Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El olor de la luz

>> viernes, 27 de noviembre de 2015



La luz invade el espacio. Poco a poco la montaña se muestra. Los pájaros cantan en sus ni­dos. El sol es una canción dorada en el paisaje. Las mujeres con un gesto dorado besan a sus hijos. Los hombres con una sonrisa dorada beben chocolate y se disponen a arar la tierra. A los ramajes de los árboles, como espadas, los atraviesa varios rayos de luz. Uno que otro anciano ve fibras de luz en sus sueños e intenta agarrarlas con los dedos. Los perros ladran al ver a sus amos con una mochila en la espalda. Algunas gallinas revoletean por la casa en busca de maíz. El día despierta con todas sus cotidianidades. Todo vuelve a la normalidad. La brisa trae fragancias. El olor de las flo­res se expande por todo el jardín, por toda la casa, por toda la vereda.

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