Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El lamento

>> sábado, 20 de julio de 2013

Durante tres noches, al menos eso es lo que recuerda su hermana, Aurelio se despertó a la 1:26 am y escuchó los lamentos de una mujer que lloraba al frente de su habitación. La tercera noche decidió abrir la ventana y ver quien era la que sufría. Pero sintió un frío muy fuerte en el cuello y un deseo irracional de salir a la calle.

3 comentarios:

María domingo, julio 21, 2013  

Me gustaría saber qué pasó después.

Un beso.

Innombrable miércoles, julio 24, 2013  

me encanta ese poder que tienes de decir mucho con poco...
saludos
carlos

Juan Camilo jueves, julio 25, 2013  

María
Es precisamente el después lo que hace interesante el antes. Un abrazo

Innombrable
Gracias por sus palabras. hace muchas entradas no lo saludaba. Reciba de mi parte un abrazo.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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