Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La otra cara

>> lunes, 4 de agosto de 2014


Cuando duermo ella abre los ojos. Se estira como un gato y con sigilo llega a mi cuarto. Me observa unos minutos. Luego sonríe y tomando mi mano me invita a caminar por paisajes oníricos. Intento decirle “hola” pero solo puedo mirarla y sin que me diga palabra alguna siento su aliento que huele a albahaca. Respiro su silencio como el perfume de las flores. Y mientras inhalo me entrego a su pureza. No quiero resistirme y dispongo mi ser para que ella lo habite. Sea mi rostro una línea del suyo. Basta una insinuación suya para calmar las ansias de no saber a dónde ir y evitar rasparse de nuevo el corazón ante estrellas fugaces. 

 Cada noche, cuando la encuentro, me expando en su luz. Dejo que ella, desde mí, habite todos mis sueños. Sucede, cuando la fusión es la indicada, que sus ojos son los míos, sus labios mis oídos, sus oídos mis labios, sus gestos mi sonrisa. Somos la unidad, los sueños que alumbran nuestros aposentos y la conexión con lo que soy desde antes de este cuerpo. 

 Cuando abro los ojos lo primero que percibo son los pájaros que endulzan el aire con sus cantos, los perros cuidan la ternura del alba y espantan a los extraños. Agradezco por lo que apenas recuerdo y sospecho, como todos los días, que ella empieza a cerrar sus ojos. Imagino, por el bienestar que siento en el corazón, que ella sueña con esta materia que soy y que ante la luz del día se desprende del misterio y es carne y hueso, ansia y fragilidad; pero a la vez, esto que soy y respira se siente feliz de ver el rostro de ella, apacible, finamente delineado en las nubes.

2 comentarios:

María lunes, agosto 04, 2014  

Pocas veces suelo dejar mi huella en este blog, pero cuando he leído este texto tan bellísimo, derramando tanta ternura entre tus letras, no he podido evitar dejarte un comentario, amigo Juan Camilo, tus letras transmiten tanta paz, tanta ternura, que la estoy imaginando según te leo, ese rostro que dibujas con tus letras, dichosa tu musa, porque ella seguro se sentirá la reina de entre todos los cielos.

Un beso.

Juan Camilo martes, agosto 05, 2014  

Maria

Muchas gracias por su huella. Bueno lo de la musa son esas trescientas que no pueden ser una. Un abrazo gigante.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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