para no ir muy lejos, en el cristianismo al avatar Jesús, el más grande entre los hombres, tuvo como primer maestro a José, un carpintero. Luego, en su crucifixión, la cruz, representa una relación muy singular y oculta con el Árbol de la Vida y del Conocimiento. Pues, es por medio de la cruz que Cristo nace por segunda vez. 

Y nombro solo unos casos donde el árbol ha sido protagonista de la historia de algunas culturas y sus avatares. Pero para no quedarme solo en un contexto histórico quisiera cerrar este texto con un decálogo de los beneficios de los árboles y tal vez, con ello, aporte a que algún lector se anime a abrazar a un árbol, su hermano más antiguo: 

1. Los árboles combaten el cambio climático 
Los árboles absorben el CO2. Almacenan carbono al tiempo que liberan oxígeno al aire. Aunque el presidente de E.E. U.U. y el concejal de Girardota no crean, una pequeña cantidad de árboles adultos pueden absorber la cantidad de CO2 producida por un automóvil cada 26 mil millas. 

2. Los árboles limpian el aire 
Los árboles absorben óxidos de nitrógeno, amoníaco, dióxido de azufre y ozono y filtran las partículas contaminantes del aire, atrapándolas en sus hojas y corteza. 

3. Los árboles proporcionan oxígeno 
En un año, un acre de árboles adultos puede proporcionar oxígeno para 18 personas. Incluyendo a los políticos y empresarios que necesitan más industria que árboles. 

4. Los árboles refrescan las calles
La sombra de los árboles en la ciudad puede hacer el papel de una isla fresca en una ola de calor, pues a través de sus hojas libera vapor de agua al aire. 

5. Los árboles conservan energía 
Los hogares con árboles sembrados pueden reducir hasta en un 50 por ciento el uso del aire acondicionado en el verano. 

6. Los árboles ahorran agua 
La sombra de los árboles disminuye la evaporación del agua de los céspedes sedientos. A medida que los árboles transpiran, aumentan la humedad atmosférica. 

7. Los árboles ayudan a prevenir la contaminación del agua 
Los árboles atrapan el agua de lluvia y permiten que fluya por el tronco y a la tierra que está debajo del árbol. Es como una esponja que filtra el agua y la utiliza para alimentar el suministro de agua subterránea. 

8. Los árboles protegen a los niños de los rayos ultravioletas 
Los árboles reducen la exposición a los rayos UV-B, proporcionando protección en los parques donde pasan mucho tiempo al aire libre. Ojala queden árboles para que a los nietos de los gestores del desastre natural no sufran una epidemia de cáncer en la piel por falta de árboles que amortigüen los rayos UV-B. 

9. Los árboles proporcionan alimento 
Un árbol de frutas proporciona alimento para los humanos, los pájaros y la vida silvestre. 

10. Los árboles sanan 
Se ha demostrado que las personas enfermas que pueden ver árboles desde sus ventanas se sanan más rápido. También que los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad muestran menos síntomas cuando tienen acceso a la naturaleza. Ojala los empresarios y banqueros que desean reducir el salario mínimo puedan estar entre los árboles y la naturaleza para direccionar sus negocios y así reducir el temor a ser secuestrados y su fatiga mental que no les permite ver más allá de las utilidades monetarias.



Penetrados del amor por lo bello
Sigamos la naturaleza
Mirando las estrellas

Jaime Gómez

Los medios nos han vendido héroes que se han hecho populares más por sus destrezas discursivas o físicas que por sus criterios para construir sociedad. Así, desfilan por nuestros imaginarios: políticos, actores, cantantes, deportistas, militares… Muchos de ellos han corroído aquellos valores que nos hacen mejores individuos. 


Cuando hablamos de valores nos referimos al valor de asumir las normas básicas de convivencia, como el respeto a sí mismo. De esta manera, transmitir un modo de vida que intente cambiar esa anticultura de estafadores, escandalosos, ruidosos a la moda, trasgresores del impulso imitativo que hemos integrado en los núcleos familiares. 


