Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El ritual del café

>> domingo, 19 de diciembre de 2010


Para todos un feliz año. Nos vemos en enero. Mientras, propongo para estos días volver al ritual del café. Disfrutarlo y conjurarnos. Beberlo. Soñarnos. Porque no, vernos.



El café debe ser negro como las plumas del cuervo, amargo como una mala noticia, caliente como el aliento del fuego y dulce como un beso con los ojos cerrados para que sea una bebida espiritual. Debe beberse en cantidades reducidas, en un pocillo pequeño a medio llenar y en dosis controladas. El vapor debe ser una flor gris azulosa que se abre en el aire y perfuma.

El café es la contra a la prisa. Por ello, se recomienda tomarlo sentado, con música a no muy alto volumen. Ya que el café trae preocupaciones trascendentales como el desequilibrio ambiental y climático que enloquece las emociones. También temas más cotidianos: la camisa que vi en el centro comercial y quiero comprar, el jefe que quisiera desaparecer con decir “Hada cadabra”, las páginas verdes azules de algún clásico ruso.

El café es una bebida del espíritu cuando se siente en la garganta, en el estómago, en las tripas, en las venas, en la sangre. Entonces te habita todo el cuerpo y se puede meditar, leer a Rimbaud y Whitman, escuchar Mazzy Star, confesar los miedos más íntimos, contemplar el paisaje solo y acompañado, escribir cartas a los amigos y derramar unas gotas en la hoja.

El café se disfruta o de lo contrario es un desperdicio de bebida que se toma en oficinas o en calles atestadas de termos y vendedores ambulantes.  Por eso hay que entregarse al ritual, a la quietud. Es decir,  a la conversación y olvidarse del ritmo acelerado de estos días donde no es permitido sentarse, respirar, mirar el cielo, soñar, suspirar, robarle al viento un aroma. Días donde se necesita hacer para pagar el arriendo, el teléfono, los pasajes, las cervezas. Hacer para que el amor nos mire y se quede un ratico. Hacer para ser digno de respeto. Pero el que hace sin reposo pierde el privilegio de contemplar, sentirse, conversar, aprender, creer.

Es necesario volver a mirarse a los ojos. Volver a conversar. Volver al hechizo de las tardes de lluvia, de las ventanas empañadas, de las noticas a desconocidas, de las velas encendidas en la noche, de los abrazos compartidos, de los proyectos fecundos de cafetín, de los regalos, de las cenas. Volver a sonreír. Volver aprender a tomar café.

11 comentarios:

Belén domingo, diciembre 19, 2010  

Que pases buenos días pues.. yo seguiré por aquí...

Besicos

MALENA domingo, diciembre 19, 2010  

Cafe con una :) recién horneada, con gotitas de lluvia dulce..., chiquitas, grandes...,
y un abz compartido sin olores, sin vicios, sin caprichos...

Un café a cambio de una :)?

La :) la pongo yo, obvio!

Cariños, Cami y Felices días!

MALENA domingo, diciembre 19, 2010  

Te dejo tb comentario en el post anterior..

Juan Camilo domingo, diciembre 19, 2010  

Belen
Lo mismo. Nos estaremos saludando.

Malena
Gracias por la sonrisa recién horneada. La pondré en mi mesita de noche y me sonrojaré. Es una sonrisa de viento y me gusta.

Jaime Hinostroza lunes, diciembre 20, 2010  

De vez en cuando permítanle un regalito a vuestro paladar para que pueda degustar un Buen Café (mejor si es todos los días ... en las tardes y/ó cuando empecemos el día); Un Tip para todos los Cafeinómanos como yó: Sabían Uds que en algunos Países ya está disponible un nuevo y delicioso Café Orgánico que HA SIDO ESPECIALMENTE DESARROLLADO PARA MEJORAR LA SALUD? así es!! quizás este sea el Primer y único Café que por ningún motivo podría prohibirle su Médico; Si alguna persona se interesa en el tema, puede escribirme a: dxn.peru@hotmail.com Desde Lima-Perú: Jaime Hinostroza / www.dxn-peru.com

Nada más importa martes, diciembre 21, 2010  

Vernos?
Vernos mediante el café o simplemente cerrar los ojos, liberarnos, relajarnos e intentar asociarnos con él?

Hay tantas cosas para volver a aprender, que cuando lo pienso me invade la nostalgia y ni se si lo puedo decir.
Como se olvida todo lo importante y aún podemos vivir, como es que nos acostumbramos a tantas coisas básicas y olvidamos todo lo que significa lo otro...eso que verdaderamente importa...

Yo, que se yó...
mi nombre lo dice todo, es la frase que dice casi nada y que calla casi todo.

Me gustó muchísimo lo que me trasnmitió el texto.
Esta vez no me llevaste, ni me trajiste, ni nada de eso.
Esta vez me situaste perfectamente en el lugar que deseabas que estuviese.
En el interior del texto.

Besos!

Juan Camilo martes, diciembre 21, 2010  

Jaime
Grandioso lo del café orgánico. A su salud este café mañanero

Nada más importa
sus comentarios resultan siendo como esa mirada esquiva que se busca, esa sonrisa brincona que se busca, ese abrazo perdido que se anhela. Es decir, son importantes como el viento que despiena esa persona que te mira con mirada esquiva, te sonrie y le brincan los labios, pero que no puedes abrazar porque ya lo hizo el viento

Aldabra martes, diciembre 21, 2010  

un ritual agradable y recomendable.

biquiños y felices fiestas.
hasta la vuelta.

LokCordura! martes, diciembre 21, 2010  

que hermoso de mis post preferidos, aunque me encanta tu lado esquizoide, nada como un buen cafe desde la ventana de un avion, feliz fin e inicio de año

Santiago Trujillo miércoles, diciembre 22, 2010  

Como siempre, es reconfortante (como el café) leer tus textos.

A veces voy a tomar café y le digo a la vendedora que es que se me ha bajado la cafeína...

Humberto Dib domingo, enero 02, 2011  

Buenas vacaciones, Juan Camilo, pero se te extraña.
Un abrazo.
Humberto.

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