27 de febrero 2020
Por Juan Camilo Betancur E.


La anciana indígena estaba sentada en su maloca con una corona de plumas, un tambor pequeño sostenido entre sus piernas y algunos cascabeles en el cuello. Tenía una especie de ruana de varios colores. Llevaba una vara en la mano que tenía talladas algunas figuras de animales. En la mano llevaba unas manillas con figuras precolombinas y fractales. Al lado estaba una joven de unos 20 años con un vestido enterizo, azul oscuro, con una cinta naranja en la cintura y unos collares diminutos en el cuello. La anciana con movimientos suaves tocaba el tambor y le hablaba a su aprendiz sobre sus antepasados, como si anticipara que esa era la última lección. 


—Nosotras vivimos apartadas de la civilización porque solo así podemos encargarnos de la vida espiritual de nuestro pueblo Inga. Nuestro pueblo es descendiente de los Incas de Perú. Y desde la época de Kapak Yupanqui, la tribu Mitimak (Ingas) era considerada una de las tribus más valientes. Tanto que en lengua quechua Mitimak significa (Mitikuy) irse y (Makay) pelear. Por eso, para el peregrinaje de nuestros antepasados, las mujeres chamanes se encargaron de cuidarlos. De esta forma el viaje por Quito-Ecuador hasta Valle del Sibundoy-Colombia, tendría éxito. Y eran necesarias las mujeres chamanes porque eran temidas y respetadas porque podían comunicarse con "Sué", el dios sol y con "Chía", la diosa luna. Por esto, podían utilizar sus poderes para derrotar a los enemigos porque podían maldecir y provocar accidentes. 

La muchacha interrumpió a la anciana para hablar. La anciana dejó de tocar su tambor y se quedó en silencio. Entonces la muchacha dijo: 

—Llevo mucho tiempo aislada en la selva y he aprendido hechizos contra el mal aire, rituales para escuchar a los ancestros, secretos para las picaduras de serpientes, ungüetos de hierbas para las infecciones, facultades para anticipar el futuro y así saber cuándo habrá buenas cosechas o tiempos malos. Creo que he aprendido todo lo necesario para ser una mujer chamán, sin embargo siento que todavía hay algo que me falta. Aunque sé todos los misterios me siento triste e incompleta. 

—Lo que falta —le dijo la maestra— ya no depende de mí. La magia, la verdadera, es imposible de aprender en los libros y en los rituales heredados de nuestras ancestras chamanes. Así que ha llegado tu momento, el de emprender tu propio camino y entender que la magia, la verdadera, depende es de la óptica de la maga y de su capacidad de encontrar el poder de su corazón. Ese poder es el amor. Sin ese poder, todo lo que has aprendido carece de sentido. Así que es hora de que marches y lo busques. 

24 de febrero 2020
Por Juan Camilo Betancur E.



Lleva mucho tiempo llegar a ser joven 
Pablo Picasso


El problema en Girardota y en la educación en general es pensar la educación por estancos: la familia, el jardín, la escuela. Y por un tiempo, la educación de los niños está a cargo de familia hasta que llegan a los jardines infantiles. A partir de ese momento los papás, desde que los niños están en los centros infantiles, paulatinamente empiezan a asistir menos a las reuniones de sus hijos, hasta que en la escuela muchos de los padres no vuelven a asistir a las reuniones y se desvinculan del proceso educativo de sus hijos. Cuando el proceso educativo es un proceso de transmisión porque todos: padres, agentes educativos y comunidad en general construimos el tejido social y podemos trasmitir lo mejor de nuestra cultura a los infantes para que tengan más herramientas para integrarse en la sociedad. Por tanto, la educación no es solo inicial ni por estancos sino para toda la vida e integral y por eso es de vital importancia pensarse la familia en los procesos de educación con la primera infancia. Por ello, “Me revientan los adultos, proyecto de promoción de lectura, de iniciación de yoga y de micro-crónicas radiales con la primera infancia”, busca por medio de la lectura de cuentos, de ejercicios básicos del yoga, manualidades, juegos y micro-crónicas radiales vincular a los padres en el proceso educativo de sus hijos. Esto gracias a un blog donde se publican las micro-crónicas radiales y los trabajos de creación literaria y que al ser consultado por los padres y familiares de los niños este blog se convierte en un medio de comunicación entre los padres de familia y un grupo cercano a los infantes. Y gracias a un formato tan grato como la radio, en este espacio comunicativo que posibilita el blog, se le puede dar voz a aquellas voces que para muchos no han sido tomadas en cuenta y que como todas las voces tienen el derecho a expresar y decir lo que piensan, sobre todo si el que habla es un niño. De tal manera, este espacio enfocado en un grupo focal: los infantes, pero que impacta a la familia ya que pueden escuchar a los niños hablar sobre temas como la amistad, las estrellas… y en este caso, preguntar a sus padres sobre las emociones, potencia las posibilidades de la infancia en el entorno familiar y así evitar que en el futuro sean actores del consumo de sustancias psicoactivas o de grupos armados. 

Además, en esta segunda fase, de programa de “Me revientan los adultos”, los niños saldrán de sus casas a buscar personajes, como pequeños periodistas. Para esto, se trabajará en las clases las preguntas, se establecerá un guión y luego los niños entrevistarán al personaje. Claro, todo con la autorización de los padres. Por tanto, este programa inicia con la entrevistas a los papás. Así que escucharán a los adultos respondiendo a los niños. De igual modo, aprovecho este espacio para invitar a los padres que se quieran vincular en esta iniciativa educativa con la primera infancia, me pueden contactar por correo electrónico: camirgo@gmail.com o al teléfono 3127959300 y así hacer partícipes a sus hijos de esta experiencia, que también estará en la Casa Cultural Talpa, un lugar soñado para la cultura en Girardota. 