En tal medida, nos complace anunciar que conocimos uno de esos hombres que va más allá de lo mediático. Sobre todo cuando los medios buscan el hombre que muerde al perro, la mujer de dos cabezas, el escándalo, el provocador que genere audiencia, la muerte más estrambótica… Y esos personajes son una mínima expresión de una sociedad. Por ello, ser mediático no siempre significa ser un buen ciudadano, estar convencido de lo que se hace o ser el emisario de una pasión que más que robar cámaras conmueva corazones. 


Se llama Jaime Gómez. Es pintor y filósofo. Nació en Girardota en 1951 y reside en Francia, París, desde 1986. Ganó el premio Salón de arte joven, Museo de Antioquia, Medellín (1979, 1980). Ha hecho diversas exposiciones en ciudades como: Paris, Hamburgo, New York, Singapur, Bogotá, Medellín. 


Sus obras, dice René Delaporte “gozan de las mismas particularidades del lenguaje. Su transparencia matemática nos habla con toda certeza de una rosa, de un perro, de un paisaje. Los espacios y los objetos son inconfundibles. Esto que yo llamaría una vocación a la verdad es una característica de su obra.” 


Hablar con Jaime Gómez es tan enriquecedor como releer un libro que cada vez revela más sabiduría. Es como si con cada una de sus palabras dejara entrever lo más espontaneo y autentico de sí mismo. 

Jaime es del tipo de persona que se puede sentar entre todos, ser parte de todos. Sin embargo, puede estar hablando o en silencio y su calidez o una cualidad indefinible nos atrae. Sus gestos, como sus pinceladas, son precisos. Nada en él es sobreimpuesto. Sus comentarios parecen dar un sentido nuevo de lo que nombra. Esto es posible porque el silencio también le pertenece. 



Si amas una flor que está en una estrella, es reconfortante mirar el cielo por la noche. Todas las estrellas son un alboroto de flores.
Antoine de Saint-Exupéry. 



De ante mano, en esta segunda emisión del programa “Me revientan los adultos” le agradezco a los papás de Abraham, Silvia y Santiago y a la madre de Mathias, Diana, porque es por su apoyo que es posible publicar estas conversaciones. Estos padres me han permitido acompañar sus hijos por más de dos meses. En ese tiempo les mostré cuentos infantiles, ejercicios corporales como posturas básicas del yoga y un poco de meditación. Con las rutinas y las visitas cada ocho días logré crear una atmosfera de confianza con los niños para hablar de temas de su interés y del mío, por supuesto. Para esta segunda entrega nos enfocamos en las estrellas. 



Sin ser este un texto de astronomía, más bien una aproximación, empezaría diciendo, como aparece en muchos libros científicos, que las estrellas son masas de gases, principalmente hidrógeno y helio, que emiten luz. O también que son motores de energía cósmica que producen calor, luz, rayos ultravioleta, rayos X y otras formas de radiación. 


Lo bello es que aunque han sido tan estudiadas y se les ha definido de manera contundente, nadie sabe cuántas estrellas existen en el universo. Por algo, desde tiempos remotos nos han atraído los fenómenos celestes. Desde antes de la llegada de Cristo, Tales de Mileto enseñaba que las estrellas estaban constituidas por fuego. O Pitágoras ya hablaba de la esfericidad de la Tierra. 

La Tierra y el cielo han sido inquietudes permanentes de las civilizaciones, desde los asirios hasta los hindúes pasando por los egipcios y griegos. Desde sus conocimientos han ordenado las estrellas, descubierto movimientos de los cometas, anunciado eclipses del Sol y Luna. También imaginaron fuerzas divinas y monstruosas como gigantescos dragones. 

