Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Borrasca de impulsos

>> domingo, 4 de abril de 2010

Me desperté con la respiración entre cortada. Había soñado que estaba iracundo entre las sombras. Fui a la cocina por un vaso de agua y volví a acostarme.

Al día siguiente tenía una cita con una amiga. Ella me había invitado a caminar a su pueblo natal. Comparamos una caja de vino tinto, frutas, agua y panes. Llegamos a una quebrada. Extendimos una sábana y nos comimos los panes con mantequilla. Ella extrajo de su bolso una pipa y fumamos marihuana. Nos tocamos. Los movimientos eran lentos. Los besos más profundos y secos. Nos apretamos y sentimos los cuerpos bajo la ropa. Pisss…

Desde hacía unos días me sentía desconfiado de mis erecciones. Había llegado a un estado de plenitud que no hacía falta el deseo. Entonces cada encuentro duraba lo que duraba la primera erección. Después no había fuerza que hiciera erguir el pájaro. Cuando sucedió el estremecimiento quedé casi muerto y lo único que quería era dormir. Ella durmió conmigo.
Nos despertamos y tomamos vino. Fumamos más. Las nubes ennegrecieron el cielo y se escucharon los truenos. Decidimos marcharnos. Había que cruzar la quebrada descalzos. Luego subir una roca para llegar a un camino. Sobre la roca nos besamos. Empecé a olerla. Ella se sentó encima. La fricción de los cuerpos cada vez más violenta. Empezamos a gritar como animales en celo. Parecíamos gatos, lobos, perros cuando nos tocábamos. El deseo en un ambiente natural, rodeado de árboles, viento y agua era más instintivo.

Un trago de vino. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Estaba cansado pero con ganas de seguir hasta el fondo. Quería más acción. Tenía sed de cuerpo. Llamé a una amiga que estaba cortejándome hacía unos días y que había evitado porque no me gustaba. Nos encontrarnos en su apartamento. Estaba recién bañada con el cabello mojado y suelto. Nos sentamos en un sofá. Ella trajo ron y cervezas. Nos besamos. Nos tocamos. La erección fue sofisticada y de aguante. Nos mordimos. Ella me tocó el miembro y yo llevé mis dedos a su sexo. Los gemidos y la furia. Con violencia nos revolcamos en el sofá, en el tapete, en la cama. Pisss…

Ella me abrazó y yo quería dormir al otro lado de la cama. Además no me había gustado que tuviera barba bajo el mentón. Tampoco que en los dedos me hubieran quedado grumos. Me eché saliva en los dedos y los limpié en la sábana. Ella con su lengua me rodeó la oreja y cerré los ojos. Estaba agotado y pensaba en como irme. No me arrepentía de lo que había sucedido pero no quería que se repitiera. Ella no me gustaba y estaba en su cama queriendo irme. Para no desespérame con las caricias fraguaba un plan de escape. Había decidido irme y no volver. Huiría definitivamente.

Abrí los ojos y ella estaba aferrada a mi pájaro. Me hizo el mejor sexo oral de los últimos suspiros. Sin besarla me aferré a ella. Sobre la pijama le hice presión a su vientre con mi pelvis. Empecé a sudar porque era una urgencia venirme para poder huir. Pisss…

Dormí otra hora. Ella tenía el desayuno servido. Ninguno habló. Lavé los platos. La miré y le dije chao. Ella dijo chao. Tomé el autobús rumbo a casa. La ciudad estaba gris. Una brisa empañaba los cristales. Limpié el vidrio. No tenía rabia

1 comentarios:

Ichi-san lunes, abril 05, 2010  

Gran texto :D me gusta.
Saludos ^^

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