Para esto, se parte de la comunicación como un proceso complejo de construcción colectiva de sentidos, por tanto, un proyecto como “Me revientan los adultos…” es interesante porque plantea un proceso complejo de construcción colectiva de sentidos, desde la mirada de los niños, con los padres de familia y los actores culturales del municipio de Girardota. Para ello se aprovechan las nuevas tecnologías de la comunicación, por medio de la internet y las micro-crónicas radiales para fomentar la cultura digital. De manera que un proyecto como estos se articula a las transformaciones culturales que ha generado la era digital en beneficio de la primera infancia. Por consiguiente, se supera la comprensión generalizada de la comunicación que está asociada a un proceso técnico de entrega y recepción de mensajes porque se reconoce al niño como un individuo de derecho, democrático, con actitudes y habilidades manifestadas desde el pensamiento y el lenguaje que le permitirá ser emocionalmente seguro, autónomo y capaz de establecer relaciones con él mismo, con las personas y el entorno. En tal medida, este proyecto es novedoso, porque no existe una experiencia que dinamice tanto la voz de los niños en el municipio y que esta voz, pueda ser tenida en cuenta por los adultos. 

Para ir concluyendo, este programa lo dedicamos a las emociones porque es importante la educación emocional en las familias para que los niños empiecen a darse cuenta de lo que sienten y aprendan, de esta manera, a descubrir las causas de sus rabias, tristezas, frustraciones, alegrías. Esto como un factor importante para que los niños puedan afrontar los problemas de nuestro tiempo como el estrés, la ansiedad, la depresión, el fracaso escolar, entre otros. Ya que desde un bienestar emocional se puede construir un mundo tangible, posible. Para esto estamos trabajando las cinco características de las emociones:

1. Autoconocimiento emocional: Se refiere al conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo nos influyen. 

2. Autocontrol emocional: El autocontrol emocional nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones para no actuar ciegamente. 

3. Automotivación: Enfocar las emociones hacia objetivos y metas que nos permita mantener la motivación y establecer nuestra atención en objetivos realizables.

4. Reconocimiento de emociones en los demás: Las relaciones interpersonales se basan en el lenguaje no verbal que sirve para detectar emociones ajenas y los posibles sentimientos que transmite un gesto, un tic… que ayudan a establecer vínculos cercanos con el otro. Además, el reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con ellos. 

5. Relaciones interpersonales: Una buena relación con los demás es la fuente imprescindible para nuestra felicidad. Esto pasa por saber tratar y comunicarse con aquellas personas que nos resultan simpáticas o cercanas, pero también con personas que no nos sugieran muy buenas vibraciones; una de las claves de la Inteligencia Emocional.



08 de febrero 2020
Por Juan Camilo Betancur E.
Hace poco llegó a mis manos un libro de poemas, sin autor, titulado Enjambre. Me inquietó que no estuviera firmado. Este detalle me interesó porque el autor no quiere recibir los créditos. Cuando esta época está plagada de poetas que frecuentan los escenarios, las lecturas, las charlas y esos eventos que algunos escritores anhelamos, a veces, más que la misma literatura. Pero no, aquí no es el caso y hay que celebrarlo.

Enjambre remite a las abejas. Título sugestivo, sobre todo por la triste situación de las abejas en la actualidad. Sin embargo, el libro es una colmena pequeña de 14 poemas-abejas, sin reina, que intentan vengarse de una sociedad liderada por políticos sin voluntad política que aman las ciudades, la deforestación y a la extinción masiva de especies. Ante esto, el autor se pronuncia en su poema Cállate tus ideas revolucionarias: “qué es la sociedad?/ hormigueros y más hormigueros/ produciendo desierto”. 

Por otro lado, el poemario, así no esté firmado, deja ver a su autor, como si se tratara de un personaje de cuento. Esto porque tiene los tres elementos de la creación literaria: el personaje, el ambiente y la voz. En el primero se personifica, en el segundo crea un ambiente para moverse y en el tercero establece una forma de expresarse. Así que trataré mostrar al autor, así no tenga idea de quién es, por medio de estos tres elementos.

El personaje: es escritor joven, de 33 años, citadino, andariego, incendiario y ebrio por la emoción. Estos detalles en conjunto dejan al poeta en la superficie de los sentidos y esto hace que a veces se distorsione la mirada revolucionaria (que desea trasmitir el personaje) en un dolor de vida ante el mundo. Por ejemplo, el poema Niño en busca de forma dice: “recuerdo que vagaba y no había nadie/ a quien quisiera ver y me entretenía/ tan fácil dando vueltas alrededor”. Estos versos evocan al solitario de largas caminatas que habla consigo mismo para acompañarse. No hay nada más deprimente e importante. Así también se ve en el poema Advertencia a los enemigos: “cuando escribo con mansedumbre escribo mal/ el signo de nuestros tiempos es la cobardía/ disfrazada de prudencia/ he acumulado 33 años de libertad para nada/ ya nadie arriesga el pellejo”. 

El ambiente: es la ciudad y a la noche. La ciudad se ve claramente en el poema Bloque: “hay algo detenido en las ciudades/ que no es el tráfico de la tarde”. Y la noche en el texto Insurrección: “siempre un nuevo plan en el bolsillo/ para batirse en la noche”. En ambos escenarios hay iglesias y parques. También calles con semáforos, policías, papas bombas y esquinas. Así se ve en el poema Soy el que vaga en la noche: “de vez en cuando me paro en una esquina/ afilada por la angustia y aúllo aúllo aúllo”. Y es en la ciudad, donde el personaje poeta deja ver sus obsesiones y delirios. 

La voz: es la tensión o tono que crea una atmósfera de intimidad. En este caso la voz está en el terreno de lo ilusorio ya que nace de un impulso incendiario, intrascendente y necesario que afirma la posibilidad de lo inaudito de un espíritu juvenil que abraza el dolor y la soledad. Por ejemplo, el poema Niño en busca de forma dice: “sombra estremecida por un viento nocturno/ en busca de su cuerpo”, como si el cuerpo del poeta fuera la misma noche, pero el cuerpo del poeta padece el dolor y le gusta. Así se evidencia en el poema Soy el que vaga en la noche: “una música de agujas cayendo/ me obliga a seguir andando”. Y anda solo. Y no hay nada más desgarrador que la soledad de un poeta joven porque tiene la mística de lo terrible, que le impide estar quieto. Tal vez, por ello busca silencio en la noche ya que no hay tanto ruido en la ciudad. Tal vez, necesita la soledad para escuchar la voz interior, la fundamental, como lo dice en el poema Mi voz: “como una canoa que se desliza velozmente/ sobre un agua tranquila/ sobre una agua turbia/ mi voz se derrama sobre las cosas”.