Nada más, como una mirada muy superficial de lo que es la mitología de las culturas antiguas, citaré unos cuantos ejemplos sobre como consideraban la Tierra y el cielo: Para tribus de la India la Tierra era una enorme bandeja de té que reposaba sobre tres inmensos elefantes; para los antiguos egipcios el cielo era una versión etérea del Nilo, por el cual el dios Ra (el Sol) navegaba de Este a Oeste cada día. En Grecia es la diosa Gea la madre de la creación y ella fundó una dinastía de dioses que tenían su residencia en el Olimpo, en África los Bambara dicen que recibieron de una civilización extraterrestre proveniente de Sirio sus conocimientos de Astronomía; en América los mayas utilizaron la astronomía para estudiar la influencia de los astros sobre la tierra, los incas se consideraron descendientes del Sol, los aztecas adoraban al dios Huitzilopochtli joven guerrero, símbolo del Sol que cada mañana se enfrentaba con sus hermanas las estrellas. 

Con programas como este, con el acompañamiento de los padres, se busca conectar a los infantes con el mundo que habitan, pues, en la era digital, esta era, los niños viven más en el mundo virtual y por tal motivo no entienden su contexto y las tradiciones de sus padres que se formaron con la interacción con otros humanos y no con pantallas. Por lo que este espacio permite reconectar a los niños al mundo emocional y la magia interior que cada infante lleva: su monada o chispa divina. Así que amable lector, sí sientes que este ejercicio puede sensibilizar a otras personas, puedes compartirlo. Espero sea de su agrado y si se anima, puede dejar un comentario.





El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices. 

Oscar Wilde 
A partir de ahora, en la medida de las posibilidades, las entradas en este blog se intercalarán con algunas conversaciones con niños. Estas conversaciones serán de temas diversos, según los intereses de los infantes. En este primer encuentro hablamos de los atrapasueños. Objetos cuyo origen se remonta a las tribus indias americanas. Su aro era fabricado con la madera del sauce y representa la rueda de la vida. La red, que es como una tela de araña, son los sueños y anhelos que se van tejiendo noche a noche. En el centro de la red hay un agujero que se nombra como el vacío o el espíritu creador. 

En la conversación con los niños se omitió la explicación del párrafo anterior y por eso mismo es maravilloso como los niños exponen sus puntos de vista, de manera muy personal y con mucho sentido, como si ya conocieran las explicaciones con solo imaginarlas. 

Por otro lado, el contexto de estas conversaciones se da en un encuentro semanal. Los visito durante una hora. Iniciamos con algunas posturas de yoga y una posible meditación de no más de 5 minutos. Luego leemos un cuento infantil y realizamos algunos ejercicios de escritura o pintura. Para esto es vital el acompañamiento de los padres porque saben cuáles son los rasgos predominantes de sus hijos, sus sueños, sus temores… y de esta manera aportan para le elección de la bibliografía y las meditaciones. 

La idea es conectar a los infantes con el mundo que habitan, pues, en la era digital, esta era, los niños viven más en el mundo virtual y por tal motivo no entienden su contexto y las tradiciones de sus padres que se formaron con la interacción con otros humanos y no con pantallas. Por lo que este espacio permite reconectar a los niños al mundo emocional y la magia interior que cada infante lleva: su monada o chispa divina. Así que amable lector, espero sea de su agrado estos audios y también, si se anima, puede dejar un comentario.




Contigo, a veces te engaño.


Pitor, Llille y yo mirábamos desde la banca como nuestro equipo: “Dinastía Verde”, jugaba la final contra los “Leopardos”, equipo de la vereda vecina. Teníamos sentimientos encontrados. Es decir, pertenecíamos a “Dinastía Verde” y en silencio deseábamos que ganaran los “Leopardos” porque no éramos protagonistas. Pues, había dos razones por las que anhelábamos ser titulares. Una, pertenecíamos al equipo legendario donde jugaron nuestros padres y eso daba prestigio. Dos, si queríamos acercarnos a las niñas que nos gustaba, jugar era la gran posibilidad. 

Esa tarde, desde las bancas, a medio sonreír, aceptamos el triunfo. Los familiares de los titulares nos acariciaban la cabeza como si fuéramos las mascotas del equipo. Y ni siquiera nuestros padres habían asistido porque sabían que no jugaríamos. 

