Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Los pasos

>> viernes, 18 de septiembre de 2009

El hombre miró a través de las uñas de los pies los rayos de luz de la bombilla. La sombra de los dedos le recordó la edad y los viajes no resueltos. Hace años estaba allí, comiendo, durmiendo y rascándose el estómago. Tenía lo necesario para vivir bien: salud, mujer y dinero. Iba a misa los domingos para justificar la mordida de teta a su mujer. Él fue, como todos, un buen ciudadano hasta que cambió sus principios por una cobija, un par de calzoncillos de lana y un chofer. No soñaba, por algo era político. Apenas diferenciaba la luna de una lámpara encendida o un semáforo averiado, las nubes del humo de una chimenea, el viento de un bostezo de caballo. Gobernar, lo aplicaba, exigía ser insensible para no sufrir de culpa, bajeza política. Si una mujer moría por falta de aspirinas, si un campesino era desterrado por sembrar y defender la tierra, si un niño entregaba la infancia a un fusil, si el alza de impuestos reducía los víveres hasta pegar la agonía a las tripas… era cosa de Dios porque la vida no era fácil. Afortunadamente él no había sentido hambre, pero la vida no era fácil. Eso pensó en el día en que se le nublaron los ojos y nadie lo acompañó.

En la calle una sombra avanza entre las sombras. Ronda la misma calle. Todas las noches se escuchan pasos y los perros ladran.

2 comentarios:

programador holográfico. sábado, septiembre 19, 2009  

ahora pensemos dónde va deambular nuestras almas cuando...

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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