Alfredo desde pequeño se sintió atraído por los colores resplandecientes. Jugaba con muñecas y una máquina oxidada en la que imaginaba confeccionar los vestidos que se pondría. Sin embargo, se cuidada de no ser descubierto. Apreciaba tanto a su padre que no quería decepcionarlo. Su padre era rudo, amoroso y muy exigente. Su forma de educarlo era enseñarle a ser hombre, y para ser hombre había que hablar ronco, buscar problema, coleccionar amores furtivos, beber sin importar el dinero invertido y gustarle hasta el fanatismo el fútbol. A pesar de su ineptitud para cualquiera de estas actividades necesarias para ser un hombre, Alfredo aceptó que su padre lo matriculara en un club. Así que cierta mañana, su padre lo llevaba a matricularse en un semillero en las ligas menores del Nacional y se encontraron con dos ladrones. El  padre los enfrentó, como un hombre y como un verdadero hombre fue herido con varias puñaladas. Los ladrones huyeron y Alfredo vio a su padre hombre verdadero morir en sus manos. 

Ese recuerdo de la infancia le agrietó el corazón a Alfredo. Lo endureció como si fuera de roca para que ningún sentimentalismo lo afectara. Por tal motivo enterró sus sueños de infancia bajo la piedra que era su corazón. Incluso, pese a su naturaleza de chico sensible, se mostraba fuerte, varonil, brutal, violento… como un verdadero hombre, como le había enseñado su padre

Cierto día, cuando ya era adulto y trabajaba de administrador en una sucursal bancaria, cuando era cortejado por varias mujeres por su físico y actitud varonil,  dos hombres lo amenazaron. Alfredo los enfrentó, pero uno de los ladrones le puso una navaja en la espalda por lo que Alfredo alzó las manos. Luego, uno de los rufianes más que requisarlo lo tocó. Recorrió todo su cuerpo con cierta violencia y sensualidad. Alfredo recordó las muñecas, los colores resplandecientes, los vestidos que él fabricaría para sus muñecas… y aparecieron algunas lágrimas que ablandaron la roca que tenía al lado izquierdo de su pecho. El ladrón al verlo llorar le gritó: ¡Marica! y huyó, después de quitarle el efectivo y el celular, con su compañero. Alfredo no estaba del todo ofendido ni tampoco tranquilo. Más bien desconcertado porque había un impulso interior de renunciar a su idea de gran hombre, era como un impulso que había surgido desde su interior y ahora que flotaba en la superficie de su ser no podía ignorarlo. Así que lo único que sabía con certeza era que no volvería a su trabajo. Así que se dirigió a su casa, buscó efectivo, luego fue a un almacén y compró varios calzones y encajes de mujer. 



10 de enero 2020
Por Juan Camilo Betancur E.

Los libros también son una compañía a veces difícil porque te mueven el piso, te cuestionan. Y cuando uno se encuentra con los buenos libros sale distinto. 
Pablo Montoya 

Era el año 2004 y cursaba el tercer o cuarto semestre del pregrado de Periodismo en la Universidad de Antioquia. En los momentos en los que no había clase acudía a la biblioteca en busca de un libro. Estaba en el tercer piso leyendo unos cuentos de Cortázar. Fantaseaba con el libro “Bestiario”. Leía en ese momento el cuento “Carta a una señorita en parís”. Imaginaba al personaje del relato rodeado de los conejos que vomitaba y trataba de esconder en un armario. En esas, llegó un amigo, tal vez el amigo más lector que tengo, Mauricio Hoyos, y me dijo que había, en unos minutos, una clase de Pablo Montoya sobre Cortázar, pues se rememoraba al escritor argentino, en sus 20 años de muerte. Mauro acentuó que Pablo era un escritor que hacía poco había llegado de Paris. Además, Mauricio dijo que había tenido el privilegio de conocer a Pablo, un escritor muy erudito, pero que a la hora de leerlo se justificaba su erudición por la trama de sus historias. Así que fuimos al bloque 9, la Facultad de Humanidades, y nos infiltramos en la clase. Pablo nos vio y saludó a Mauricio. Luego continúo. Ese día hablaba sobre, “El perseguidor”, para Pablo, el mejor cuento de Cortázar. Pablo comentó el relato inspirado en Charlie Parker, el saxofonista de jazz creador del Bepop. También referenció la película “Bird” dirigida por Clint Eastwood, donde se ve el virtuosismo de Parker y su adicción al alcohol y las drogas. Pablo, con su discurso viajaba en el tiempo cuando hacía referencias sobre el jazz, sobre la literatura, sobre Cortázar. Su clase fue un bombardeo. Era tanta la información que uno tenía que bostezar para oxigenar el cerebro y así, poder atrapar algún otro dato. No obstante, salí con muchas ganas de saber más de Pablo. Así que me leí el libro de cuentos “Habitantes” (1999) con el que ganó en el 2000 el premio Autores Antioqueños. También el libro de prosas poéticas: “Viajeros” (1999) y su primer novela “La Sed del ojo” (2004), luego reeditada por Random House. En ese tiempo, las obras de Pablo eran pocas. Después de estas lecturas, quedé de acuerdo con Mauricio, que la erudición de Pablo no incomodaba en sus relatos. Más bien los embellecía. Por ese mismo año, en el 2004, Pablo también dictó un curso magistral en el Instituto de Filosofía llamado “Cuento largo o novela corta” donde leyó con sus alumnos un promedio de 16 relatos, entre los textos escogidos estuvo el magnífico relato de “Mario y el mago” de Thomas Mann. Se leían un texto por clase. Un ritmo vertiginoso y posible en un profesor como Pablo. 