La fama de futbolistas poco talentosos nos precedía. Y lo más angustiante, Lina, Catalina y Elizabeth estaban con Don Evar, Kiko y Herrera, los tres jugadores más talentosos de “Dinastía Verde”. Por tal motivo, esa tarde decidimos irnos antes de que terminara la celebración. Nos dolía ser suplentes, aunque éramos los más puntuales con las cuotas que le dábamos al entrenador para que consiguiera los utensilios necesarios para participar en los campeonatos. 

Al día siguiente, después de salir del colegio, íbamos Pitor, Llille y yo para mi casa. Cuando pasábamos por la casa de Herrera vimos a Lina, Catalina y Elizabeth. Llille se acercó al anfitrión que estaba con Don Evar y Kiko. Los saludó y en un acto de locura, tal vez por impresionar a las niñas, les dijo a los jugadores titulares de “Dinastía Verde” que perderían con los suplentes. El ambiente cambió notoriamente. Las niñas se sentaron a observar. Pitor y yo aceptamos y en un mutismo casi aterrador vimos como Llille y Herrera improvisaban con piedras un par de porterías. En cuestión de minutos organizaron una cancha en medio de una carretera destapada e iniciamos el partido. 

Aparece Herrera con sus botas pantaneras y como un caballo desbocado se dirige a la portería. Pitor se le tira en plancha cortando su avance y Herrera cae en la mitad de la carretera levantando una densa capa de polvo. 

Pitor, Llille y yo nos paramos en la barrera. Kiko acomoda el balón después de haber contado tres pasos largos. Toma impulso y chuta pero el esférico hace un giro extraño y rebota en uno de los montones de piedra con los que construimos el arco. 

Pitor encara a Don Evar y lo gambetea. En su rostro se dibuja una sonrisa porque se siente superior. Herrera lo embiste y lo levanta en el aire provocándole una caída en la que da varias volteretas. 

El partido va dos a cero, perdiendo nosotros. En la barrera están Herrera, Don Evar y Kiko. Miro entre ellos un hueco. Chuto. Me quito la camiseta para celebrar el gol y abrazo a mi equipo. Pasamos cerca de Lina, Catalina y Elizabeth, las niñas nos miran y sonríen. Sabemos que esa es nuestra gran oportunidad. 

Llille está solo frente a la portería pero lo distrae el grito de Herrera: “¡Se lo comió huevetas… ja..!” Patea y el balón cae en las cebollas de don Mario. Herrera arruga el ceño preocupado por el genio de su padre. Don Mario con la pelota en sus manos amenaza con decomisarla. Pero al final la devuelve y se sienta cerca para vigilar que no suceda de nuevo. 

Kiko se la pasa a Don Evar que hace un pase al vacío habilitando a Herrera que de media voltereta chuta y anota. Tomo la pelota, se la paso a Pitor que hace un giro de 180 grados para proteger el esférico y me la devuelve. Herrera viene como un loco gritando “¡Ahhh… ahhh… perdió la pelota huevetas!” De un brinco me quito de su camino y cuando está frente a la portería apoya las rodillas y las manos en el suelo y con la cabeza, como un canino, empuja la pelota. Cuatro a uno. 

El marcador nos desanima y decidimos sentarnos. Pitor con lágrimas en los ojos dice que no vuelve a jugar porque somos muy marranos. Llille suspira y asegura que mi individualismo es la causa de la goleada. Como puedo, con la voz quebrada, les digo que perdimos todos. Herrera, Kiko y Don Evar nos dicen que nos dan la revancha con dos goles de ventaja. 

Pensamos en las niñas que nos ven. Lina recién llega a la vereda y Llille quiere invitarla a un helado, Catalina es el amor platónico de Pitor y Elizabeth quiere ir conmigo a un baile. Por ellas aceptamos el desafío. 

Llevo el esférico en los pies y se la paso a Llille que intenta hacer una gambeta para que Lina lo vea y… Herrera adelanta el balón y corre como un toro. En la portería Herrera grita y cierro los ojos. La pelota pasa por un lado. 

