Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El oficial apostólico romano de la república de Colombia

>> domingo, 7 de junio de 2009


- Su identificación.
- Florentino Cólera, señor oficial.
- Señor, necesito una declaración detallada de los hechos sino quiere que lo lleve al calabozo por marica.
- Ehhh..! ¿Es que por eso dan cárcel? Entonces por qué no piden en extradición a Fernando Vallejo.
- ¿A quién?
- Bueno, disculpe, pensé que conocías al primo de García Márquez.
- ¿Márquez? ¿Me está tomando el pelo? Vea… no sabe usted que está cometiendo el delito de desacato al no contestar a una pregunta de un oficial del ejército nacional apostólico romano de la república de Colombia.
- Disculpe oficial, no es mi intención. Bueno, le contestaré y sabrá que no soy marica y esto es un error.

Como verá señor oficial, yo soy un tipo con educación superior, soy apuesto aunque para algunos parezca una trapera que sonríe. En fin, la belleza es relativa y es cuestión de enfoque. Además me gustan las mujeres y espero una demanda por meterme con una menor de edad. Claro, esa demanda es preferible a ser marica. ¡Cierto!. No ponga esa cara. Sin más rodeos. No se impaciente. Le voy a demostrar que no me puede encarcelar por estar en un bar gey. El escándalo público no es mi culpa, como verá.

Vea, todo empezó hoy en la tarde cuando le dije a un amigo que no se atrevía a ir a un bar gey. El amigo me dijo que él ya había ido. Arrugué el ceño porque era yo el que no me había atrevido.

Salimos, entramos al bar que está cerca de la estación de Metro Prado, en toda la curva de la oriental, donde detuviste a ese gorila y a mí.

Entramos al bar. Los tipos bailaban. Eso no lo había visto en vivo y en directo. En la pista de baile se querían comer a besos. Se tocaban, se excitaban. Admito que no estaba ni estoy preparado para eso. Tanto, señor oficial, que le dije a mi amigo que me iba. Él se sonrío y me dijo que hiciera lo que quisiera, era problema mío. Lo miré. Él sonrío y sacó un tipo a bailar. Me quedé solo en la barra viendo a una pareja queriendo arrancarse los jeans con los dientes.

Un tipo empezó a mirarme. Más que un tipo era un gorila. El barman me dio una cerveza y me dijo que me la había enviado le gorila. Le sonreí. Dejé la cerveza en la barra y caminé hasta el baño. Me despeiné. Hice algunas caras de mongólico que no debo forzar mucho. Quería parecer lo más feo posible para no llamar la atención. Volví a la barra. Tomé un trago de cerveza. Incluso para que nadie se me acercara me saqué un moco delante de todos, lo moldeé entre los dedos pulgar el índice y lo pegué al envase.

El gorila que medía como dos metros, era barbado, corpulento, se acercó. No le importó lo del moco. Alcé el moco con la mano. No sirvió de nada. Con su mano que era dos ó tres veces la mía tomó mi brazo y me dijo que si bailábamos.

Oficial, en serio, eso me dijo. No sabe usted el frío que me dio. No sabía que contestarle. Si le decía no, de pronto me aplastaba la cabeza con un puño. Y si le decía si, era indigno a mi hombría. El caso es que le dije al gorila que estaba con mi novio y señalé a mi amigo. El gorila me miró fijo y apretó mi mano con fuerza. Me solté y asustado me metí a la pista, separé a mi amigo de su pareja, le dije que tenía que ayudarme, tenía que bailar conmigo, porque un gorila me quería…

Bailamos un merengue, uno de Ricarena. Recuerdo alguna frase “sacúdelo que tiene arena…” nada más ordinario que esa frase.

El gorila se paró en frente de la pista y le preguntó a mi amigo si era mi novio. Éste contestó que no. El gorila se enfureció. Despicó un envase de cerveza. Algunos tipos empezaron a gritar como locas. Admito que también grité, pero no como loca sino como gallina. Vea, si, tal como le dijo, estiré las manos como un ave, incliné la cabeza y le dije al gorila que yo era cinturón negro. Él se río. Y cuando se reía ¡trácate!, le di un patadón en las pelotas. Luego salí del bar y el gorila detrás con una silla levantada. En ese instante pasaba usted en su patrulla y me sorprendió huyendo. Y doy gracias a Dios que aparecieron, porque sino ese animal me hubiera partido en dos. Esa es la verdad.

- Mejor váyanse los dos. Cada uno a su casa. Y usted, me dijo el oficial, si no puede resolver sus problemas como hombre, es mejor que no salga de su casa.
- Bueno oficial, seguiré su consejo. Es bueno seguir las sugerencias de un oficial del ejército apostólico romano de la república de Colombia. Sin ustedes Colombia ya habría tenido otro novel.
- ¿Qué quiso decir?, eso no me gustó, sea lo que sea, pero no me gustó.
- Nada oficial, solo hablaba de la efectividad y la inteligencia de la fuerza pública.
- Ahhh… bueno, pero lárguese ya y que no lo vuelva a ver porque pasará la noche en un calabozo por desacato y burla a la autoridad.
- Qué la virgen lo acompañe oficial.

5 comentarios:

Anónimo,  lunes, junio 08, 2009  

Si. Me consta. Yo estuve presente en el 50% de la historia.

Anónimo,  lunes, junio 08, 2009  

el otro 50 porciento es la capacidad literaria de camilo no?, jajajajaja como siempre un placer leerte.

Anónimo,  martes, junio 09, 2009  

jajajajajajajajajaja

Anónimo,  jueves, junio 11, 2009  

¡prado centro? ¿volviste ya?

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