Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Contraluz

>> miércoles, 3 de diciembre de 2014


Llegué a la vida
con un sol dentro de un jarrón de agua.
Luz líquida y contenida.
Al crecer el agua se fue evaporando.
Sentí el ardor del deseo.
Fue el miedo a la soledad
el pan de cada día.
El amor un astro a años luz
de mi corazón.
El instante del instante
el castillo de naipes
para morar hasta viejo.
Dios el inverso de las cosas.
Se apagó el sol
y quedó un olor
de agua estancada en el aire.
Y el sol, adentro, 
palpitó por primera vez.

1 comentarios:

LF martes, diciembre 23, 2014  

Impresionante. Si no lo hubieses escrito vos, Camilo, diría que era mío.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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