Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Un trapito al sol o un libro de trapo

>> domingo, 3 de enero de 2016


El libro A otra Cleotrapa con ese trapo de Nebur Zelev, publicado por Silaba Editores, podría no ser para niños, sin embargo, posee elementos importantes de la literatura infantil. Por ejemplo, corresponde a un sector específico de una población. En este caso, a la diferencia social de una familia pobre, con hijos, los “Santamaría” en Marinilla y una familia adinerada, sin herederos, los “Santa-María” en Medellín que los une la navidad. De esta manera, este libro aborda características étnicas y así inscribe su historia ─aunque no sea la pretensión del autor─ como un aporte a la literatura infantil regional.

La particularidad de este libro es que no se limita al convencionalismo de lo dramático, sino que abre sus posibilidades a las preguntas que invitan al lector a reflexionar: “¿El silencio queda en la torre de al lado o en un sótano de la Edad Media?” “¿Cuál es la diferencia entre un rincón y la palabra silencio?” “¿En qué se parecen un cuervo y una máquina de escribir?” 

Un punto a favor es el humor. Sobre todo porque es difícil de manejar ya que se requiere ingenio, sorpresa, contraste y gracia cuando la gracia es una manifestación interna. No se sabe muy bien de dónde nace, a qué se debe, pero está ahí y define el estilo de Nebur Zelev: “El Hada Madrina no está autorizada para mejorar la suerte de las criaturas de carne y hueso. Eso es cosa de los políticos.”

Además, la brevedad permite la expresión máxima de la condensación literaria y contiene la esencia misma de la narrativa. Lo otro, es que aparecen como accidente decorativo de un sótano referencias de cuentos y personajes de la literatura infantil tradicional: Cenicienta, La bella durmiente, Gulliver, Alicia en el país de las maravillas… entre otros.

Quizá, sean estos factores los que permiten dibujar un aspecto sicológico y sociológico de un personaje ficticio que a veces puede incomodar con sus elucubraciones porque requiere que el lector relea de nuevo algunas líneas. Cuando en este tiempo, el de la lectura rápida, el tiempo es efímero porque se vive a una velocidad, a veces, aterradora. 

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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