Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


Contradicción, divina copa de vino

>> jueves, 13 de abril de 2017



Alonso estaba en su casa con la firme determinación de empezar hacer bien las cosas. Después de cierta edad empezó a cansarse de la bulla y la rutina disfrazada de asombro en las noches de fiesta. Siempre era la misma soledad, la misma sensación de estar incompleto, la misma desesperanza de buscar la plenitud que solo duraba unos segundos: la ebriedad antes de la borrachera o el orgasmo antes del hastío. Así que decidió quedarse un tiempo prudente consigo mismo. Al cabo de unos días deseaba volver al bar, a las mismas canciones, al aturdimiento de la fiesta. Como pudo y con mucho sacrificio permaneció en la casa. No mucho tiempo después lo llamó una amiga que lo extrañaba y quería visitarlo. Él se alegró de recibirla.  Pese a su determinación de estar solo empezó a mirarla como un cautivo recién liberado. Ella, con sutileza, destapó la botella de vino. 

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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