Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Detrás de toda mujer delgada hay un paisaje oculto

>> lunes, 28 de abril de 2008


Un Amigo, Julián, me dijo hace mucho tiempo que toda mujer llamada Sandra es un misterio y una confirmación con los sentidos. Estoy de acuerdo. Pero lo que le faltó agregar a Julián es que si además era delgada era dos veces un llamado a los sentidos.

Ella se llama Sandra, vive en Don Matias y estudia Enfermería en la Universidad de Antioquia. Ella, como ya sospechaba, resultó ser una mujer para sentir con los 5 sentidos. Cosa que por estos días está en vía de extinción en las mujeres. Las mujeres de ahora son mujeres de dos sentidos: la vista y el tacto. Veo, toco, toco, veo y huyo. Ella, Sandra, la mujer que se piensa con los 5 sentidos, es un mundo por dentro de su delgadez. Lo compruebo.

Sandra, descubrí, es crepúsculo por dentro. Sí, así como suena, un crepúsculo por dentro. El caso es mirarla bien. Ella a simple vista no es más que una mujer delgada. Pero si se le mira, si se deja que los ojos se le queden mirándola, así no más, como si no se le mirara, se descubre algo mágico. Sí, se siente una piquiña detrás de las orejas, la misma que se siente cuando uno ve a la mujer que le gusta y ella sabe lo que uno siente y ella siente algo parecido. Ese zumbido, hallazgo del hallazgo, es una invitación a que entres al parque que ella es y oculta. Sí, una mujer delgada e interesada cuando quiere arrugarte el corazón y la camisa se abre por dentro. Se te voltea al revés. Entonces lo que se siente detrás de las orejas es el zumbido de una puerta que se abre. Una puerta invisible a la mirada del instinto y el deseo. Porque detrás de toda mujer delgada, cuando se le mira la delgadez con duda, con asombro, se descubre una puerta a ella, a un paisaje de ella, a un pedazo que es ella y cela, a un pequeño paraíso oculto en ella. Claro, solo es posible pasar la puerta si ella lo permite.

Sandra me abrió la puerta. Dejó que yo entrara a ella. La clave era verla tanto que pareciera que no la estuviera viendo para que su delgadez fuera un camino y no un limite a ella.

Entré en Sandra y vi que ella por dentro es un paisaje, un paraíso, un parque de reserva natural. Pensé que si abrazaba a Sandra con fuerza sería posible que a ella se le sallieran algunas nubes por las orejas o el copo de un árbol por la boca o un pájaro por la nariz. Pero al abrazarla con fuerza solo le torcí el cuello. Su paisaje interno esta muy bien pagado por dentro.

Sandra, lo confieso, por dentro, después de su delgadez, es un crepúsculo con todas sus variaciones y paisajes.

En Sandra, por dentro, hay un sol deshilachado, cual casco de zapote, para calentarte los huesos. Y literalmente me tiré en Sandra, por dentro de Sandra, a calentarme los huesos, a sentir el sol-Sandra dorándome la piel. También me recosté en uno de los tallos de los tantos árboles que crecen dentro de Sandra para ventilarme el corazón, y quedarme embelezado con las montañas que hay dentro de Sandra, montañas cansadas de ser vistas con deseo y descuido, montañas vírgenes al tacto de los ojos, montañas torturadas de ser vistas de la manera indebida, de ser tocadas de la forma incorrecta, de ser besadas con los labios de la prisa y el cansancio.

Sin medidas ni esperas ni radares ni métodos miré a Sandra por dentro. Me quedé hechizado con lo que había y hay tras la delgadez de Sandra, porque Sandra es una línea que es circulo y cuadrado y rombo y triangulo y sonrisa y cielo y rectángulo y nube y abrazo y poliedro y mujer y aire y cinco de la tarde y lluvia y sol casco de zapote y hombre dormido.

Me dormí por dentro de Sandra, por lo que se ve más allá de lo visto, donde dormir es anochecer. Anochecí con el nombre de Sandra en la boca. Y su nombre fue dulce en la boca. Cada letra fue como un trocito de chocolate derritiéndose en la lengua, una explosión de escalofríos. Su nombre bajó por la garganta endulzándome por dentro. Su nombre me descubrió por dentro, me vio por dentro, me abrazó por dentro, me asustó por dentro y me desperté de adentro hacía afuera.

Me sentí extraño con tanta maravilla y me alejé de Sandra, de lo que había y hay dentro de ella, ese jardín, ese bosquecito hecho a la medida de mi descanso, ese pedazo de naturaleza al que fui a asustarme. Me alejé de dentro de Sandra para volver a ver su delgadez, la que mal acostumbrado estoy a mirar. Preferí irme para volver muchas otras veces. Igual a un hombre desconfiado las buenas noticias son más peligrosas que las malas noticias. Pero mientras me salía de Sandra, de sus paisajes, le dije Sandra como si la tocara, como si al pronunciar cada letra de su nombre tocara cada poro de su cuerpo, cada insinuación de su desnudez. Porque al deletrear su nombre, admití y admito, que estoy sintiendo a Sandra, estoy siendo yo dentro de Sandra y dejando que ella sea una mujer para los cinco sentidos, una mujer, la mujer, que atardece y sigue atardeciendo en mis ojos.

2 comentarios:

Anónimo,  martes, abril 29, 2008  

Perdido, vos tenes un rayón serio. Pasas de tratarnos a las mujeres como utensilios del deseo. luego nos mostras como el camino a la salvación. No sé, sos un caso interesante para la sicologia. A mi me interesaria conocerte pero tambien me da miedo. Mejor te leo, desde hace rato te leo. ME gusta leerte, sos tan raro, tan indifinible, tal debil, tan fuerte, tan irrverente, tan puritano, tan maldito, tan angelical. Brincas de un extremo a otro, como una aventura. Pero seguí con tu blog porque tus textos me alegran y me a sustan.

Max Gallinazo jueves, mayo 01, 2008  

dios mio, cami. tengo un mal presentimiento. en tu prosa abundan ya tantos pasajes maravillosos que temo hayas aprendido a escribir definitivamente. este texto sobre Sandra, a quien no conocemos, pero que ya todos quisieramos tener en frente, me caya la boca. se me va haciendo dificil escribir sobre las mujeres, cuando leo a un tipo que por años las maltrató tanto (psicològicamente) sin que dejaran de ser para él, al mismo timpo, una gran dirección de tu vida. no digamos el sentido. el sentido es otra cosa. ya hasta tienes, y lo digo con alegría, cautivado a uno que otro lector desconocido! "sos tan raro, tan indifinible, tan debil, tan fuerte, tan irreverente, tan puritaino, tan maldito, tan angelical..." Y lo más bello es que son todas palabras que en serio te describen o intentan hacerlo.
pero dejo claro que esto no es un elogio. es una serie aseveración. me parece preocupante.

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