Marcador final de la revancha cinco a dos, perdiendo. Llille se va sin despedirse. Pitor patea una piedra y se marcha con los ojos aguados. Herrera, Kiko y Don Evar se abrazan y celebran su triunfo frente a las niñas. Doy media vuelta y siento que me arden los codos. Imagino a mi madre con el rostro tenso por haber estropeado los zapatos del uniforme. Pero, más que el regaño me preocupa el honor que como el polvo se esparce en el viento. 


El docente estaba frente a su grupo. Los jovencitos querían saber que opinaba su profe sobre la victoria del presidente electo. El profesor intentaba dar un discurso imparcial sobre el resultado de las elecciones sin entrar en detalles. Quería pasar lo más rápido posible sobre la coyuntura nacional sin generar incomodidades. No le importaba hacer proselitismo y menos contemplar los riesgos de la continuación de un gobierno de hace 16 años. Además, nunca tomó partido de ningún ideal político porque creía que todas las manifestaciones humanas han aportado obras de arte, excepto la política. Esto por la nefasta administración de las mismas familias afiliadas al poder. Por tal motivo, hiciera lo que hiciera las cosas seguirían igual o peor. Cuando creyó que con palabras sin convicción y más desde una mirada derrotista podría pasar al contenido de Sociales, donde podría despachar toda su inconformidad sobre personajes como Hitler o Mussoline y así llevar a sus alumnos a otras realidades. En ese instante, un joven de unos 14 años alzó la mano y solicitó la palabra. El docente imaginó que su alumno hablaría sobre el contenido de la clase. Sin embargo el muchacho  hizo la siguiente pregunta: profe ¿por qué los más estúpidos dirigen a los más inteligentes?  El docente tragó saliva. Sonrió. Evitó la respuesta y continuo con la clase.


Fernando durante años anheló un maestro por temor a sentirse solo y no poder tomar decisiones. Pasó por varias religiones y movimientos intelectuales. Luego se involucró en experiencias más extrañas y sin clasificación  como fue el ayuno de siete días que lo trastornó hasta el punto de creer que estaba muerto durante algunos días. Después, decepcionado de sentir que ningún maestro le ayudó a estar mejor, o al menos más acompañado, desistió de todo aprendizaje. Entonces empezó a errar. Varias veces la familia fue a buscarlo a pueblos cercanos. Sin embargo, él seguía su peregrinar y cada vez que volvía a casa estaba más decepcionado y silencioso. 

Amanda, la hermana menor tenía una finca a las afueras de la ciudad. Allí vivía un anciano que cultivaba yuca y plátano. Ella le propuso a Fernando visitar ese lugar. Fernando aceptó. 

En la casa, Fernanado no determinó al anciano. Apenas lo saludó y luego se sentaba en el corredor, inútil, a ver pasar los días. El anciano, después de un tiempo decidió actuar. Fue a un tanque y sacó agua en un balde. Luego, le arrojó el agua. Fernando se lanzó como un toro dispuesto a envestir al anciano. De manera asombrosa el viejo le dio con el balde a Fernando en la cabeza y al furibundo no le quedó más remedio que observar al anciano que se sentó al frente y con una sonrisa le dijo: 

-Es triste como la gente estudia tanto para aprender nada. Se creen muy listos al acumular cosas que no necesitan, entre ellas los guías. Si existe alguno que se respete es el que te enseñe a estar solo y a no cuidar las apariencias. Pues, las cosas no son como parecen. 

Fernando sonrió y por primera vez, en muchos años, sintió sosiego en su corazón. Fue al tanque de agua y llenó otro balde. Pero al arrojar el agua, aunque impactó al anciano, pareció no mojarlo.    

