Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Hasta nunca amor

>> jueves, 4 de noviembre de 2010

Me subí al sub en la estación Olleros. Ella me esperaba dos estaciones después. Cuando la vi estaba fumando y nos dimos un abrazo distante, pero tranquilo. Tomamos un taxi rumbo a la casa de su hermana. Cuando llegamos vi sobre una mesa una bolsa con galletas, pan tajado, fresco Tan sabor naranja, dulce de leche, atún y una botella de agua. Fuera de la bolsa había un mate de plástico con la bombilla. También había unas fotos y una carta de despedida. Yo le dije que no me arrepentía de nada, mientras ella se lamentaba de no haber estado juntos mi última noche en Buenos Aires. Sonreí. Sabía que se nos había muerto el amor de tanta inclemencia, de tanto dolor de panza, de tanta ausencia y silencio. Muerto el anhelo, el deseo se llena de tierra y distancia. El gran error fue haberle suplicado y el amor no debe acostumbrarse a las suplicas o a la necesidad de afecto porque se deja de alimentarlo con dulcísimas miradas. Y nosotros habíamos hecho todo lo necesario para que el amor nos fuera tormento. De un momento a otro cada uno hacía lo propio, sin importarle lo del otro. Como si cada uno empezara a recorrer un camino opuesto. Ya nuestros ritmos no eran compatibles. Así lo quisiéramos, no éramos los que necesitábamos ser para estar juntos. Y si una mujer no es la que debe estar contigo, la que te dejará recostar en su vientre, por más que intentes no podrás estar con ella. Siempre se presentará algo que impida el encuentro. Eso quiere decir que ella no es la que debe estar a tu lado. Porque cuando una mujer es la indicada, la que te acompañará, llegará en donde quiera que estés, en el instante preciso. El peligro es quedarse detrás de una mujer no indicada mucho tiempo negándose a la posibilidad de dejarse encontrar. No imaginaba eso con Ella. Además, nosotros ya no éramos encuentro, no éramos compatibles y nuestros movimientos habían dejado de ser armoniosos hace mucho tiempo. Nos quedaba cierto recuerdo lejano que apenas llegaba a la gratitud y no al deseo de sentir que se puede tocar la eternidad con las manos. Y la eternidad es el instante del instante, el beso que te genera mareo, la respuesta orgánica a ese beso, como una calada de cigarrillo en ayunas o un sobresalto al corazón.

2 comentarios:

Nada mas importa jueves, noviembre 04, 2010  

Te juro que se sienten las sensaciones al leer y ponerse uno, en la situacion que describiste.

Me gusta esta frase..."Muerto el anhelo, el deseo se llena de tierra y distancia. "
...y lo que encierran esas palabras duele
porque es cierto, porque es horrible llegar a esa conclusión y tal vez, saberlo desde hace tiempo y no haber hecho nada...

POr otro lado estas palabras me dejan sin aliento..."El peligro es quedarse detrás de una mujer no indicada mucho tiempo negándose a la posibilidad de dejarse encontrar. "
Justamente hace unas horas, alguien con quien estaba hablando me hizo la siguiente pregunta...
Como se si lo que siento es amor, o ya pasó a ser una mera costumbre?

Todo tu texto me deja pensando ...

MALENA lunes, noviembre 08, 2010  

Historias de desencuentros entre dos almas q andaban sin buscarse pero andaban para encontrarse, al estilo de mi más querido Cortázar!
Tienes algo de él, vos?

Q bien escribes, Juan Camilo! Te sigo obvio!!

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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