Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Te hice el amor en las nubes

>> jueves, 4 de diciembre de 2008

Estaba en casa a eso de las cuatro de la tarde. Preparaba el almuerzo. Calentaba espaguetis en el fogón de gas. No había arroz. Detalle no previsto. Busqué en la nevera y encontré medio paquete de pan tajado. Saqué dos rebanadas. En un plato vertí los espaguetis, las dos rebanadas de pan, tajadas de plátano maduro y algunos pedazos de arepa frita. Al lado del plato puse un vaso con jugo de tomate de árbol. Me senté al lado de la ventana. Mordí una rebanada de pan. Comí espagueti. Masticaba.

El pan se mezclaba con el jugo de tomate a la vez que lo que quedaba de esa mezcla se mezclaba con la arepa frita y las tajadas de plátano maduro. La revoltura final pasó garganta abajo. Mordí otro pedazo de pan.

Veía el cielo. Era un cielo azul con muchas nubes blancas. Las nubes se movían. Hacían figuras. Masticaba en un acto mecánico. En las nubes aparecían figuras. Primero un toro, luego una casa, un seno, un torso, un castillo… hasta q
ue me vi contigo acostados en una cama de nube.

Moví la cabeza, asustado, pero, ahí estábamos los dos en las nubes observados por mí en la tierra. Te miraba y me miraba sin dejar de masticar. A veces detenía la quijada, pero retomaba el movimiento al instante.

En las nubes nos mirábamos a los ojos en ataques de sonrisas. Te besaba sin ansiedad para que el beso fuera más largo. El viento torneaba tu desnudez. A cucharadas me tragaba tu desnudez. Comía como te veía. Sentí el estómago caliente y te apreté. Tu desnudez alumbrándome la boca.

Tocaba tu espalda. Tu piel en la punta de los dedos. Te besaba la columna vertebral porque te quería vertical y mía. Te en
salivé los pezones. Con los labios hice círculos, rectángulos, espirales. Acudí al llamado eléctrico que le hacía tu cuerpo al mío.

Me abriste las piernas. Tu humedad entibió mi deseo. Entré despacio. Quería sentir hasta el fondo, engarzado a ti, empujándote con la pelvis. Salgo. Entro. Salgo. Entro.

Un pedazo de arepa frita cae del plato. La perrita ladró. Miré el plato y parte de los espaguetis estaban en el suelo al lado de una tajada y un pedazo de arepa frita. Mordí otro pedazo de pan y volví a mirar las nubes.

Arriba seguíamos tocándonos. Estabas e
n encima. Te movías. Te dejabas caer hasta mi pecho y me besabas los cuatro vellos que por cosas de la sinrazón allí me nacieron. Seguías besándome hasta el ombligo, incluso más abajo. Cerré los ojos. Indefenso me entregué a la sensación.

Rodábamos en las nubes. Te besé la entre pierna. Me bebé tu olor. Te bebí. En mi boca tus estremecimientos. Salada y dulce era tu desnudez. Rodábamos sin miedo a caernos. Volábamos. El aire nos comprimía. Éramos aire con piel y deseo. Aire en deporte extremo. Aire que buscaba sur vientre arriba donde la oscuridad respira. Aire unido al temblor que produce la altura. Aire en la danza del instinto en una coreografía de subí y bajas y embestidas.

Ya no masticaba. Sostenía un pedazo de arepa frita en los labios. Lelo miraba. Lelo sostenía la arepa en loa boca. Lelo me
sorprendieron algunos gránulos de sal en los labios y me limpié sin dejar de mirar.

Embestidas, gemidos, gritos, suspiros, caricias, sudor, nubes, besos, senos, ojos, senos, labios, senos, espalda, senos, estremecimientos, senos, senos y tetas. Penetración con los 5 sentidos.

Te llené el cuerpo de besos como si con cada beso intentara atar a ti una estrella, como si mi saliva fuer
a alfileres para pegar en tu piel, tu piel de noche, lucecitas en desorden. Te besé los párpados porque que tras ellos habían dos lunas en creciente.

La perrita ladró y la miré. Pedía espaguetis, más espaguetis. Ella se comió gran parte del almuerzo. Le tiré el último pedazo de pan. Intenté mirar las nubes y vi solo nubes. Nada más que nubes. Me busqué y te busqué y nada. No insistí. Lavé los platos. Miré la perrita que me miraba. La miré fijamente. Le saqué la lengua. La perrita miró hacía otro lado. Sonreí.

Me dirigí al cuarto. Me tiré en la cama. No quería hacer nada. Miré el techo. Miré la ventana y esperé. Me preparaba para ser soñado. Porque lo soñado cuando es soñado con todos los sentidos sueña quién lo soñó sin escapatoria. Por eso desde ayer te espero con tu sueño volador, con tu sueño húmedo, con tu sueño de gemidos traslucidos, con tu sueño de nube, con tu realidad de nube eléctrica. Mientras, miro el cielo con sed, ansioso.

5 comentarios:

El otro viernes, diciembre 05, 2008  

¿Donde es que vos vivis?, yo quiero un puestico es esa misma ventana. Si me llevás, yo invito al almuerzo.

el perdido sábado, diciembre 06, 2008  

claro, con todo el gusto del mundo

Cesar sábado, diciembre 06, 2008  

camilo,
¿en donde estamos?

... tan solos

yo,  lunes, diciembre 08, 2008  

tenía el cuerpo más parecido a un alma que haya visto en toda mi vida...

Anónimo,  martes, diciembre 09, 2008  

que descache de blog.

¿y ahora, que vas a responder en tu defensa, o que no?

Publicar un comentario

Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

  © Blogger template Simple n' Sweet by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP