Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Un poema

>> martes, 22 de noviembre de 2016


A los que nos gusta escribir versos nos encontramos que no siempre podemos hacerlo. Sea porque repetimos un verso anterior, sea porque no llegan las palabras, sea porque estemos muy apacibles o lo contrario. Sin embargo, cuando llega un verso, uno que atrapa una sensación profunda, el gozo es incomparable. Es como una experiencia con la divinidad, si me permite tal comparación. Lo digo, porque algo de eso queda entre líneas, como un ritmo interno que brota como agua fresca con cada lectura. Por esa luz del verso que nos redime, invoco la luz para siga apareciendo entre líneas. Llamo esa llama cálida y tenue para que alumbre el verso. Para que surja del vacío, nido de la creación, un poema del aliento interior para que susurre en verso aquellas letras que dibujan signos en la hoja en blanco. 

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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