Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Llamado al egoísmo

>> miércoles, 16 de julio de 2008

Lo mejor del encierro he sido yo. Fueron dos semanas conmigo mismo. Lo único que hice fue afirmar al niño que llevo adentro. Salí más niño y más egoísta de lo que entré a mi cuarto.

Llevo varios años buscándome. Y lo único que he logrado es potenciar al niño que llevo dentro. Es ahí donde está el origen de mi personalidad, mi espontaneidad, mi yo esparcido y concentrado.

Volver a la inocencia es el camino. Cada vez afilar más el asombro, las ganas de vivir y celebrar todo aquello que te afecta. Si una incertidumbre, si una tristeza, si una melancolía te llega, celebrarla.

Renunciar a las seguridades, quitarse la venda, atreverse a ser egoísta. Olvidarse de los amigos, la familia, las mujeres para estar con uno así sea un ratico.

No perder la capacidad del asombro. Volver al estado del infante en el alma. Es ahí donde el individuo es egoísta, es él y encuentra su espontaneidad, su originalidad. Es ahí donde el hombre empieza a ser el mismo, a aceptarse, a asumir sus limitaciones como virtudes.

Yo por ejemplo, he empezado a contar mis perversidades desde mi inocencia, desde mi capacidad de asombro, desde el no juicio, porque el juicio coarta la imaginación, porque adquirís la manía de imaginar lo que te parece bueno y te beneficia y te negas otras alternativas.

Si, puede ser un pretexto volver a la inocencia para mi aceptación como individuo, pero me agrada y es mi elección. No es mala ni buena esta elección que tomo, es solo una elección, una posibilidad, un hecho que asumo y siento necesario. Es un camino a mí mismo, un canto de mi voz interna. Otros harán lo que les dicte su voz interna, su guía del instinto, su banda sonora del ser.

En este momento empiezo a jugar conmigo, con mis impulsos. Empiezo a escuchar la voz interna, a contradecirme, a experimentar con mis deseos, con mis debilidades.

Hace poco me dije que no me iba a masturbar y me masturbé a la media hora. Soy contradictorio y qué. ¿Quién puede decirme algo? ¿No soy imperfecto? ¿El alma no es imperfecta? Luego me dije que no iba a fumar y compré medio paquete de bostón. Eso me asusta. Me hace replantear muchas cosas ¿Será que lo que considero como realización del alma si esta regida por mi voluntad, por mi deseo de ser, o será un impulso, un accidente independiente a mí?

Uno tiene una voz interna que no escucha por estar tan aturdido de mundo. Una voz que te guía. Algunos la llaman corazonada y otros instinto. Pero viene siendo lo mismo, la voz interna. Porque no solo el aire comprimido que sale por la boca es lo único que se tiene para comunicarse con otros y con uno mismo.

Esa voz interna esta llena de rastrojo. Está en el fondo, porque se adquiere esa falsa convicción de la vanidad y la hace inaudible, insonora.

Para escucharla hay que dejar de escuchar la voz juzgadora de tu madre, la que te limita desde pequeño por su afán de educarte y decirte que esto es bueno y esto es malo para que seas alguien en la vida. El bien y el mal no son sino moral, idea de Dios, miedo cultural concentrado, represión del instinto.

Luego hay que dejar de escuchar el lenguaje de las apariencias, el que aprendes en el colegio, en la universidad, en las instituciones para agradar a las mujeres, a los amigos, a la sociedad. Ese ruido no es más que carencia de sí mismo. Adquirís modales establecidos, ciertas modas innecesarias, cierto modo de hablar, cierto comportamiento uniformado, cierto hipo genérico. Eso es opacar la propia voz.

Luego hay que dejar a un lado esa voz de los deseos superficiales, esa voz que te dice que debes salir adelante, ser mejor el día de mañana, progresar, conseguir una mujer, un carro, una casa, un celular, un portátil, graduarse de la universidad, tener una reputación, emplearse y estar bien remunerado. Puro artificio. Apenas conseguís lo material esclavizas el alma para mantener el lujo. Te vendes por la apariencia. Dejas de importarte por vete bien.

Lo necesario está en uno. Uno es la respuesta a todas sus preguntas y la pregunta a todas las respuestas y las no preguntas y las no respuestas. Lo que pasa es que se está tan ocupado en aturdirse, en no ser, en buscarse en las disco, en los bares, en los cafés, en los centros comerciales, en las mujeres, en la literatura, en la calle, en las apariencias que olvidas entrar a ti mismo.

Uno nace con una vocecita interna que lo guía, le dice que hacer, a donde ir. Se nace genio pero se emprende una empresa macabra de embrutecerse, de atrofiar el instinto, ocultar la personalidad y olvidar la espontaneidad.

Así como el árbol florece, el sol alumbra, el viento va y viene en todos los sentidos, el pájaro canta, uno habla y piensa y se peina y sufre y ve y escucha desea y se muerde la lengua y muere. Se es otro milagro de la naturaleza. La vida son posibilidades de vidas y no una vida programada.

Uno se niega las posibilidades por los beneficios de las apariencias y se olvida de sí mismo, porque es más cómoda la vida del otro, los errores del otro, las carencias del otro. Lo de uno es un problema y una vergüenza. Pero en esa vergüenza está la magia del instante, tu voz, tu originalidad, tu ritmo.

Al final se descubre que en uno solo hay espacio para uno. Hay que empezar por ser egoísta. Luego uno es todos los espacios, todos los caminos, todos los egoísmos.

1 comentarios:

C miércoles, julio 23, 2008  

cami, lo del encierro fue por una varisela... pajizo.

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