Tiempo después, quise acercarme a Pablo, pero no supe que decirle. No me sentía preparado para hablar con alguien tan estudioso. Sin embargo, Mauricio se había convertido en una especie de alumno privilegiado de Pablo, por lo que pudo invitarlo a participar, sin que le pagaran por ello, como jurado en un concurso de cuento en Girardota organizado en un bar pequeño, cultural, llamado Debluss Bar. Claro, mandé un cuento y no pasó nada. No obstante, asistí a la premiación y Pablo, un hombre delgado, con un poco de barba, chaqueta y jean, habló de los cuentos y nos motivó, a los jóvenes, a seguir escribiendo. Por ello, habló de la importancia de leer para escribir bien. Dijo que el escritor escribe para sí mismo. Por ello debe incentivar la curiosidad y no temer a relectura. Por tal motivo, es necesario volver a los clásicos porque con ellos se aprenden cosas que apenas se pueden intuir. Pues para innovar es necesario conocer la tradición. Años después, esas reflexiones, las vi condensadas en un texto hermoso de Pablo “Otro Decálogo” donde habla sobre el arte de escribir. 

Posteriormente, ya graduado de la universidad, hice una serie de entrevistas alrededor de la lectura y escritura y tuve la oportunidad de tener esa conversación a profundidad que tanto anhelé con Pablo Montoya. Para abordarlo durante varios meses estudié su obra. Esta vez ya no era un escritor anónimo sino uno de los autores vivos más importantes del habla Hispana. Había publicado muchos más libros. Tenía las novelas: “Lejos de Roma”, “Los derrotados”, “Tríptico de la infamia”, estaba por publicar “La Escuela de Música”. “Tríptico de la infamia” le valió el premio internacional de novela Rómulo Gallegos en el 2015. También había escrito los libros de cuentos: “La sinfonía y otros cuentos musicales”, “Razia”, “Réquiem por un fantasma”, “El beso de la noche” y “Adiós a los próceres”. Además, ya contaba con reconocimientos como el primer premio del concurso nacional de cuento Germán Vargas en 1993. En 1999 el Centro Nacional del libro de Francia le otorgó una beca para escritores extranjeros por su libro “Viajeros”. “Requiem por un fantasma” fue premiado por la Alcaldía de Medellín en el 2005. También recibió el premio José Donoso en el 2016 y el premio Casa de las Américas, Premio de narrativa José María Arguedas en el 2017. Ante estos reconocimientos pensé que sería muy difícil acordar una conversación, por sus múltiples ocupaciones. Meses después, en respuesta a una carta que le escribí por email afirmó que “eso que llaman fama es lo más terrible que hay, sobre todo porque te quita toda la calma y el tiempo para sentarte a escribir. Ese es el problema de los grandes premios literarios: te honran y te joden al mismo tiempo”. Bueno, al menos me dijo esto después de entrevistarlo. Si hubiese conocido este detalle de la fama en Pablo, tal vez no le hubiese escrito ese email con la invitación a conversar sobre su obra. Luego, él respondió y acordamos conversar en la Biblioteca de la Universidad de Antioquia. Llegamos los dos a la hora acordada. Al principio estuve un poco prevenido, pero a medida que íbamos conversando quedé gratamente sorprendido por la generosidad de Pablo, el escritor que nació en Barrancabermeja en 1963. Así que amable lector, espero disfrutes esta entrevista así como yo disfruté hacerla. 

Si no me equivoco Pablo es el noveno de once hijos. Tu papá se llamaba Don José y era médico. En las noches él te contaba historias para dormir. ¿Es partir de ese momento que te nace la fascinación por la historia y por recrearla en tus libros? 
Es muy posible que venga de ahí. Bueno mi padre en realidad no me contaba historias para hacerme dormir, sino que mi papá, que era un hombre que le gustaba mucho el aguardiente, encontró en mí un oyente a sus delirios alcohólicos, digámoslo así. Recuerdo que él insistía mucho en “Los doce Cesares” de Roma, entonces él me hablaba mucho de Julio César, Augusto, Marco Aurelio. Me acuerdo que yo a los 10 años ya me sabía la lista de esos cesares. Yo creo que de ahí puede venir. No lo había pensado, mi interés por la historia. Bueno, yo ya en la adolescencia empecé a enterarme en realidad quiénes eran esos cesares. Mi padre los elogiaba a todos y casi todos eran terribles o fueron terribles como buenos poderosos que eran. Pero de eso me di cuenta después, pero mi padre incentivó, de algún modo, ese interés mío por la historia y mi madre por la lectura.

