Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Poética del nocaut

>> jueves, 11 de febrero de 2016



"No permitir que se despinte el paisaje.
No abandonar a mi soledad entre la multitud.
No alejarme de aquellos libros gastados."
E.R.

El estilo es una manifestación del alma. No se sabe muy bien de dónde nace, a qué se debe, pero está ahí y lo define a uno. Eso más o menos pasa con la poesía de Edwin en su libro Poética del territorio, libro ganador al Talento Creativo 2014, publicado por Pulso & Letra Editores.

Su libro es un territorio donde el abismo y las montañas son paisaje: “Empuño la taza de café/ como quién levanta una espada”. Sin embargo, a mi modo de ver, lo abismal y la continua evocación de la angustia pareciera más un postulado estético del poeta que un sentir profundo. Pues, hay imágenes terribles y bellas que pocos quisieran encarnar: “Esta vida sosa/, ausente, lejos del cuerpo”. Y otras más que son un índice amplio de poetas fatalistas como Baudelaire, Rimbaud, Bukowski, Cesar Vallejo, Artaud, entre otros. Y de pronto, cuando uno está sumergido en la lluvia de sus tristezas aparece un resplandor que emociona: “Quiero hacer las paces con la vida. /Acepto al viento y las arañas”. 

Su peculiar forma de escribir, que uno podría definir como telegráfica, quien lo creyera, es su influencia en quienes lo hemos leído. Confieso que fue él quien me enamoró de la literatura. Tendría yo 17 años y estaba sin saber qué hacer con mi vida. Hasta que una tarde se apareció Edwin y me hizo una invitación. Fui a su casa y me sorprendí al ver en su cuarto una botella de vino tinto Santa Elena, en ese entonces conocida como La Casona. En la botella tenía el poema El alma del vino de Charles Baudelaire pegado en una hoja amarillenta. Ese día, la poesía, quedó en mi corazón como un trago de vino que se filtró en la sangre.

Una de las cosas que se rescata de su poesía es que es directa y pega en las tripas. Tal vez se deba a que el poeta no permite que la emoción esté por encima del poema: “Solo es posible hablar de amor/ en lenguas muertas”. Acude a la emoción con un sentimiento crítico, distante, cosa que le permite, en pocas palabras, manifestar su rebeldía, aullido, fatalismo. 

Un párrafo aparte para las ilustraciones de Omar Ruiz, quien compagina con sus trazos las intenciones de los versos. Sus imágenes permiten ahondar en la esencia del ensueño, esa otra realidad, medio gris, que aparece en Poética del Territorio, donde el lector, estoy seguro, no saldrá igual después de recorrerlas.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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