Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El encantador de olvidos

>> lunes, 3 de abril de 2017


Durante años fue un hombre escurridizo porque mascó tierra y olvido en nombre del amor. Después, el amor se le cayó de la cama y se fracturó de gravedad. Desde entonces ha partido de cada relación mientras no sienta en las tripas el arrebato irracional y espontáneo de la vida. Por ello, se ha habituado a la palabra “adiós”, ha aceptado no mirar a atrás, ha hecho de la despedida un antídoto contra el apego, ha visitado tantos lechos como le ha sido posible, ha llorado de solo y de acompañado, ha olvidado en tiempo record... Sin embargo, desde hace días sus ojos están más grises. Parece que su corazón se le quedó anclado en un recuerdo que no encuentra en su inventario de amores furtivos.

2 comentarios:

María Perlada martes, abril 04, 2017  

A veces parece que los recuerdos pesan en el corazón, pero hay que seguir adelante, siempre caminando.

Un placer leerte, mi querido amigo Juan Camilo.

Besos.

Juan Camilo martes, abril 04, 2017  

Maria

Tus comentarios como agua fresca para estos espacios tan impersonales.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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