En la escuela te dicen que es necesario leer. Sin embargo, la mayoría de docentes no te enamoran de la lectura porque apelan al aburrimiento de leer algunos clásicos. Cuando se podría aprender más de la vida con el relato de algunas anécdotas de un campesino o de un conductor de buses. Lo irónico es que se prefiere un paisaje extranjero que ni se puede imaginar por la forma en que está escrito. Claro, como el campesino o el conductor no citan frases cifradas con un tono de voz especial no interesan. Y no nos van a interesar porque lo importante es casi invisible. Por ello, hay mucha riqueza en el relato oral de las personas que nos rodean y que putean, bailan, sufren, lloran, ríen, cantan, gritan... cada día y son más instructivos que  muchos escritores que más que escribir lo que hacen es hacerse publicidad, mercaderes de baratijas que quieren vender como objetos valiosos. 
Para los que en este mes celebran el día del idioma ojalá lean otras cosas. Ejemplo, la salida del sol, una flor especial, la sonrisa de una mujer, los gestos que genera el orgasmo, la satisfacción de comer bien...  Es decir, tener la capacidad de leer los signos que den placer, porque se habla del placer de la lectura y pocos leen por placer. Por tanto,  es contradictorio que se hable del placer de la lectura cuando cuesta tanto leer. Pues los placeres se buscan por voluntad. Por eso, el mayor placer es no leer. En tal medida, si es por el placer  de leer, lo que se celebra es la mentira de leer más que la lectura misma. 
Tal vez el encuentro con la palabra, para uno de los países con más bajo indice de lectura, necesite menos del libro. Tal vez cuando se lea un libro como si se fuera a una fiesta o a buscar una aventura, se podría omitir la celebración del día del idioma porque no sería suficiente. Pero como leer es un hecho extraño para muchos, la mejor celebración es no leer los otros 364 días del año.



Los mayas, civilización que existió, según se cree, desde los años 400 a. C., decían que a partir del 2012 se inicia un cambio de conciencia planetaria. Esta teoría habla de un tiempo coyuntural. 
Después de investigar todas sus profecías creo que son verídicas. Me baso en un hecho puntual que sucedió en Medellín, por La Playa, rumbo a la estación de El metro Parque Berrío, a finales de dicho año. Las autoridades metropolitanas encontraron el cadáver de un amigo íntimo, Felipe Caballero, joven de veintiocho años y estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana. 
Se rumora que el último viernes de noviembre del 2012 él se dirigió a la universidad. Allá, se reunió con sus amigos. Así lo afirma Ricardo Sánchez, compañero de la Facultad: “Él estuvo conmigo y nos tomamos un café. Recuerdo que hablamos de la plaga de poetas que han brotado en la ciudad y sueñan más con leer en el Festival Internacional de Poesía de Medellín que escribir poesía. Luego se despidió”. 
“Era un chico extraño, pero no le hacía daño a nadie. Desde pequeño se sentaba en el patio de la casa y decía que uno podía viajar fuera del cuerpo. Yo le decía que dejara de decir bobadas”, aseveró la madre. 
El informe de Medicina Legal muestra que la muerte fue natural. Su cuerpo no tiene signos de violencia como tampoco se ha encontrado alguna sustancia venenosa en su organismo. 
En la supuesta reconstrucción de los hechos tomada del archivo que estudia la Fiscalía se cree que él salió de la universidad y tomó un bus hasta el centro. Allí se dirigió a un burdel cerca del Museo de Antioquia. Pero al parecer el establecimiento era solo una fachada porque las autoridades encontraron un pasadizo que llevaba a un salón circular con cuarzos de diversos tamaños. En el centro del salón encontraron el cadáver con una carta: 
“Me llamo Felipe Caballero y durante años he intentado buscar en mí el lugar donde fui feliz. Es un lugar que he visto desde niño y que percibo cuando escribo. Pues entro en trance y descubro, al releer, referencias de un pueblo, en el que parece, vibra más mi espíritu. Después de muchos desdoblamientos estoy preparado para realizar el viaje. He encontrado que a finales de este año, como dicen Los mayas, se abren portales de la conciencia para otorgarnos poderes inimaginables. El Sol, por ejemplo, invertirá los polos y sucederá una tormenta solar que desactivará los satélites y los celulares, desordenará los sueños y generará una cadena de muertes repentinas. Esta energía enloquecerá a millones de humanos porque acabará con todos los sistemas que hemos creado a base de miedo y autoridad. Por eso, los primeros en caer serán los más adinerados. Sé esto gracias a mi trabajo espiritual en el que descubrí que todo mineral, vegetal y partícula esparcida por el universo es parte de mi conciencia infinita. Por eso, decido partir a un lugar atemporal donde pertenecía a una orden sagrada que velaba por el equilibrio de la humanidad”. 
Durante meses nadie parecía interesarse. Así que por honor a nuestra amistad seguí investigando. No había más pistas así que opté, pese a mi resistencia, ir a grupos de meditación. Al final desistí porque todos me parecían tan Nueva Era, tan superficiales. Hasta que un amigo me dijo que había un encuentro con un guatemalteco descendiente de Los mayas, quizá podría encontrar algo. 
Llegué a una casita ubicada cerca de la Universidad Pontificia Bolivariana. Me senté en la sala con otras tres personas. Al cabo de unos quince minutos entró un anciano de rasgos indígenas con una camisa blanca, pantalón en dril azul, chanclas de cuero y una pluma de águila a unos pocos centímetros arriba de la oreja. Nos saludó y preguntó por qué habíamos ido. Las otras personas afirmaron que deseaban conectarse con la luz del universo y yo dije que estaba buscando respuestas a la desaparición de un amigo. El anciano les tocó el pecho a las otras personas y les sugirió que se concentraran en el palpitar de sus corazones. A mí, en cambio, me pidió que le contara la historia. Le di una copia de la carta. El viejo estuvo unos minutos acariciándose la barbilla con la mano. Luego cerró los ojos y los párpados brincaban. Al final los abrió y después de una leve sonrisa dijo: 

