Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Calles fantasmas

>> lunes, 24 de enero de 2011

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Las calles de los pueblos pierden la magia de ser los patios traseros de los trasnochadores que siguen en pie, desgastándose, adoleciéndose, muriéndose de amor, ebriedad, poesía, vacío, conversación… porque la lluvia ha borrado todo rastro de sueño y la libertad fue aplastada por el asfalto.

Las calles son líneas hirviendo hacia una caldera donde se funde toda hospitalidad. Por algo, se aprende a caminar sin mirar porque se nos olvidó detenernos a observar algún balcón y saludar alguna anciana. Caminamos como un topo en la luz. Molesta mirar, estar, saludar, hacer una fogata, besar desde las tripas. Molesta Dios y los caminos. Por eso, permanecemos la mayor parte del tiempo encerrados, asustados, en busca de la ventana en el muro sin ventana. Estos no-caminantes en que nos convertimos condenamos el asombro y las miradas contemplativas a permanecer bajo llave. De ahí que no nos duela lo que sucede porque no sabemos lo que sucede.

Desde que dejamos que el afán colonizara el aire y las casas de tapias fueran remplazadas por edificios se nos olvidó sonreir, caminar descalzos, jugar balón pie y escondernos de la vecina que gritaba roja de ira “¿Quién pagará el puto jarrón? el que le trajo su marido de la casa de la amante. Dejamos de perseguir globos con un espejo, trepar muros, saltar andenes, llorar por una torcedura de tobillo o golpe en el dedo meñique del pie. Dejamos que las calles fueran invadidas por el transito que no llega a transeúnte.

3 comentarios:

Belén miércoles, enero 26, 2011  

Me has recordado a las calles de la ciudad en la que viví cuando era pequeña... llena de guijarros y restos de jarrones rotos :)

Besicos

MALENA jueves, enero 27, 2011  

A veces me alojo en la pensión de la nostalgia, y por unos euros evoco los juegos de tiza, las tardes noches de verano con un olor especial, los primeros besos...

Ahora somos elementos en serie, q deambulan por callejones oscuros, clones de lo q en realidad no queremos ser y sólo a veces nos detenemos frente a algún espejo, reclamando el rostro q nos devuelve... Sin embargo, todavía me adueño de esa libertad q anhelo los fines de semana cuando recorro lugares, paraísos recónditos donde la naturaleza todavía no se ha puesto del todo en venta, y sus gentes te siguen saludando y ofreciendo un tazón de caldo caliente y una conversación virgen, no contaminada con olor a puchero y a heno mojado...
En esos momentos siento q soy quién siempre quise ser...

Besos envueltos en nostalgia, Cami y abzs del alma...

Male.

Juan Camilo jueves, enero 27, 2011  

Belen
Grandioso que hubieran vuelto a esas calles, uno es de donde fue la infancia.

Malena
Gracias por sus comentarios. Sucede que siento cuando los leo como si fueras muy cercana. Sobre todo en este último comentario, tan sincero, tan intimo, tan tuyo.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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