Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El patriarca

>> jueves, 23 de agosto de 2007

El hombre es un ente reproductor. Su paternidad pasa a segundo plano por el instinto.
El hombre no está diseñado para entregarse a los hijos. Su espíritu de premiador insaciable, de macho ejemplar, de semidiós agripado y de aventurero lo lleva siempre a ser un tipo insensato, incapaz de fijarse en la cotidianidad del hogar.
El llanto de un niño, la lista del mercado, la administración de la canasta familiar, la educación de los hijos, entre otras cosas, lo alejan de su hombría. De ahí que delegue a la mujer sus responsabilidades inmediatas.
Él, por orgullo, no se atreverá a tomar una trapera, a leerle un cuento a sus hijos. Para él son trivialidades y el hombre que las hace es afeminado.
Si un amigo lo pesca en actividades domésticas le recriminará. Ha perdido el poder de la casa, su autoridad flaquea, de seguir así aprenderá a menstruar.
Para él su lugar en la familia es conseguir el dinero para comer, pagar los servicios públicos, el arriendo.
Por su rol de máquina de hacer dinero pide que se le rinda pleitesía, que no sea debatido, que se le respete porque es el único que piensa, porque sin él no es posible sobrevivir.
Entonces se le debe aceptar la infidelidad, los golpes, las borracheras.
Es un manipulador admitido. Se acostumbró a ser idolatrarlo. Mientras trabaje lo demás no importa.

1 comentarios:

Sergio Alejandro Henao viernes, agosto 24, 2007  

Claro, hablas de un tipo de patriarca paisa (pues no conozco otros departamentos de los cuales pueda hablar de su idiosincrasia con propiedad) que durante los últimos 4 siglos ha mantenido en alto su machismo irrevocable. Pero creo que es un error generalizar y decir que "el hombre", como si fueran todos los hombres.

Es claro, algunos hombres todavía asumen ese rol de machos de la manada, pero no es todos, pues no debemos desconocer que hay también matriarcados en los cuales el hombre es el subyugado, la victima.

Por ejemplo, el esposo de mi tía barre y trapea. Mi amigo, el de la oficina del lado, saca el domingo entero para ayudarle a su esposa a barrer y trapear, inclusive hace la comida. Mi hermano, viviendo con dos mujeres, era el que cocinaba, barría, sacudía, trapeaba, el fin, la cachifa. Y puedo seguir con muchos ejemplos más.

Sucede también que con ese famoso pretexto de que “la mujer es la sometida por un prejuicio social, y por que culturalmente etc.” Se nos ha vendido la idea de que la mujer es una perfecta victima del hombre que es un delincuente común “un animal que no quiere a nadie”. Esa idea también es un prejuicio para justificar la impotencia, la falta de voluntad y de fuerza del género que a si misma se reconoce como débil, y se atreve a recriminarnos por eso.

El machismo como ideología, como rama de alguna teoría constitucional humana, lo acuñaron ellas mismas, en vista de su incapacidad para levantarse y protestar. Pero eso fue en un siglo donde si, hay que admitirlo, el hombre tenia un respaldo social para someterla. Las instituciones eran permisivas con eso. Pero hombre, ya es otro tiempo. Son ellas las que quedaron atrapadas en la historia, así que no creo que sea necesario acudir a salvadores que revindiquen su condición de “condenadas culturales” las olvidadas de la justicia. Bah!! Puro discurso de mártir.

El fin, el tipo de hombres que mencionas son algunos y no todos. A mí por ejemplo, cuéntame como uno más de esos, del patriarcado.

Suerte.

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