Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Catástrofe sin Santos de devoción

>> miércoles, 8 de diciembre de 2010



El invierno hace estragos y los pobres representan el índice más alto de damnificados y los medios se aprovechan de la situación para registrar el dolor y ganar en rating y amarillismo. Por ejemplo, buscan los primeros planos de madres que lloran sus perdidas o ancianos navegando en colchones en busca de un familiar o un electrodoméstico.


Millones de pobres más pobres sin vivienda, sin dinero, sin ayudas estatales porque las catástrofes naturales no pueden atribuirse como atentados terroristas. O tal vez si: “el invierno es una peligrosa arma biológica del frente Escarcha de las FARC que opera entre las nubes”. Podría decir un comunicado de prensa gubernamental.

Millones de ilusiones bajo la tierra en tiempos de tristeza. Millones de sonrisas borradas en el lodo en tiempos de no importarnos el vecino. Millones de sueños sepultados en tiempos de usura y de escombros por todas partes. Millones de inocencias robadas por fusiles en tiempos donde la infancia es despintada de la historia patria, y es por ello, que con el nacimiento de cada niño mueren todos los colombianos. Millones de pesos en unos pocos bolsillos mientras millones de estómagos chirrean como una puerta con las bisagras mal aceitadas. Millones de lágrimas en tiempos de zombis que miran los alumbrados navideños.

En Colombia no somos dignos de la tierra porque no la escuchamos, no la cultivamos, no nos importa. En Colombia los colombianos son todo menos colombianos y esa es la razón de que no seamos un país autentico con un gobierno autosuficiente para las necesidades nacionales. En Colombia parecemos que no somos un pueblo de la tierra sino un pueblo del aire, sin raíces, que sale a la calle sin arrepentimiento porque es navidad y estamos de fiesta. Siempre estamos de fiesta. Las luces intentan alumbrar la oscuridad que nos circunda desde hace siglos y hay más luces en la ciudad, pero más oscuridad en los ciudadanos. Millones de velitas encendidas con millones de chapolas volando cerca. Millones de oportunidades para invocar la indiferencia y opacar los gritos de nuestra historia con los equipos de sonido de última tecnología. Y sin embargo, podemos beber porque es tiempo de lujuria, de noches bebidas y fumadas, de asesinatos, de fornicaciones desmedidas, de embarazos en tiempos sin padres, sin guías, sin caminos.

Millones de colombianos engañados todos los días y aún así millones de colombianos esperan el milagro en tiempos de tragedias. Y lo único que queda es bailar sobre el pantano porque el Santos de devoción nos dio la espalda.

6 comentarios:

Belén miércoles, diciembre 08, 2010  

Es que al final siempre quien lo paga somos los mismos, es decir, los que estamos debajo en la pirámide que se han inventado estos señores...

Besicos

Aldabra jueves, diciembre 09, 2010  

todos estamos catalogados en este mundo tan absurdo: 1er. mundo, 3er. mundo, países civilizados, países ricos, pasíses desarrollados, ciudadanos de primera, de segunda y marginados sociales, desheredados...

y nosotros, los anónimos, sin poder hacer nada más que soltar nuestra rabia y nuetra impotencia.

biquiños,

Humberto Dib jueves, diciembre 09, 2010  

Juan Camilo, en Argentina sucede lo mismo, creo que el mal se esparce por toda América Latina, lamentablemente.
Te dejo un enorme abrazo.
Humberto.

LokCordura! jueves, diciembre 09, 2010  

Asi es el mundo, si todo fuera perfecto seria aburrido, un abrazo

MALENA jueves, diciembre 09, 2010  

"Toma, es sólo un corazón. tenlo en tu mano. y cuando llegue el día,. abre tu mano para que el sol lo caliente.."
(Para tí y para Colombia, con permiso del Che..)

Abzs del Alma y Shibumis de luz y vida, Cami!

Juan Camilo lunes, diciembre 13, 2010  

A todos muchas gracias por los comentarios. De alguna manera han sentido o visto lo mismo. Porque la condiciòn humana, sin importar la edad, el país, el idioma se repite. Un abrazo

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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