Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Aire líquido

>> lunes, 17 de septiembre de 2012


- Necesito un favor. 
- Dime Florentino, en que te puedo ayudar. 
- Bueno, lo que pasa es que me voy a ver con la abogada para hablar lo de la herencia. 
- Ahhh… si y cómo puedo ayudarte. 
- Pues… hermano, prestándome una camisa y un pantalón, es solo por una hora. 
- Está bien, te presto un traje especial, con el que me casé con Ofelia. 
- Ehhh… pero… ehhh… bueno… lo cuidaré como un tesoro. 

 Salí de la casa de Carlos bien organizado y cuidándome de la humedad o el polvo que pudiera adherirse al traje. Llegué a la cita y todo salió bien. La abogada, una mujer regordeta y aseñorada, medio coqueta, me dio la nueva de que había recibido de mi padre, del que no sabía nada desde mi adolescencia, una casa. Para recibirla debía firmar unos papeles y presentarme en juzgados… Toda esa parafernalia. Durante el encuentro me tomé un vaso de leche y éste me revolvió el estómago. Pero, después de dos retorcijones desapareció el malestar. Camino a casa de Carlos, contento por la buena nueva, salté y le di gracias al universo por el primer regalo importante que me hacía. Justo en ese momento, sentí un gas y le di libre salida, pues eso no representaba un problema para el traje, pues no había escuchado de ningún olor que manchara. Además, como estaba de tan buen ánimo… Justo en ese momento sentí un escalofrió en la columna vertebral al descubrir que el pantalón en dril café claro tenía una mancha que debía remediar urgentemente.

2 comentarios:

Juan Camilo jueves, septiembre 20, 2012  

Toro Salvaje

Lo mismo pienso. Gracias por sus palabras.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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