Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La pelea

>> sábado, 13 de diciembre de 2008


Trabajo en un bar hace varios meses. Meses en los que la noche es el escenario de mis impresiones. Bueno, no más bagatelas, al grano, esto no es un acto poético sino una anécdota. Luego hablaré del bar, de su gente, de su espacio, del sexo, del licor.

En el bar peleé. Y fue muy diferente a lo que me había imaginado. Antes caminaba por la calle e imaginaba que me daba a golpes con un transeúnte. Que le partía la cara con mis manos. Siempre había creído que a la hora de golpear a otro lo haría con palmaditas. Pero cuando el transeúnte me miraba inclinaba la cabeza y seguía de largo. Me daba pánico que hiciera mi sueño realidad. Un cobarde por naturaleza.

Al bar llegó un tipejo y fue directo al baño. Cuando salió, después de orinar, de tocarse el pájaro para tener fuerzas de realizar su cometido, empezó a tumbar las sillas y las mesas y a patearlas. En ese instante hablaba con otro man sobre la crisis del dólar y el desempleo que ha ocasionado. Tenía un vaso de agua en la mano.

Miré como caían las sillas. Llamé al intruso.

- Oee

Él me miró y sin pensarlo le lancé el vaso. Luego salí y sin saber cómo, sin explicarme el por qué de la reacción, me enceguecí. Lo puñetee. Fue fantástico. Hubo un momento en que me veía a mi mismo dándole puños y sonreía. Era extraño. No sentía los golpes que le daba y más le daba porque quería sentir en la mano lo que era reventar a otro.

Las gafas cayeron lejos. El man se levantó medio atontado y se marchó. Empecé a buscar las gafas. Las encontré. Les faltaba un lente. Lo busqué. Lo puse. Al ponerme las gafas estaban empañadas. Las limpié. Lo curioso es que en el ajetreo se arreglaron las gafas. Antes las había dañado, me había sentado en ellas y me quedaban torcidas. Pero con lo de la pelea quedaron como nuevas.

La mano se hincho. Trabajé igual. Ese día me invitaron a varías cervezas. Fumé hierba. Era una especie de superhéroe de pacotilla. No estaba ni triste ni alegre, solo tenía la mano hinchada. No tenía rencor, solo dolor de mano. Al llegar a casa me miré la mano y me quejé. Era horrible el dolor.

Ha pasado una semana y no he vuelto a ver al tipo. Me gustaría verlo. No sé bien por qué, pero verlo. Pues todavía tengo la mano izquierda buena.

4 comentarios:

Cesar domingo, diciembre 14, 2008  

cami, no te vuelvo a frentear en comentarios. a lo mejor me das un gancho de izquierda con potencia de nube...

Alpha Orion domingo, diciembre 14, 2008  

Vaya, que violento sós, la verdad es que no me parece que te jactés de ello.

Anónimo,  miércoles, diciembre 17, 2008  

El primer golpe es algo parecido a la yerva, con el tiempo sentirás otras necesidades.
Un hombre verdadero necesita llegar al homicidio. Eso nos lo dijo Profirio Barbajacob,aunque para fines prácticos en nuestros tiempos de leyes que no permiten a todos los hombres ser hombres, sino sólo a aquellos que son útiles para el sistema, te aconsejo alquilar un Xbox.

Att: Isaak

lylublu domingo, diciembre 21, 2008  

Yo no te imagino a vos en esas, tan inofensivo que pareces.

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