Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La espina de rosa

>> lunes, 12 de mayo de 2008

Camilo cursa cuarto de primaria. Es un niño silencioso y tímido, le asustan las preguntas. La timidez le enciende las mejillas.

En el salón, en clase de artística, Camilo saca un cepillo de dientes, un pincel, un cuarto de cartón paja, un lápiz y los vinilos. Debe pintar algo, lo que se le ocurra. Camilo dibuja una rosa con espinas.

Alza el pincel, lo unta de vinilo, el verde hace su trabajo, el rojo mezclado con blanco da el rosa casi rojo de los pétalos. Al ver el dibujo se sonroja y decide dárselo a Juliana, la niña que se sienta a tres sillas. Camilo mira a Juliana que también lo mira y baja la cabeza para evitar el contacto con la mirada. En ese momento desiste de su hazaña y se queda mirando el piso con la esperanza de que se abra y se lo trague de una vez por todas.

Juliana toma el pincel, el cartón paja, el cepillo de dientes, los vinilos y dibuja una matera. Ella quiere un recipiente para sembrar un gajo de ciruela y una fruta de naranja. Quiere un híbrido, un ciruelo que dé naranjas con pepas de ciruela.

La profesora revisa los dibujos. Al ver mamarracho de Camilo dice que es feo y amorfo. Camilo intenta explicar que es una rosa con espinas, la que quiere darle a Juliana. Pero se queda mirando a la profesora, una gallina con buenos modales, sin abrir la boca. La profesora se sonríe.

- ¡Muchachito! ¿qué es eso? Si es una rosa perdió todo el tiempo, esas espinas parecen dientes de tigre. Su dibujo es pésimo, no es fiel a la realidad. No sé en que estás pensando, pero no debe ser nada bueno. En fin, por no haber hecho el ejercicio como debía hacerlo debe repetirlo. Si, repetirlo en el tiempo del descanso.

Suena el timbre. Las sillas de un lado para otro, los niños en plena locura de loncheras. Los gritos y Camilo al lado de la ventana, con la mirada clavada en el patio, en los niños que han empezado a jugar chucha cogida y escondidijo, en Juliana que abre su lonchera y muerde un pan tajado. Una lágrima cae sobre el cartón paja. Otra lágrima. Se limpia los ojos y en silencio dibuja la rosa, esta vez sin espinas. La profesora lo felicita.

Camino a casa, con la flor sin espinas bajo el brazo, Camilo ve a Juliana. Con determinación, como si no fuera un niño tímido, como si la timidez no existiera en su vocabulario, como si la timidez fuera otra cosa, se dirige a ella y le entrega la flor. Juliana sonríe. Camilo se asusta, sonríe, vuelve a sonreír, se siente bobo, no sabe que más hacer y sin decir nada se aleja cabizbajo. Piensa que de nuevo hizo todo al revés, que estaba condenado a ser rechazado, que la vida era injusta, que el amor era injusto, que Juliana no lo quería, cuando había sucedido lo contrario. Camilo para Juliana fue un héroe, el niño que le dio una rosa que era a la vez una naranja con pepas de ciruela por dentro.

Camilo se recrimina el haber entregado la flor sin espinas. Hubiera hecho más no haberla entregado. Maldice a la profesora. Con las manitas en el bolsillo, de vez en vez patea una roca, va triste porque había obsequiado una rosa sin espinas. Intenta llorar pero no puede.

De pronto siente que alguien le toca la espalda. Se voltea y ve a Juliana. Ella le da las gracias y le propone que sean novios. Así por así, sin espinas y preámbulos. Camilo siente sus mejillas arder. No sabe que decir. Juliana sonríe y le toma la mano. Camilo sigue callado, asustado, con ganas de llorar. A unos cuantos metros siente una punzada en el corazón y sin medir el peso de sus palabras se suelta de la mano de Juliana y le dice que no, que él no quiere ser su novio porque no le gustan las mujeres. Juliana se queda paralizada. El rechazo la deja muda e impotente y ve como su novio de unos minutos se va y se aleja de ella. Juliana llora.

Juliana llega a casa y tira la flor al bote de la basura, sin percatarse que a la rosa le había nacido en el tallo una gran espina que parecía un diente de tigre.

7 comentarios:

Cesar Silva lunes, mayo 12, 2008  

bonito cuento, cami. me parece que has aprendido a escribir bastante. tu cuento es bueno por que has aprendido a escribir. eso puedo notarlo. si hubieras escrito la historia de un cigarrillo que se consume solo junto al patio, seguramente te hubiera salido bien.
sin embargo, para ser críticos, no me parece una gran historia. carajo, muy bella, pero no ingeniosa. y sin embargo tiene una magia pueril que la hace brillar como el pétalo de algo, como algún petalo reluciente.
voy a ir mas allá. el cuento tiene un gran contenido sicológico: deja ver una frustración grandísima por lo que no fue su amor de infancia, ese que perdimos todos por que no estabamos listos para ser hombres.

Cesar Silva lunes, mayo 12, 2008  

cami, te invito a un blog correspondencia. es decir, un blog en el que los dos escribamos y armemos historias compartidas. algo así como inventarnos una tarde juntos, una tarde con nubes como crespos en el horizonte y montañas emergidas como lomos de cebú. en fin, lo que sea. te invito a dispararnos con palabras. y a unas cervezas esta semana.

el perdido martes, mayo 13, 2008  

Mi cesar, no sé, como vos dices si aprendí a escribir. Eso ya no mi importa. Si lo hago bien o mal es un juicio externo. No sé porque ultimamente me estan diciendo lo mismo. Pipe, mauro y otros me dicen que aprendí a escribir. justo ahora que cada aplabra me duele. Le confieso quee scribo porque estoy enfermo. Tengo mucho yo en el alma. Y me asusta, no sabes cuanto, que mis cosas gusten. En lo ultimo que piensoe s el publico. La verdad acepto que es textoe es pueril y poco ingenioso. Eso es lo que tiene de mí. Y me gusta que vos me lo digas. Ah, ademas, acepto lo del blog de correspondencia. Porque sabes que tus imagenes me gustan tanto como mirar traseros y tetas. Espero que el proyecto no se nos derrumbe.

Bibiana viernes, mayo 16, 2008  

cami, mejor dicho, estás enlunado, yo también quiero...
me invitas?

Max Gallinazo viernes, mayo 16, 2008  

camilo dice que no es cuentista, porque es cuentista. dice que no sabe escribir, porque ya sabe escribir. cuando camilo diga que por fin está vivo, habrá muerto.

Anónimo,  sábado, mayo 17, 2008  

Hay Max gallinazo o como te llames. Eso que escribis es muy peligroso para un escribano, incluso para vos. Acepto que el perdico o camilo, tenga una gracia divina, que no me explico de donde la saca. Pero su prosa tiene agujeron negros que se tragan al lector. Siento un enfado sin causa.
No sè, pero yo que vos, me reservaria esos comentarios o los haria mucho tiempo despues. Pues no quiero que el autor se asuste y por tu culpa no vuelva a escribir.

Alejo sábado, mayo 17, 2008  

"Juliana llega a casa y tira la flor al bote de la basura, sin percatarse que a la rosa le había nacido en el tallo una gran espina que parecía un diente de tigre".
La historia real concluye con una Juliana que se tira ella misma a un bote de basura y en vez de una espina con apariecia de diente de tigre, lo que brota de ella, no de su tallo ni de su talle, mejor de su vientre, es un pequeño bebé.

Ja ja ja. La vida es cruel, pero con vos se porta hasta lo más de bien.

Un abrazo.

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