Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Un micro con final feliz

>> miércoles, 26 de noviembre de 2014



Hace mucho no frecuentaba el bar de Elkin porque bueno, a veces uno de distancia de los lugares así como de los amigos. Llegué y como siempre pedí una cerveza. En la barra estaba Lucía, una de las clientes que los fines de semana va sola, casi siempre, pide algunas cervezas y luego se marcha. Algunas veces hemos cruzado un salido. Hasta ahí. En la mañana había pensado en ella, cosa extraña porque pocas veces pienso en alguien a quien no frecuento. Sin embargo, ahí estaba al lado de ella sin saber cómo decirle que la había pensado. Ella sonrió como si sintiera que yo quería hablarle. Aproveché y me senté cerca. Hablamos de cosas triviales, como por decir cualquier cosa. Ella me dijo que hace unos días me había visto en el supermercado y que no alcanzó a saludarme. Sonreí. Estaba contento, ambos nos habíamos pensado. Llevé mi mano a su mano. Ella apretó la mía con sus dedos. Luego, en cámara lenta mi boca buscó la suya. Cerré los ojos y sentí la humedad de sus labios. Al abrir los ojos Lucía sonrió. Me dijo que no se lo esperaba. Le respondí que yo tampoco. Elkin nos invitó a otra cerveza. Cuando cerraron el bar me invitó a su casa. Ella vive sola. Al entrar a su departamento vi que su cama estaba llena de flores. En la habitación había varias velas, que encendió. Cuando quise preguntarle sobre cómo sabía que yo... me puso un dedo en la boca y se limitó a decirme que "cuando un amor cae de cielo no pregunta cómo".

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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