Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El privilegio del amor libre

>> domingo, 20 de enero de 2013


Lo poco que he elaborado del amor me lleva a suponer que lo bello del amor es el olvido porque solo se ama lo que se deja ir. En eso concuerdo con el poeta alemán Rainer Maria Rilke cuando dice que el amor es el encuentro de dos soledades. Por eso el amor libre exige estar bien con uno mismo y ese es un trabajo delicado. 

Si uno acepta el ave también debe aceptar el viento y todas las corrientes de aire. A veces uno quiere el ave, pero en jaulas, cuando es el vuelo en el ave el sentido de su existencia. Entonces encerrarla es negarle su existencia. Y no se puede amar algo que no existe para sí mismo. 

El otro es parte de esa energía que mueve todas las cosas, pero no es la energía que mueve todas las cosas. Eso hay que diferenciarlo porque el centro de esa energía está dentro de cada individuo. Ese centro es como una luz de vela que calienta todo el organismo y nos enseña a decir sí: Sí a la familia en la que nací. Sí al trabajo que desempeño. Sí al dolor que he vivido. Sí a la vida. Si a la muerte. Si a la posibilidad de empezar de nuevo… 

El sí modifica el espíritu porque cambia la manera de relacionarnos con las cosas porque con el espíritu se puede encontrar esa tranquilidad que se busca en el lugar equivocado. Me explico, a veces nos esforzamos por salvar a nuestros hermanos, nuestras madres, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestras parejas… y nos empeñamos en creer que debemos cargar con sus problemas. Estamos tan dispuestos a sufrir por ellos que cuando nos detenemos a pensar en lo que estamos haciendo es porque ya nos sentimos desdichados. El error parte de que hay que aceptar que no podemos salvar a nadie. Cada quien tiene que vivir lo que le toca. Es mejor utilizar esa energía que se destina en ayudar a otros para ayudarse a sí mismo. Ese, creo, en el fundamento del amor libre: “Quererse a sí mismo como uno cree que quiere a otro.” 

El amor libre exige volver a uno y empezar a identificar las cosas que a uno le gusta. Sin aplazamientos hacer lo que a uno le gusta. Con el tiempo se descubre lo que uno es. Cuando eso suceda, sin que se haya notado, habremos llenado el vacío y sentiremos que no necesitamos de nadie. Entonces viene la paradoja, llegará el ser que nos acompañará y velará para que nuestra luz interna no se agote. La luz del amor propio. El amor que llena la existencia.

1 comentarios:

LF miércoles, enero 23, 2013  

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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