Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Convocatoria al hartazgo

>> lunes, 26 de abril de 2010


Hartarse de respirar, de creer que la mujer que quieres aparecerá de pronto y te dará un puto beso, de mirar por la ventana las mismas nubes y asombrarse porque todavía eres un romanticismo pasado de moda, de usar bufandas porque es el accesorio del siglo XXI.

Hartarse de que los amigos aparezcan con discursos vitalistas y luego se marchen dejándote a oscuras, de leer y no recordar, de escupir sin que nadie te vea, de no poder desprenderse de la madre porque cocina muy rico.

Hartarse de que amor sea solo una función de un cajero automático y no tengas cuenta bancaria para el cortejo, de que el sexo deba padecerse para sentirse mamífero y eterno, de que la soledad te siga halando las piernas antes de dormir y se te burle por triste, de que cuente hasta diez y nada suceda, de que a muchos kilómetros estén los senos que tanto te deleitan en la mujer que ya no delitas.

Hartarse de la sombra, de las entradas prolongadas, del bruxismo agravado, de la hipermetropía y el astigmatismo, del estómago delicado, de ocio adictivo, del pájaro que canta menos porque no le gusta la jaula rectangular de la loca sin alpiste, de la barba que aparece, de las orejas que crecen, del reloj que te dieron para que te digan señor en la calle, del teléfono que no suena porque no te interesa hablar sin mirar a los ojos, de los años que te inmovilizan, de las mujeres que ves en el metro y no vuelves a ver, de los artistas que creen que pueden salvar el mundo porque son flacos y buena vibra, de los evangelistas que profetizan el paraíso y no soportan la picadura de un zancudo.

Hartase hasta que los ojos se pongan rojos, hasta que las cervezas estén vacías, hasta que a la cama vuelva una copiloto, hasta que se acepte que no hay remedio, que todo está jodido, que las ciudades se tragan los espíritus, que los cuerpos nacen sin alma, que la muerte se divierte de tanto vivo muerto y por eso se lleva a los vivos vivos.

Hartarse para estar en domingo toda la semana, besar sin deseo, comer de gula, hablar de solo, caminar sin rumbo. Hartarse, hartarse, hartarse… de una buena vez hartarse y ser indecente para hartar al otro y hartarse menos uno mismo.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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