Más tarde, por esa época, tu hermana te enseña a leer como una especie de juego. Luego, tu mamá te despierta ese amor por la lectura, pues cuando llegabas del colegio la veías leyendo. De alguna manera, también tu madre te elegía la lectura, como condicionándote un poco. Eso lo cuentas en el texto que escribes en la revista “Leer y Releer” de la Universidad de Antioquia. En ese texto, además afirmas que la literatura te llegó por medio de las mujeres. ¿Podrías ampliarme más esa relación de la literatura y las mujeres? 
Bueno, yo siempre he estado rodeado de mujeres. Eh, tengo dos hijas, mi mamá y mi hermana mayor. Mi relación con mis hermanas es muchísimo mejor que con mis hermanos. Mis hermanas en la familia son más cultas que mis hermanos. Siempre he pensado que si el mundo estuviese en manos de las mujeres estaríamos muchísimo mejor. Lo que no descarta el horizonte de que muchas mujeres están en situaciones complicadas, alienadas, aplastadas, apabiladas, etcétera. Pero sí, la relación con mi madre en particular fue muy fuerte. Eh, mi madre me consoló mucho en los momentos de crisis que yo tuve cuando era niño y adolescente. Digo crisis porque mira, por ejemplo, cuando mi madre me llevó por primera vez a la escuela Juan María Céspedes de Belén, el primer día, para mí fue una tragedia separarme de ella y de la casa. Y yo me volé. Es decir, mi madre me dejó en la escuela y ella se fue para misa. Y yo me devolví para la casa y la esperé en la puerta. Cuando mi madre me vio allí me preguntó: ¿qué pasaba? Yo tenía siete años, quizás, le dije que estaba muy angustiado, que yo no era capaz de ir a la escuela solo, todo ese montón de muchachos y niños, los profesores… y todo eso me producía demasiado miedo. Ella me convenció, con su suavidad de siempre, y me llevó nuevamente. Y así comencé, de alguna manera, a habituarme a la escuela. Bueno, y esa censura que tú dices que ella produjo en mí en esas primeras lecturas, pues eran obligatorias. Las mamás no pueden dejar que el niño, voraz lector, que yo era, leyera todo. Ella escogía los textos. Generalmente eran cuentos para niños o clásicos de la literatura. Siempre he dicho que fui hijo… eh, cuando comencé a leer, de una mujer mayor, madura. Mi madre me tuvo a los 43 años. Cuando yo tenía siete ella tenía 50 años. Entonces mi madre entró a la menopausia y era una mujer que madrugaba mucho para atender a su batallón de hijos. ¡Imagínate todo ese trabajo para 11 hijos y su esposo! Eh, mi madre perdió la facultad de dormir a los medios días, la famosa siesta. Entonces en vez de hacer siestas se ponía a leer. Ahí era cuando yo llegaba de la escuela a la una de la tarde y encontraba a esa mujer leyendo. Esa imagen, con el tiempo, me ha parecido muy reveladora. Entonces sí, agradezco mucho a las mujeres que me enseñaron a leer, como el caso de mi hermana y mi madre. Bueno mi madre se asustó mucho cuando empecé a leer libros prohibidos como: “El manifiesto del partido comunista”, “El extranjero” de Camus, “El lobo estepario” de Hermann Hesse… cuando supo que estaba leyendo “El lobo estepario” mi mamá inmediatamente asoció la estepa con Rusia y Rusia con el comunismo y creyó que “El lobo estepario” era un libro comunista. Inmediatamente se dispararon todas las alarmas, pero bueno, todos sabemos que Hermann Hesse y “El lobo estepario” es un libro completamente individualista, anticomunista en su esencia, y yo explicándole a mi mamá que no se angustiara, que ese libro finalmente era un libro, no inofensivo, y que nada tenía que ver con el comunismo.

Ustedes viven en Barrancabermeja 16 años. Luego se trasladan para Medellín. Allí estudias cuatro semestres de Medicina en la Universidad de Antioquia. También estudias flauta. Después te vas a vivir a Tunja y abandonas la carrera. Entonces te ganas la vida como músico. Mientras tanto estudias Filosofía y Letras a distancia. Más tarde, en París continúas con tus estudios, tus lecturas. En conclusión, desde siempre te atrajo el conocimiento. Ahora ¿de dónde nace esa “Sed del ojo”, parodiando un poco tu novela, que te mantiene con esa permanente búsqueda del conocimiento? 
Creo que surge de esas lecturas que me acompañan desde niño. Pero es curioso, yo no sé, voy a decir algo que puede ser polémico, creo que muchas veces esos lectores, esos artistas, esas personas que están destinadas a ejercer las artes… se dan en medios inhóspitos. Bueno, no quiero decir que mi casa era inhóspita frente al estímulo de la cultura, pero no era un hogar como otros, donde se estaba hablando de cultura, literatura o música. Yo soy miembro de una familia de 11 hermanos y el único que salió escritor o con esta avidez de conocimiento, fui yo. ¿Por qué no los otros que también tuvieron las mismas oportunidades? Tal vez porqué yo le paré bolas el consejo de mi padre de que había que estudiar y mantener la curiosidad por el conocimiento. Bueno, era un conocimiento que mis padres consideraban con cierta reserva. Mi madre me decía: “hay que leer, pero no hay que leer mucho porque uno se podría enloquecer”. Tú sabes, el viejo mito que nos llegó con la contrarreforma de Felipe II, quien prohíbe justamente la entrada de libros a las cortes en América. Todo ese mito de que leer enloquece está claramente reflejado en el “Quijote”. Y eso yo lo tuve en mi casa por parte de mi madre. Está ese fantasma de que si uno lee demasiado se puede enloquecer, se puede confundir, cuando es lo contrario. Pues, si uno lee bastante uno va estar mejor informado y va a estar menos sometido a las manipulaciones que ejercen los poderes. No sé, también pienso en ese privilegio que tuve de haber accedido a la cultura, el conocimiento y de tener siempre esa curiosidad, esa sed por aprender. Pienso que hay una especie de característica individual, algo que viene con la persona, no es que uno esté predestinado, quizás sí, no sabemos. Pues todo daba para que yo fuera un médico o un sacerdote, que eran los oficios a los que yo estaba destinado. Y los médicos de entonces no eran considerados como unos intelectuales lectores. Había que ocuparse de la ciencia médica y curar enfermos. Entonces creo que hay algo de situación particular, como una especie de privilegio innato, sé que esto es polémico, pero bueno, me atrevo a decirlo. Porque te lo repito, en mi casa todos mis hermanos tuvieron las condiciones que yo tuve. Es verdad que mi padre y mi madre al ver que yo les paraba bolas, evidentemente me tomaron mucho cariño. 

