Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La mujer que tal fui en vidas pasadas

>> jueves, 3 de noviembre de 2016



Antes de ser el que soy, el escritor, el andariego, el prospecto de buen ciudadano, fui muchas veces mujer. En sueños me llegan retazos o imágenes sueltas. Soy otro ser, en otro cuerpo. Y al despertar quedo con la sensación de haber estado con tantos amantes como dolores. También, que amé tanto la carne que encerré al espíritu  en el retrete. Pues, mi único interés era saciar el deseo del cuerpo, el que se agota con el tacto. 


Ahora,  con lo que soy y con esos vagos recuerdos, he sido una especie de don Juan, no por el éxito con las mujeres, más bien por el enredo con ellas. Pues he amado mujeres menores, predecibles, que me aburren y me agobian. Asimismo, mujeres mayores, indómitas, que me asustan y huyo. A todas, les he otorgado el poder de organizar mi intimidad por colores, por formas y días. 

Ellas, con sus cuidados, han formado la imagen de mi madre. Cada fémina una línea del rostro de la progenitora. Por ello, he sido su hijo contemporáneo. Pero los hijos crecen y en gratitud a lo recibido, abandonan a su madre.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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