Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Si te enamoras de un escritor

>> domingo, 1 de noviembre de 2015




Antes de enamorarte de un escritor trata de identificar donde lo sientes para que no sea solo una experiencia tormentosa. Pues los escritores son expertos en las relaciones problemáticas. Por ello, antes de embarcarte en uno de estos encuentros trata de identificar donde sientes al escritor y luego decides qué hacer. 

Hay tres formas de reconocerlo. La idea es sentir. Detenerse y mirar si lo sentiste más en el plexo solar, en el corazón o en la cabeza. Después de saber esto es más fácil predecir lo que puede ofrecerte este ser extraño, solitario y sobre todo insoportable. 

Para tratar de dar una idea de lo que representa sentir a un escritor en alguna de estas tres partes (cabeza, corazón y plexo solar) hablemos un poco del tipo de escritores que ubicamos allí. No diré nombres para no herir susceptibilidades, pero si trataré de mostrar algunos de sus comportamientos. 

El escritor que se siente en la cabeza es el que trabaja con las ideas. Es el que todo el tiempo tiene una gran idea, un proyecto que revolucionará el mundo. Habla de ello con entusiasmo. Por lo general, respecto al amor, es el que lo ha teorizado a tal punto que cuando siente se contradice más de lo habitual. Por ello, busca mujeres jóvenes con las que pueda exhibir sus ideas como plumas de pavo real o mujeres mayores, de buena posición, de las que pueda obtener algún beneficio sin grandes compromisos. Pues la idea es escurridiza, volátil y muy atractiva. 

Este escritor lleva todo su potencial discursivo para sembrar un deseo en la idea del otro. Aprovecha que maneja la palabra, sabe qué efectos tiene en el otro y hace crecer una segunda intención hasta que obtiene lo que desea. Cuenta historias donde un personaje actúa como él quiere que procesa el receptor del mensaje. Crea en la psiquis del otro un modo de operar en su beneficio personal. Cuando está satisfecho vuelve a las reuniones sociales donde es un pez en el agua. 

Por lo general este tipo de escritor que va a cócteles, a reuniones sociales; es excelente conversador y se fabrica relaciones como puentes para mostrar su obra, que por lo regular está estancada. Es común que dirija talleres de escritura donde todo se hace a su imagen y semejanza. Es el protagonista de todas las historias y por ello su obra está guardada en un cajón o inconclusa porque no puede resolver la trama. Por ello, se vuelve más un mercader del reflejo que lo impulsó a escribir en un inicio que el escritor que vende de él mismo. En ese juego de la imagen atrae desde la idea, desde lo que puede subvertir en el otro; a veces corromper, con la satisfacción de que aún puede instaurar ideas en el otro. En definitiva, es el peor de los escritores, al menos el que menos escribe. 

El escritor que se siente en el plexo solar por lo regular es el escritor joven, el que está empezando a crear, el que busca temas para escribir en todo lo que vive. A veces, su sistema emocional es un desastre y es dependiente de sus amoríos, casi siempre tormentosos. Vive la herida como materia prima de creación. Hace un nudo de sus relaciones y crea divas de toda mujer que lo abandona. Como si esa sensación de frustración le diera la vitalidad para crear desde el abismo. Muchas veces logra crear páginas hermosas que incomodan al lector, que les refleja sus emociones más oscuras, las más ocultas. Él, por ser un cohete sin dirección vive el instante sin miedo a verse desnudo, indefenso, expuesto, corroído por su propio veneno. Muchas veces encuentra una mujer que lo cuida como un hijo porque le mueve el vientre, su maternidad, su instinto de conservación. Utiliza la victimización para que lo cuiden y le den afecto. Pocas veces se ha visto que uno de estos escritores logre canalizar esta desgarradura en algún proyecto creativo de gran impacto. Tal vez los malditos, algunos dadaístas y uno que otro poeta a lo largo de la historia. Por lo general es un fuego que se apaga con el mismo vigor que encendió. Se le ve en las cloacas, los antros, las plazas; solo, obsesionado con una mujer a la que le escribe como enfermo terminal. 

Por último está el escritor que se siente en el corazón. Éste ya es un hombre adulto y mesurado. Ha entendido muchas cosas de sí mismo y procura hablar poco. Sabe que lo importante es su obra a pesar de él. Va a los eventos que considera importantes. Habla poco de sí porque ya no quiere llamar la atención. Mira profundo como si estuviera extrayendo información para un posible personaje. Es atento si está interesado, si no, no es posible abordarlo porque es un experto en evadir lo que no desea. Pues, ha entendido que primero está él y sus deseos. No es bueno del todo, pero tampoco malo. Sabe que pocas veces un escritor es mejor que su obra y casi siempre es decepcionante conocer al hombre que está al otro lado de las páginas. 

Este tipo de escritor es el silencioso. Sabe que en su escondite es un animal solitario, un rumiador de sonidos, un creador de silencios. Nadie puede interrumpirlo porque ya no será tan encantador. Por eso se aísla, porque él es su propio mundo. Casi siempre es centro porque no teme estar solo. Es odiado por los escritores de la cabeza y admirado por los escritores del plexo solar. 

El escritor del corazón es difícil de encontrar. Pero si te topas con uno de ellos lo sabrás porque te hace creer que los elegiste. Que eres más eficiente que él. Sentirás, más que el registro de los sentidos una sensación fuerte que te crece en el pecho con los días. No sabrás si es amor o amistad, pero sí que es fuerte y de emociones encontradas. Te hará sentir la espontaneidad del instante porque él es más que palabra, es vibración pura. Además, no te escribirá todo el tiempo. Lo hará con la medida adecuada, en el tiempo justo, porque su palabra es su herramienta de trabajo. Se asegura, que el objeto o sujeto sentido se instaure dentro de él, donde les fluye la palabra. Si no sucede no obtendrás de él más que relatos orales y buenas conversaciones. 

Cuando está interesado sabe cómo hacer creer el deseo desde el erotismo. Conversar con él es como leer un buen libro. Descubrirás que cuando te roce con la mano ya te había tocado cada poro con la palabra. 

Si te enamoras de este tipo de escritor y soportas su soledad (que clasifica por color y tamaño), si no te intimida que todo el tiempo te esté observando, si admites que se olvide de ti por temporadas y por otras seas el ser más importante sobre la tierra… habrás encontrado un pedazo de eternidad en su historia. Tu nombre dormirá en una página y despertará con el canto de un poema. Habrás encontrado un rincón en el mundo donde te quedaras por mucho tiempo, así después, te abandone.

1 comentarios:

Martha Liliana viernes, noviembre 27, 2015  

Tuve la fortuna de encontrar este último tipo de escritor del que hablas, es verdad, es un "ser extraño, solitario y sobre todo insoportable" (algunas veces)... fuimos dos soledades que se encontraron, en él descubrí un gran mundo interior y en ese lugar me quedé por mucho tiempo, hasta que se fue. Cuando me cansé de esperar y me marché, su recuerdo empezó a aparecerse sin previo aviso, dando rodeos, por las esquinas y comenzó a "perseguirme en mi propia alma". Todavía lo siento vibrar en mi ser... sólo la música alivia el dolor. Saludos.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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