Es evidente que la lectura es como una apertura a verdades, a hechos, a situaciones que le ayudan a uno a encontrarse consigo mismo. Es decir, hay libros que son como referentes estrechos hacia uno mismo. En esa medida: ¿cómo los libros han referenciado ese camino a ti mismo, a ese ser que eres y a ese conocimiento de vos que te hace tan universal y tan buen conversador? 
Los libros son una compañía. En principio son una compañía, pero los libros también son una compañía a veces difícil porque te mueven el piso, te cuestionan. Y cuando uno se encuentra con los buenos libros sale distinto. Yo me acuerdo cuando empecé a leer “Demian” de Hermann Hesse. Yo tenía 14 ó 15 años, quizás, no sé. Tenía en la cabeza, por mandato familiar, que iba a ser médico. Y cuando leí ese libro era otro. Yo quería ser eso, que estaba haciendo ese escritor. Entonces los libros y otras lecturas, que me angustiaron, angustias que tienen que ver con ese período la adolescencia, cuando uno tiene unas supuestas verdades establecidas, las verdades de la familia, las verdades de la sociedad, las verdades de la educación que recibí. Y de pronto cuando uno lee autores como Dostoevsky, Tolstói, Nietzsche, Schopenhauer, Camus, entre otros, a uno definitivamente se le cambia completamente el panorama. Las lecturas, a veces, son realmente estimulantes, en la medida en que son muy conflictivas. Ahora, en la medida en que uno se forma como lector, el nivel de impresión no es el mismo porque tú ya tienes todo un cúmulo de lecturas y ya no eres un ingenuo, ya no eres cándido, ya te han quitado la virginidad como lector. Cuando sucede eso, evidentemente uno sigue gozando el rito de la lectura, pero ya tiene demasiados, no sé si prejuicios, quizás, y ya lee textos y dice: “bueno eso no funciona, esto está mal hecho, esto va por una dirección que yo no comparto, etcétera”. Por eso, los últimos libros que leí, que me hayan cuestionado, se remontan a 10 años. De ahí para acá, cada vez estoy más convencido que es necesario volver a leer. Cada vez estoy más consciente, como decía Borges, de que hay un momento en la vida del hombre en que relee. Bueno, yo he sido un lector desordenado, adultero, como lo digo en el ensayo “Sobre la lectura”. No doy consejos para que los lectores lean determinados textos, ordenadamente. Pues, cuando he abordado ciertos autores que me han interesado, sí los he leído desde el principio hasta el final. Eso lo hacía cuando era joven. Leí a Tolstói, Dostoevsky, Camus, entre otros, en orden cronológico. Pero era porque tenía intereses particulares en esos autores que me ayudaron y me ayudan a conocerme y a conocer mejor a los otros y así comprender la sociedad en la que vivo, de dónde vengo. Creo que los libros sirven fundamentalmente para eso. No sé si los libros necesariamente sirvan para transformar el mundo, pero creo que sí transforman al lector. Eso es lo que espero de un buen libro, que me transforme, que ayude a comprender cierto fenómeno, pero yo no creo que los libros transformen raramente la sociedad. Bueno, de pronto algunos libros como “El capital” de Marx, quizás, pero no “La vorágine”, “María” o “Cien años de soledad”. 

En esas lecturas, Pablo, tengo entendido, eres un gran subrayador. Buscas en el universo de las páginas las ideas que te interesan. Esto sucede en el silencio. Por lo tanto, el silencio es importante para la lectura. Ahora, ¿cómo hacer para leer en la sociedad antioqueña que admira al mafioso que dispara al aire cuando hace gol el Nacional o el Medellín, cuando sucede el bullicio atronador de La feria de las flores, cuando la gente grita constantemente por cualquier cosa. Es decir, cómo leer en esta suciedad que parece que le asusta el silencio? 
Ha sido muy difícil para mí. Desde que regresé a Medellín en el 2002 ha sido una verdadera tortura acostumbrarme a la condición ruidosa de los antioqueños, de los colombianos en realidad. Aunque yo viví en Tunja nueve años y no tuve tanto problema con el ruido. Era músico en Tunja y en París tuve una experiencia del silencio. En París porque casi todas las casas tienen vidrios anti ruidos. No es que en París haya menos ruido que acá, es que los ciudadanos tienen esa posibilidad de poner vidrios anti ruidos. Aquí poner un vidrio anti ruidos es costosísimo. Entonces yo llegué aquí en el 2002 y hasta 2016 me he pasado casi 14 veces de casa por el ruido de los vecinos, por la intransigencia de la gente. Sufrí mucho con la Universidad de Antioquia porque me tocó desafortunadamente una oficina que da a un parqueadero, al conservatorio de la universidad que está hacinado y los músicos tocan afuera, y la Regional. Entonces el ruido es una constante. Yo me he acostumbrado un poco. En un tiempo usaba tampones, aún los uso para dormir cuando triunfa el Nacional o el Medellín, o cuando se le da la serenata mariachi a la quinceañera, o cuando la gente le da por emborracharse y… bueno, hay una falta de respeto en esta sociedad. Es decir, la universidad es bulliciosa y los estudiantes no siguen la clausura del silencio para la lectura. Además, están las redes sociales, los computadores, los teléfonos celulares… todo eso impide que haya silencio. Creo que ese es uno de los grandes problemas del hombre moderno, o al menos de los hombres de las sociedades occidentales modernas. Yo no sé cómo luchar contra el ruido. Sería aislarse, irse para el campo aunque en el campo están los perros, las guadañas, las vacas… claro, son otros ruidos, por supuesto, son naturales. Pero evidentemente yo no podría vivir a lado de un gallo que empieza a cantar a las cuatro de la mañana. 

Hay algo que me inquieta mucho y es que tu biblioteca es muy universal. En ella hay libros de historia del arte, historia de la música, literatura universal, entre otros. Y hago un paralelo con tu obra que aborda personajes históricos. Tus novelas generan ritmos y estructuras narrativas. Además los temas que abordas hacen tu obra muy universal. Entonces ¿tu obra universal por qué no está en tu biblioteca que también es universal? 
Mis libros están en la biblioteca de mi esposa, Alejandra. En un estante tiene todos los libros míos, casi todos. Bueno y mi biblioteca está organizada por orden alfabético. La parte de literatura colombiana empieza por la “A” y termina por la “Z”. En la parte de la “M”, Pablo Montoya, se encuentra en la biblioteca de mi esposa, que está en otro estudio. Durante mucho tiempo, casi 20 años, desde que me fui de mi casa, a los 19, a enfrentar el mundo del arte, que en mi caso fue muy difícil porque tuve que abrirme un espacio en un ambiente muy precario... no tuve el soporte ni la ayuda económica por parte de mi padre. Él no tenía cómo, era un médico en bancarrota. Además él me dijo que si yo me dedicaba a la música que no contara con su apoyo. Y todo el tiempo que estuve en Tunja, en París, en realidad no tenía plata para comprar libros. Eran libros regalados o los compraba de segunda. Pero desde que empecé a trabajar en la universidad, sí me desquité, como se dice y he podido hacer una biblioteca. Me gustan mucho los libros. Compro bastantes libros. Son mi compañía. Tengo una biblioteca de más o menos tres mil volúmenes, contando pues con la biblioteca de mi esposa. Ella también es literata. Casi todos los libros son de literatura, pero hay muchos que se ocupan de la historia, la música, el cine, la fotografía, la pintura. Hay mucha parte dedicada al ensayo. El ensayo es un género más de la literatura.

