Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La burbuja. Ejercicio de escritura colectiva

>> viernes, 9 de noviembre de 2012


A continuación un cuento a dos manos. Uno de los autores es Cristián Cadavid Palacios, actor y docente. El otro soy yo, el responsable de este blog. El ejercicio consistió en crear situaciones que el otro debía resolver. Espero lo disfruten tanto como nosotros. 

Él le susurró al oído: “Desaparece”. Ella lo miró y le contestó: “¡Cristián tengo el deseo como un niño chiquito jugando con un burbujero!”. Al instante soltó una carcajada mientras él continuaba con las burbujas y veía como subían y luego explotaban. La magia consistía en que la burbuja se sostuviera en el aire como una ilusión, como una caricia. 

Ella estiró una de sus garras y estalló una a una las burbujitas que él había fabricado en un afán de poeta niño. Él se sorprendió porque no contaba con ese imprevisto. Así que sacó de su bolsillo una bolsita de papel café y metió la mano. En ese momento salió de la bolsita un pájaro azul, más conocido como azulejo.

El azulejo se abalanzó sobre la dama de garras y le robó un beso azulado. Ella se asustó y vio como el pajarito dio algunos aleteos en el aire sosteniéndose unos segundos. Luego explotó como una burbujita. 

El hombre guardó en el bolsillo del pantalón su bolsita café. Tomó el burbujero e hizo unas burbujitas. Se montó en una de ellas y se dejó arrastrar por el viento. Pero antes de irse escuchó la voz de ella que decía: “¡Cristián tengo el deseo como un azulejo o una burbujita alada! Él sintió un frío en la espalda y la piel se le puso como piel de gallina. Entonces, de la bolsita café sacó una máquina de afeitar y se rasuró las piernas. Luego, como si no hubiera escuchado nada, volvió a recostarse en su burbuja. En ese instante sintió un olor a jabón desinfectante y levantó la cabeza. No podía creer lo que veía. Ella tenía los brazos abiertos y en su vientre, a tres pulgadas del ombligo, se divisaba el alba. Fue cuando observó que sus vellitos flotaban como azulejos alrededor de ella. 

Y burbuja con burbuja terminaron de darse un baño en aquella bañera parlante que relataba historias. Mientras, el agua recorría sus cuerpos sumergiéndolos en un eterno mar de palabras ahogadas. Colorín colorado, este cuento es una burbuja que ha explotado

5 comentarios:

Cristina viernes, noviembre 09, 2012  

Super interesante Juan, hay días que también quisiera viajar en una burbuja para vivir un hermoso sueño.
¿Quién no?
Un placer leerte, te dejo un fuerte abrazo.

Verónica C. viernes, noviembre 09, 2012  

Lo que entretiene hacer burbujas...
Yo las adoro.

Besos

Innombrable viernes, noviembre 09, 2012  

EL ARTE DE HACER BURBUJAS. INTERESANTE
SALUDOS
CARLOS

Belén R. lunes, noviembre 12, 2012  

Yo quiero una burbuja de esas que convierte en realidad tus deseos.
Me ha gustado el resultado de la cooperación entre ambos.
Un abrazo.

Juan Camilo miércoles, noviembre 14, 2012  

Cristina
Entonces no dejes escarpar esos días. Pues, le aseguro, lo que sucede cuando se vive un sueño es como un milagro. De verdacita.

Verónica
Las burbujas son como un embrujo.

Innombrable
Cada palabra es un estado de asombro. Algunas, como la palabra burbuja, genera una explosión de lucecitas en la noche. gracias por su comentario.

Belén
Gracias por su comentario. Hay ejercicios que divierten mucho. Un abrazo

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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