Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Transformación

>> domingo, 24 de agosto de 2014


De un agujero salió un escorpión furibundo dispuesto a atacar lo que se le atravesara. En ese momento empezó a llover y el arácnido quiso, con su aguijón, inyectarle el veneno a las gotas. Luchó hasta que cegado por la furia se enterró el aguijón así mismo. Se fue quedando quieto, producto del veneno, al instante escampó. Un aguilucho que observó todo desde un árbol seco, estiró sus alas y se dirigió hacía el escorpión. Con el pico lo abrió en dos y en la mitad del arácnido encontró un polluelo, diminuto, de águila real. El aguilucho lo tomó en una de sus patas y lo llevó a un lugar seguro, con los suyos, donde pueda emplumar y adquirir su verdadero poder y enseñarles a transitar sin miedo la muerte.

3 comentarios:

María lunes, agosto 25, 2014  

Bonito micro, amigo Juan Camilo.

Un beso.

Nancy Milena Alzate martes, agosto 26, 2014  

Cami Gracias por escribir-te, no se que fue, pero esta historia me enterró el aguijón, tendré que abrir-me mar adentro para dejar volar este polluelo..

Juan Camilo miércoles, agosto 27, 2014  

Maria
Gracias por su comentario y por su constante visita, es como el viento.

Nancy
Me alegro mucho que te toque el micro. pues me toca a mí también. un abrazo fraterno.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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