Tienes fama de escritor erudito. Se dice que el escritor erudito utiliza lo enciclopédico para esconderse porque es incapaz de interactuar con el mundo que lo rodea, ya sea porque es tímido o introspectivo. Por tal motivo siente la urgencia de exhibir sus conocimientos ante los lectores para sentirse validado y admirado por su inteligencia superior. Esto se ve en escritores como Ernesto Sábato, Germán Arciniegas, Giovanni Papini, entre otros. ¿En pablo Montoya lo enciclopédico o la erudición es una máscara de su personalidad o no tiene nada que ver? 
Bueno, yo hice una tesis de doctorado en la Sorbona. Y a partir de ahí, creo que entendí la noción de enciclopedia. Tal como la manejan los franceses, que es un concepto que se fortalece mucho con la Ilustración, pero qué sabemos tiene sus raíces en el Renacimiento, en el Medioevo y hasta en esos libros como la “Historia natural” de Plinio. Entiende uno que son grandes compendios del conocimiento antiguo. Creo que esa experiencia académica de hacer una tesis doctoral al modo francés y de asimilar hasta lo máximo, en la medida de mis posibilidades, esa noción de Ilustración, de erudición, fue muy importante para mi obra literaria. Yo antes de terminar la tesis de doctorado, que se la dediqué a la música y la literatura en Carpentier y en América Latina, ya había abordado el tema histórico. Había escrito unos cuentos sobre música, esos pequeños cuentos de “Viajeros” o prosas poéticas. Tenía un interés en este asunto del conocimiento. Lo que pasa es que en los libros que he escrito, todo ese montón de lecturas, las he pasado por el filtro de la imaginación literaria. Y lo que es “Viajeros”, “Trazos”, “Programa de mano”, que son pequeñas historias de la música, la pintura y el viaje, están alimentadas en un afán de conocer la historia de cada uno de estos dominios. Pero el reflejo literario es breve. Es cómo condensar ese montón de lecturas, de experiencias eruditas, digámoslo así, en pequeños textos poéticos. Además, creo que la erudición, sino hasta el servicio de la poesía, la literatura, no me interesa. Mejor dicho, mi erudición no es para asombrar incautos. Simplemente obedece a unos criterios literarios, como a unos principios, a unos postulados personales, que yo he debido, por supuesto, a ciertos autores. Creo que ese rótulo que se me ha dado de escritor erudito es porque estoy en un medio en que la literatura, hablo sobre todo en el medio colombiano y antioqueño, se ha convertido en un medio de expresión más popular, más cotidiano y no está muy interesado en indagar en esos aspectos históricos de la Ilustración, del conocimiento y yo pues, me metí por ahí. Evidentemente hago parte de una tradición, como tú dices, a esa lista que mencionaste, habría que agregar el caso de Germán Espinosa, que es otro autor que se la jugó mucho por la erudición y cuyos libros son mucho más eruditos que los míos. Igualmente hay un escritor que le ha apuntado mucho a ese juego de la erudición, es Enrique Serrano, en un libro que aprecio mucho que se llama “La marca de España”. Creo que la relación de la literatura con esa erudición histórica o con ese conocimiento artístico, nos viene a los colombianos del Modernismo y a los modernistas latinoamericanos les viene de Francia, particularmente. Y a los franceses, bueno hay una vieja tradición europea que se hunde en los griegos y los romanos.

A los 30 años decidís viajar a Rusia con unos amigos músicos, pero llegan a Francia. En París estudias Literatura, tocas flauta en el Metro, en las calles, das clase de español, entre otros oficios. En ese entonces escribes una postal donde dices esto: “Vivir en la ciudad ansiada es difícil. El precio es el desarraigo. Una suerte de marginalidad, que en algunos momentos aplasta. La nostalgia que duele como una pena de amor”, ese desarraigo, me corriges si me equivoco, aparece como desamparo en el texto: “En Colombia la violencia cayó sobre nosotros como un animal hambriento”, un texto agudo, donde afirmas que el desamparo es como una constante desde los tiempos antiguos, es como una marca, es como un exilio, un abandono. Este desamparo es evidente en tu obra, por ejemplo “Tríptico de la infamia”, con el que ganaste el Rómulo Gallegos. La pregunta: ¿es el desamparo la fuente de tu obra, la que te pone en el podio de los escritores más importantes vivos del habla hispana? 
No sé en realidad si el desamparo es la marca o el perfil que provocó que se me diera este premio, que lo que ha hecho es como descubrirme frente a los lectores. Lo que siento es que las literaturas que carecen de desgarramientos, de heridas existenciales, son literaturas que pueden convertirse en algo frívolo. Creo que las grandes literaturas son turbias, sombrías, estremecedoras, en crisis. La gran literatura es la que muestra la crisis porque somos una especie que vive en permanente crisis. Una de esas crisis es que aspiramos a la eternidad, a la permanencia como criaturas y somos efímeras, fugaces, corruptas. El cuerpo se va corroyendo, pudiendo hasta morirse. Y hay algo en nosotros que quiere permanecer, que no quiere dejar la vida, que quiere estar siempre gozando de los grandes privilegios de la existencia y de la vida. Creo que esta doble condición es tremenda y eso se lo pillaron desde hace mucho tiempo los seres humanos. Esto ha determinado que haya grandes obras. Yo no quiero decir, con esto, que la literatura no sea también el espacio de la fraternidad, el diálogo amoroso, de la cópula, del encuentro, de la concordia. Es evidente que una gran obra literaria debe tener también esos espacios. Y en mis libros también me he ocupado de esas cosas. Del erotismo, el amor, la perplejidad que provocan los desplazamientos, los viajes… de esos pequeños instantes epifánicos en los que uno se siente verdaderamente feliz de estar existiendo. Bueno, no sé, no sabría decirte si es esa marca del desamparo es lo que ha hecho que mis libros hayan trascendido, o que este “Tríptico de la infamia” haya trascendido, porque con respecto a los otros libros, te puedo asegurar que en ese momento, casi todos solo circulan en Medellín y en Colombia. Algunos ya se agotaron. Frente al caso preciso, de “Tríptico de la infamia”, creo que el jurado qué premió esa novela, por lo que me he enterado, fue por su factura literaria, por la manera en que la novela recrea el viejo asunto de la conquista de América, que todo se hace a través de lo pictórico y artístico. Creo que esos fueron los criterios fundamentales. 

