Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Hacía el sur

>> domingo, 2 de enero de 2011

Sentado en el balcón de su casa ancló sus ojos en el sur. Desde siempre se ha sentido atraído por el sur. Cree que el sur es el punto cardinal que posee los lugares que más le gusta. En el sur está el oriente, el vacío y el occidente. En el sur está la morada para nacer. Así que él salió de su casa dispuesto a recibir el año en el sur. Solo en el sur en busca del centro, la palabra más antigua, el sentimiento más originario. Salió sin mirar atrás para olvidarse de la  hermana que lo ve como el padre más joven que hermana alguna ha  tenido y de la madre que lo ve como  el esposo más joven que madre alguna ha parido. Llegó a la terminal y abordó un bus que lo llevara al sur del país. Algunos choferes le dijeron que por el invierno las vías del sur estaban cerradas. Es decir, no había sueños porque no había sur. Pero èl querìa soñar y eso no le importó. Había decido viajar al sur así que cualquier lugar del sur era indicado. Llegó a una ciudad del sur que no conocía. Guardó la mochila y abordó una combi rumbo al sur de Cali. Se bajó en un parque donde vendían artesanías y se compró una ruana porque necesitaba una chica del sur, trigueña, caleña, de nubes negras, sol bochornoso, tráfico caótico, libros podridos en subasta en sus muslos, culebreros bendiciendo dinero alrededor de su ombligo, piernas largas y empinadas… la chica después de venderle la ruana dejó de sonreírle y le dijo que había sido un gusto atenderlo. Él salió con la ruana que no necesitaba bajo el brazo y compró un almuerzo que no necesitaba para olvidarse de la chica que si necesitaba. Caminó hasta otra plaza pública y se sentó en una banca a ver desfilar a las mujeres con faldas. Piernas de todos los tamaños para todas las direcciones. Piernas empinadas que terminaban donde empezaban las catedrales y los café internet. Piernas de chicas que no lo necesitaban y no respondían a su mirada. Piernas que pasaban de largo para ser sustituidas por otras piernas que también pasaban de largo hasta el insoportable dolor de ojos. Él decidió volver a la terminal de transporte de Cali y olvidarse de las piernas de la ciudad de Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, Willian Ospina… La ciudad de las chicas que venden ruanas que no se necesitan porque no es una ciudad fría. La ciudad de las piernas empinadas que abren todos los ojos desprevenidos. La ciudad de las nubes pegajosas que se tragan el cielo casi todo el día. La ciudad de los culebreros y las catedrales olvidadas. Compró un tiquete más hacía el sur porque el sur es el inicio de todo viaje. El sur es a donde se mira cuando se sueña. El sur es donde más cerca  está  la sonrisa. El sur es donde más palpita el pecho.

4 comentarios:

Belén lunes, enero 03, 2011  

Hay sures que son de una forma, las de mi país huelen a azahar... a sol y a playa...

Besicos

Aldabra lunes, enero 03, 2011  

Un texto que parece un trabalenguas pero que me ha gustado mucho. Para mí, que soy del Norte (de España), el Sur también es una referencia, un contraste. Biquiños,

Juan Camilo jueves, enero 06, 2011  

Belén
Me gustaría algún día respirar ese sur con una buena copa de vino

Aldabra
Eso del trabalenguas me gusta. tal vez ese juego de palabras se dé por el cambio de año, por la mezcla de los viejo y lo nuevo que parecen lo mismo muchas veces.

MALENA viernes, enero 07, 2011  

Difícil no adorar el sur..
Se me antoja imposible!
Bienvenido, Cami! Beso enorme!

Publicar un comentario

Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

  © Blogger template Simple n' Sweet by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP