Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Reflejo mutuo

>> sábado, 17 de octubre de 2015


Ya te respiro. Sé que estás atrás del suspiro. Tu olor te delata. Digo tu olor porque sé de flores y por ello puedo identificar ciertos aromas, besos, abrazos y caricias. Las flores me han dotado de una sensibilidad que me permite mirar más allá de las cosas. No es que sea clarividente es solo que soy intuitivo. Ese no sé cómo que me hace percibir cosas en el otro es lo que me permite sentir que a ti también el amor te llama. Cuando el amor se nombra en lo más íntimo del ser emerge en una espiral de luz para percibir eso que se aproxima, eso que es a fin a tu campo energético o lumínico.

Ya viste las coordenadas de mi abrazo. Te invito a volar. ¡Abre las alas! Permite que el viento te lleve. Es hora de que confíes en la bondad del universo que todo lo organiza a su antojo. Permítete nadar en la fuente inagotable de luz que te otorga una felicidad a prueba de tristezas e insectos molestos.

En ese amor creceremos como bosque. En este amor florecemos juntos. En mí verás un abrigo para el frío y una hoguera para la noche. En mí podrás desnudarte y al tiempo notarás en ti bombillitas azules que te iluminan. Lo más seguro es que te llenes de flores. Entonces respiraré profundo para que mis suspiros, como abejas, se hagan contigo intimidad. 

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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