Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Perder la vergüenza

>> viernes, 29 de agosto de 2008

Hace unos días editaba un cuento. Lo leí. Luego fui a la cocina y me serví jugo de tomate. Me senté y le dije al autor que no lo mandara al concurso de cuento de la revista de la Universidad de Antioquia.

A ese texto le faltaba el autor. Ficcionar el amor no sirve si lo ves como un idilio y no como una enfermedad que te saca los sentimientos más macabros y angelicales.

Hay temas trillados como el amor, la muerte y la noche entre otros. Y no se puede escribir de ellos sino se parte de la propia experiencia. Porque desde que se maldijo al hombre con el lenguaje está escribiendo sobre los mismos asuntos. Hay una tradición de siglos con los mismos problemas. Sin la propia vos, sin el propio desgarramiento, no se puede decir nada propio.

No soy cuentista, es algo que tengo claro. El cuento es un género complicado. La brevedad, el ingenio, la precisión y la inmortalidad se juegan con cada palabra. Pero escribir cuento no es imposible. Cortazar, Poe, Chejov... lo hacían, se puede decir, a ojos cerrados. Pero eran ellos con sus ocurrencias y la literatura ya tiene sus nombres.

Mientras hablaba me decía que tenía que tirarme al vacío, dejar el temor, escribir con toda la furia que me nazca, no arrepentirme.

Al fin y al cabo, son mis impulsos, materia prima de mis ocurrencias. Basta de afanes de revoluciones literarias. Últimamente los escritores son más plagas que las cucarachas. Hago parte de esa plaga. Abundan. La escritura como exorcismo y no como cúmulo de premios.

Y no solo en la literatura, también en la vida, porque literatura sin vida es polvo y olvido. Gonzalo Rojas en uno de sus poemas decía que hay que cometer todos los errores posibles, sin arrepentimientos. Es decir, vivir. T. S. Eliot afirmaba lo mismo cuando decía que todo es un eterno principio. Entre más errores cometidos, más argumentos y sabiduría al empezar de nuevo.

La vergüenza nos castra. Entendemos la vida como una línea recta. Nacer, reproducir y morir. Cada hecho que despierta al niño interno es reprimido porque se es adulto. ¿Crecer para qué? ¿Para qué la vida sea un tablero con fechas y compromisos?

Cuando gozamos, es casi inmediato el arrepentimiento. Como si fuera pecado olvidarse del mundo, en esa embriaguez de la consumación de los sentidos. Como si nos fuera prohibido la plenitud de la embriagues. Si estar ebrios es atreverse a la ocurrencia. Y no hay nada tan espontáneo, tan de uno como la ocurrencia. Relaciones que solo a uno se le ocurren. Incoherencias que a uno le son lógicas en temas tan pegajosos como el amor. Ejemplo, comparar el amor con un pollo de engorde.

Tiempo de amor tres meses, lo que, en promedio, dura la vida de un pollo. Como el pollo, el amor, al principio, es tierno, amarillo y esperanzador. Como el pollo el amor se pone feo. Al pollo se le caen las plumas y queda en cuero y el pico y las patas se le alargan. Es la adolescencia del pollo. En el amor la presencia, la continua presencia, hace que el otro se nos muestre como es, feo, sin maquillaje, en estado natural, con sus caprichos y manías y olores. Nos desagrada y ya ni lo determinamos. Pero cuando se siente la perdida, la madurez del deseo, el otro se robustece y vuelve el encanto. Pero es inevitable la indiferencia acumulada y todo se acaba. El pollo, a los tres meses se empluma, robustece, pero hay que matarlo. Igual se muere si se deja vivo por doméstico. Porque, como decía un poeta ingles, el campo es el único lugar donde el pollo camina crudo.

Perder la vergüenza es atreverse a la ocurrencia, la voz interna que se castra por el que dirán, por el hacer textos que gusten a otros y no a uno mismo.

No concibo ningún texto que no surja de la necesidad de escribir. La necesidad dicta las reglas de la escritura.

Escribir sin preservativos, sin lamentaciones, atreverse a decir lo que se te ocurra así te exilien, te apaleen. Un texto bueno se te sale de las manos y nace como una planta, como una erección, como un ser vivo.

12 comentarios:

Juan sebastian acosta viernes, agosto 29, 2008  

cami. No demoras en decir que la vida es un sancocho.

Juan sebastian acosta viernes, agosto 29, 2008  

camilo.tu articulo me parecio muy interesante con respecto a las reflexiones vivenciales.pero la cuestion del pollo...tenlo presente

VICTOR OBANDO

Cristian viernes, agosto 29, 2008  

Mi hermano, pues siempre he repetido algo, creo que la mas importante tarea del escritor, del artista creador, es exaltar las emociones de un publico, pero teniendo en cuenta, que primero se exaltaron las propias, en un antes de la creación.
Creo en el escritor que piensa en el primero, y luego en su lector.
y pues el amor siempre va estar como una de esos temas principales, pues es inevitable que alguien no piense en esa deliciosa emoción.
Eres bastante sincero camilo.

Cristian

http://elpozosinprincipioysinfondo.blogspot.com/

Anónimo,  viernes, agosto 29, 2008  

mi hermano metafora rota, escribir es como la vida misma, simplemente que goza de una gran diferencia, la vida la escribimos en el camino a casa, en el camino al trabajo, en el encuentro con los amigos y cuando nos encontramos con el amor, cuando escribir, o el oficio de escribir es una reconstruccion de lo vivido sobre el papel. Julio.

Anónimo,  viernes, agosto 29, 2008  

En resumidas cuentas, la misma cosa. Julio

Anónimo,  domingo, agosto 31, 2008  

montón de aguevados, ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja aj ajj ajsjja jaj ja ijiasjiofjiodjfj askljddsmklmnklasdas.

prprprpprrrrrr que cosa tan horrible

Anónimo,  domingo, agosto 31, 2008  

gueva gueva gueva gueva

do re mi fa sol la si

gueva gueva gueva

pollo gueve pollo gueve ls ja je je

el perdido lunes, septiembre 01, 2008  

hombre anónimo, un anónimo es siempre un miedo disfrasado, bacano que te aparezcas y crucemos unas palabras. Lo que pasa es que esas palabras de burla como la groserias no son más que pataletas de muchacho. No son más un orador mueco y con mal aliento.
Todas esas cosas, querido anónio, sin ofensas, me limpian los granos de la espalda. Por eso, este comentario es una invitación a que deje su nombre y dejes de ser aire.

el perdido lunes, septiembre 01, 2008  

Ah... anónimo, se me olvidaba. Su comentario parece de un verdulero de la mayorista. Le encargo tres kilos de papa, un libra de ajo, docientos de cebolla cabezona para el proximo comentario

Juan sebastian acosta martes, septiembre 02, 2008  

jajajajaja jajajaja pobre anonimo. Me le sumo al pedido tres kilos de arracacha y un pedacito de AGUEVADOVOS

Anónimo,  miércoles, septiembre 03, 2008  

oe, disfrazado es con Z, zeta. seta, zeta, e, te, a. disfrasado, con "ese", S, se ve muy feo.
perdido perdido estuy, je je, estuy, verdolero mayorista tres quilitos de sonrisa pa esta vida puta con las piernas abiertas, en una esquina de la noche.

besos. gueva gueve gueva. besos.

el perdido miércoles, septiembre 03, 2008  

hay hombre anónimo, es que un dosfraz sin dueño hay que escribirlo con s. Es que la horrorografia es doblhe de horroroza cuando se dirije a nhadie.

Le devuelbo el abraxo mi kerido anónimo

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