Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


7 de agosto el día de la impotencia

>> viernes, 8 de agosto de 2008

El día que se celebra la batalla de Boyacá, a mí me atracaron. Bueno, no a mí sino a una amiga.

Veníamos de la Extravía, la casa del periódico, donde había un concierto de los Señores Usuarios. Caminábamos rumbo a mi casa, en Jamundí el hoyo. Cuando pasábamos por el barrio Naranjal, había dos individuos sentados en un toldo de tablas. Ambos vestidos de negro. Uno tenía una máscara de brujo o hechicero y el otro tenía la capota de la chompa que le caía hasta la nariz.

Los tipos esperaron que pasáramos. Luego se abalanzaron sobre nosotros.
- ¡Pasen todo lo que tienen! ¡yaaaaaa! Decía el de la máscara.
- No le voy a pasar nada, ¡ni mierda! contesté.

El gamín se me lanzó con el puñal enarbolado. Le di un bolsazo en la espalda. Brincó y volvió atacarme. Esta vez quería clavarme el puñal en el rostro. Puse la mano y me perforó la planta de la mano y le hizo una fisura al dedo meñique. La furia me nubló y me lancé sobre el enmascarado. Otros dos bolsazos.

- Hey, ayúdame que este marica no se deja atracar.

Otro bolsazo.

- Veni, te espero. Haber… vea… quíteme lo que quiera si es hombrecito. Le decía.

Ella estaba en pie, paralizada. Observaba. El otro gamín, el de la chompa le arrebató el bolso y empezó a correr. El enmascarado hizo lo mismo.

- Hey, mis papeles. Devuélvanme los papeles. Eso no les sirve, decía ella.

Fuimos a buscarlos. Quería encontrármelos y acribillarlos a pata. La sangre me hervía. Imaginaba que les partía la nariz con un puño, que me imploraban, que lloraban y más piedra.

Dimos varias vueltas sin pista. Fuimos al comando y nos dijeron que volviéramos después de las ocho de la mañana que a esa hora, a las dos de la mañana, no podían hacer nada.

Ella me decía que fuéramos al medico. Le dije que no, que estaba bien, que era solo una cortadita.

En casa ella me lavó las heridas. Me curó la mano. Me amarró un pañuelo en el antebrazo y otro en la palma de la mano. Tenía otra fisura en la espalda. Ella me lavó las heridas con jabón rey.

Estábamos cansados e impotentes. Ella sufría por sus papeles y yo también. Mis cortadas pasaron a un segundo plano. Sentía que tenía aún la rabia corriéndome por las venas.

La vi mirándome e implorándome que descansara. Me dieron ganas de hacerle el amor. Intenté. No pude. Me lastimé terriblemente la mano. Ella se percató y me llevó al baño. Me quité el pañuelo. En ese instante sentí un tirón en la cabeza. Desperté en el suelo con mi cabeza entre sus manos. Me desmayé. Me di un totazo en la coronilla y me manqué la otra mano.

- Estoy bien, fresca nena. Esto no es nada. Le dije

Volvimos a la cama. Me dieron ganas de llorar. La quería a mi lado. Me arrepentí de todo lo que le he hecho. La abracé y le dije que la quería. Nos besamos.

Esta vez no me importaron mis heridas, y a media maquina la penetré con toda la ternura que me fue posible. El dolor y el placer cuando se mezclan son casi una beatitud. Me santifiqué en entre sus piernas.

No pude dormir. La mano me dolía. Me había lastimado. Pero nada de quejas.
A la mañana fui al baño y volví a desmayarme. Mi hermana me trajo un vaso de agua. Volví a la cama y dormí, por fin, algunas horas.

En el comando nos dijeron que el man de las denuncias no se encontraba, estaba paseando en Barbosa y que ya no volvía. Nos embobaron. Salimos piedros. Aquí nadie puede morirse un jueves o un viernes santo ni ser atracado un festivo porque la autoridad moral del estado no está disponible. Hay que ser hijo de un tombo para que los trámites sean efectivos.

En fin. Ella se fue y yo me quedé con tres chuzones y con la impotencia de no poder hacer nada más que escribir este texto que tampoco sirve de nada.

2 comentarios:

Cesar sábado, agosto 09, 2008  

cami, mi cami, tu texto sirve de mucho: despierta emociones:

1. ladrones pirobos, por eso es que los... chuchas, ratas.
2. tombos pirobos, y estos son los peores, ¿como que el de las denuncias está ... está ... ¿pasiando??. Dios bendito, valiente justicia. por eso existen los que se la toman por sus propias manos.
3. que bueno que esa noche hayás podido lubricar tu rabia, detonarla en ella. que tierno.
4. un abrazo y un diez por lo de los bolsasos, aunque debieron ser puños certeros tumba tabique. no te creía capaz de esas reacciones.
5. nada más.

Y un abrazo.

Juan sebastian acosta martes, agosto 12, 2008  

Hace mas o menos 10 minutos estoy tratando de hallar las palabras que me permitan opinar sobre tu texto...no las enceuntro.y como soy un mediocre voy a decirte las primeras que se mE ocurrieron: !QUE CHIMBA DE TEXTO!

En realidad no me importa si es verdad o es otro de los muchos inventos tuyos, sea lo que se, me encanto.

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