Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Las novenas

>> domingo, 21 de diciembre de 2014




Llega a casa y se sienta a mirar desde la montaña el valle que cada vez tiene más parches de concreto. Busca un motivo para no sentir que la civilización es una cabra que cada vez pierde el sentido de la vida. Para no reunir razones para el desencanto recuerda cuando era chico y su madre lo vestía para ir a las celebraciones navideñas. Él guardaba en una bolsita un cascabel hecho con tapas de gaseosa y salía con sus amigos a las casas vecinas en espera de los dulces al final de las novenas. Para ese entonces no había tiempo para el amor porque el apetito por los dulces y la sinfonía de las voces de los campesinos, el ruido de las maracas y los cascabeles de tapa de gaseosa ocupaba el corazón. Para ese entonces el corazón era un pesebre con carros a gasolina en miniatura, con aviones de plástico, con vacas gigantes que podrían comerse a los reyes magos de un bocado. El corazón era una laguna de papel de aluminio donde los patos y una tortuga del tamaño de una iglesia hacían parte de ese ecosistema  extraño y a la vez mágico. Mi corazón era el paisaje de las extravagancias de los niños que no entendían el orden lógico de la medida y la distribución en los pesebres. Mi corazón era el dinosaurio que se enfrentaba con el Chapulín Colorado frente a un mago que los miraba desde un árbol. El mago esperaba el alboroto para capturar a los revoltosos y llevarlos al taller de carpintería de José y así, con trabajo, enseñarles el silencio que hace falta en la fiesta, la del corazón. 

al recordar esos episodios del pasado recuerda que a pesar de la pólvora, de la bulla de los adultos, de la necesidad de felicidad etiquetada, esa que se cree comprar en las promociones del Éxito o de los grandes almacenes de cadena; a parte de la mal sana costumbre de celebrar la navidad desde la publicidad y los sueños ajenos, en el recuerdo, en la mirada del niño que fue, existe un tiempo donde el amor era suficiente y amorfo. Entonces sonríe y escucha unas maracas y las voces de una familia que iluminan la noche con sus cantos disonantes.

2 comentarios:

maduixeta lunes, diciembre 22, 2014  

Los recuerdos que nos invanden en estos días y pueblan nuestro corazón.
un saludo

Feliz Navidad!

Juan Camilo martes, diciembre 23, 2014  

maduixeta
Gracias por su comentario, estos días, es un inevitable viaje al pasado.

Feliz Navidad

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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