-La carta habla de una orden que debe ser tan antigua como el mismo mundo. Es una unidad secreta del espíritu carente de miembros externos y visibles. Solo acceden a ella las personas que adquieren cierto grado de desarrollo que pueden renunciar a sus propias personalidades. Cuando la persona logra madurar esta decisión uno de los miembros de la orden entra en contacto espiritual. Dicho de otro modo, su amigo consiguió conectarse con las vibraciones del círculo de energía de esta hermandad espiritual y está al servicio de Dios. En cambio usted debería preocuparse más por usted. En vez de buscar a su amigo debería buscar el lugar en que usted pueda servirle al universo. Mejor buscar dentro y no afuera. 

Intenté debatirlo pero no pude. El anciano sonrió y se fue. En ese momento terminé mi pesquisa. Me despedí y camino a casa recordé el último poema que me regaló Felipe, parece que cobraba sentido: 

Lo supremo 

El paisaje es infinito para el que percibe 
lo que no tiene sonido ni peso 
lo que existe sin principio ni final 
lo eterno e inmutable 
lo que está libre del mordisco de la muerte. 


Hace días la palabra “mujer” se hospedó en mi pe­cho. En la mañana subió hasta los ojos y apoyó sus manitas finamente delineadas en mis párpados. Le gustaba que el viento la despeinara y el sol le ca­lentara todas las letras. En la noche bajó hasta los riñones y encendió una vela para espantar las pe­sadillas. Últimamente la palabra “mujer” tiene comportamientos extraños. Es tan ella que ninguna otra palabra se le parece. Tal vez la palabra que más se le aproxima es “luna” o “flor”. El misterio de es­tas palabras es mejor observarlo que comprenderlo. Volviendo a su comportamiento, hace una semana pegó un montón de papelitos en mi corazón. Al ter­minar observó, desde la distancia, el rostro de un hombre. Luego, los recogió y cuidó de que no se le perdieran. Subió hasta el oído derecho y los echó a volar. Después, la palabra “mujer” se durmió a oscuras. Su quietud era de anfibio. Posteriormente se dirigió hasta mi boca. Estiró la letra “m” y parecía el zigzag de un río entre la montaña. Observó el horizonte como esperando algo o a alguien. El in­flujo de una palabra que se encarna es misterioso y profundo. Además, cuando una mujer emerge de la palabra puede vencer todas las distancias y todos los silencios. También, anunciar un cambio de las cir­cunstancias o una partida definitiva.

