Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La mujer televisión

>> sábado, 11 de agosto de 2007

El hombre llega a una cantina, pide una copa con aguardiente y dice Malparido. Alza la mano y sorbe el licor. Se concentra en la pantalla del televisor ubicado en la coyuntura del techo y la pared, parte superior-izquierda de la barra.

El hombre mira con peculiar atención a la mujer que aparece en la pantalla de ese aparato. La desea. La mujer sino es modelo, es una presentadora de noticias o una protagonista de novela.
La mujer es bella, su rostro no tiene fisuras o imperfectos estéticos. Ella es la mujer perfecta, la mujer que vive dentro de la caja.

En caso de que el hombre le de por destapar la caja o la carcasa del televisor, encontrará solo cables y circuitos en vez de un harem de mujeres bellas.

Aún así, el hombre de entre los cables visualiza caderas, pechos, piernas, nalgas y rostros de las mujeres televisión. Cierra los ojos, aprieta los dientes e imagina sus más inalcanzables deseos.
El hombre paga la cuenta, se toma el último aguardiente y vuelve a casa.

En casa lo espera una mujer de carne y hueso. Antónimo de la mujer televisión. La mira de pies a cabeza. Sus cabellos rebujados, su boja desproporcionada al tamaño de los ojos. Él sonríe de desconsuelo, como gesto de resignación. La culpa por ser su mujer y no la mujer televisión.

El hombre le recrimina a su mujer que tenga mal aliento, que huela a sopa de fideos, que se preocupe por él y le pregunte como le fue.

El hombre sabe que su mujer es lo más real que tiene y es lo único que lo hace sentir hombre, pero algo en él se niega a aceptarlo.

Entonces medio saluda a su mujer para motivarla a servir la comida. Se dirige como un sonámbulo a la sala y se sienta al frente de la televisión imaginar motivos para divorciarse.

1 comentarios:

Anónimo,  viernes, agosto 17, 2007  

oe, viejo. este tema se lo robaste a arjona. se llama mujer de telenovela, hasta le suena mejor al tipo... jejeje.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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