El anterior texto es un capítulo del libro la novela La mujer Agapanto-Diario de un jardinero, del escritor colombiano Juan Camilo Betancur E, ya está disponible para su descarga GRATIS por unas cuantas horas. Para descargarlo puedes hacer clic aquí. 





Desde que se vieron querían saber más de lo que a simple vista podían intuir del otro. Ella imaginaba que ese muchacho tan delgado, tan femenino y tan de su gusto le dijera cualquier cosa. Por otro lado, él tan orgulloso de sí mismo, al menos era lo que intentaba reflejar porque con las mujeres era más que inexperto, por lo que se desesperó al ser incapaz de generar algún tipo de pretexto para acercarse. Sin embargo, gracias a la diligencia de unos amigos lograron reunirse. Después de varias palabras triviales, él sugirió caminar. Ella aceptó. Así que salieron sin decirse gran cosa. Él aceleraba el paso un poco y luego volvía a nivelarse al de ella. Ella se acomodaba el cabello sin dejar de mirarlo. Caminaron sin rumbo y ella se sorprendió a notar que estaban cerca de su casa. Creyó que era una señal por lo que no dudó en invitarlo a un café. Además, sus padres regresaban tarde. 

En la sala él imaginaba que la besaba, le bajaba el vestido con los dientes y le hacía el amor con tal frenesí que jamás lo olvidaría. Asimismo, ella anhelaba que él se le acercara, la abrazara y la tocara de tal forma que su cuerpo fuera una explosión de sensaciones. Ambos anhelaban lo mismo y no sabían cómo expresarlo. 

Cuando el silencio era un recipiente lleno de deseo, él acercó su rodilla a la de ella y ella emitió una sonrisa de niña que lo sonrojó. Acto seguido, ella puso su mano sobre la rodilla de él. Sin previo aviso él se lanzó, como si fuera un combate de lucha libre, a darle un beso y los dientes se chocaron entre sí produciendo tal estremecimiento que ambos se distanciaron. Ella se quedó mirándolo algo asustada. Pese a ese desafortunado inicio quería insistir, ese chico le gustaba mucho, por lo que le solicitó que se dejara guiar. Acto seguido lo besó lento. A medida que sentía la humedad de los labios empezó a emocionarse a tal punto que se quitó el vestido y sin previo aviso, le susurró al oído: “quiero que me la metas tan adentro que te recuerde siempre. ¡Dime qué quieres tú!”. Él se paralizó. Nunca se imaginó que ella emitiera tales palabrotas. Al ver la insistencia con esfuerzo balbuceó: “Te… lo voy hacer como… un animal”. Ella se apretó con fuerza y él tomó la iniciativa de envestirla, pero en el cambio de posición las manos se enredaron y las espinillas con las espinillas y las rodillas con los tobillos los condujeron a separarse de nuevo. Él se llevó las manos a la cabeza, aunque ardía de deseo. Ella se acostó en un mueble y lo invitó a acompañarla. Él, de un brinco, ya le estaba acariciando los senos, que más que tocar amasaba hasta que ella le dijo que más suave. Luego la abrazó en un estremecimiento y ella empezó a decirle: “Eres sucio y me harás sucia y haremos lo prohibido ¡Ah perro salvaje hazme tu perra! Ahhh..! Él se paralizó de nuevo al verla poseída frotándose sobre él de tal forma que no se atrevió a desconcentrarla. Luego, ella le quitó el pantalón y vio que el miembro del chico estaba flácido. Él dijo que eso nunca le había pasado e intentó tocarla de nuevo. Ya ella fue la que se quedó quieta, decepcionada. Él de golpe se vistió y dijo que tenía que irse. Ella asintió con un gesto de desgano y vio como ese muchacho se marchaba cabizbajo y no tan hermoso.