Hay una frase hermosa que me gusta mucho de vos y dice: “El arte es una de las maneras que existen para dignificar al hombre en su capacidad de resistencia, y la más paradigmática para mostrar su deterioro. La labor del artista es necesaria: iluminar algún pedazo de ese territorio en brumas que siempre, a toda hora, está circundándonos”. La pregunta es, vos como artista, ¿cuál crees que sería esa labor para dignificar la mirada del hombre en tus libros? 
La mayor parte de mis personajes son artistas o escritores, fotógrafos o pintores o poetas o personas que están tocadas por una sensibilidad onírica, que sé yo, son personas que están confrontándose con el medio en el que viven. Eso es lo que pasa en general con los artistas y conmigo. Esa confrontación continúa entre las dos instancias. Me baso en ese tipo de experiencias para poder construir estos mundos. Me parece que en este momento, en el mundo en que vivimos, es fundamental la presencia del artista. Platón expulsó a los poetas de la “República” porque le parecía que los poetas eran falsos imitadores, por un lado y porque eran irracionales. Evidentemente ese concepto platónico ha evolucionado, pero hoy por ejemplo, hemos visto que los grandes, entre comillas, economistas o columnistas de los periódicos, de nuestro mundo actual, consideran que nuestras sociedades deben producir más técnicos, economistas, científicos que humanistas. Creo que sí le hacemos caso a esos criterios este mundo va ir de culos para el estanco. Por eso, creo que es fundamental que las sociedades están nutridas por el poeta, por el artista, por el pintor, por el cineasta, por el fotógrafo… por esas conciencias que nos enseñan a hacer críticos con la sociedad en que vivimos. Concibo así al artista, como ser crítico, como una especie de conciencia que está diciendo, no a dónde vamos o por dónde debemos ir, pero que sí está criticando lo que está pasando en el mundo en que vivimos, que es altamente criticable. Los modelos económicos y sociales que hemos seguido desde Aristóteles hasta nuestros días han sido bastante perniciosos al considerar que somos nosotros el centro del universo, que esta criatura humana, frágil, este bípedo implume, es el centro del universo. ¡Te imaginas la imbecilidad de ese concepto!, que lo propuso Descartes, Kant, Hegel, Aristóteles, Marx, y muchos otros. Y nosotros no somos el centro del universo, somos parte del universo. Creo que el artista, como lo concibo, como he tratado de serlo, debe erigirse como una conciencia crítica.

Hay un libro tuyo, “Viajeros”, que es como un libro puente donde algunos personajes tuyos saltan a otros libros. Por ejemplo aparece Ovidio y luego es el personaje en tu libro “Lejos de Roma”, también el prócer Caldas que está en “Los derrotados”, entre otros. Es como si “Viajeros” fuera una obra matriz de tus obras futuras, como una referencia que se amplía en otros libros. Como si el pasado se recreara constantemente. Esto permite una mirada más aguda de los hechos históricos. Ahora ¿cómo esa mirada del pasado, en la que te has especializado, te da un mejor panorama o perspectiva del presente? 
Yo pienso que ir al pasado es progresar un poco. Creo que era Walter Scott el que decía eso, o uno de esos personajes que escribió novelas históricas. Pues siempre está la idea o la noción de progreso que nos hace creer que siempre vamos hacia delante, a partir de una especie de confort material. En muchos momentos en la historia del arte ir al pasado ha sido como un motor para rejuvenecer y oxigenar el mismo arte. Ahora, evidentemente ir al pasado es mirar cómo voy a proponer ese pasado en el texto literario, que es lo que he tratado de hacer en “Lejos de Roma”, “Los derrotados”, “Tríptico de la infamia”... Me apoyo de información del pretérito, pero la gran pregunta de la literatura es la forma, no tanto el contenido, es ¿cómo contar lo que ya tantas veces ha sido contado, lo que ya ha sucedido? Me planteo: ¿cómo nutrirme de eso que ya pasó, de eso que ha sido narrado en diferentes partes? El caso de Caldas o el descubrimiento de América y la conquista, las guerras de religión, el problema del exilio, de los poetas… eso ya se ha contado mucho, entonces ¿cómo volverlo a narrar, cómo renovar? No creo que una buena historia sea suficiente para ser un gran libro. ¿Cómo contar esa historia? Puedo tener la gran historia: el hombre que se casa con su madre, que mata a su papá… es el caso de “Edipo”. ¿Cómo lo cuenta Sófocles? Lo hace maravillosamente. Por eso, considero que es fundamental ir al pasado. No sé si siga haciéndolo. Tengo algunos planes para obras futuras, pero también necesito ocuparme del presente porque mis libros están en ese vaivén. Has señalado algo muy interesante, que fui construyendo a largo de los años y es “Viajeros” como un libro cantera. De ahí vienen muchos de los personajes o temas que voy a trabajar en mis novelas. Es que uno tiene que ayudarse un poco en sí mismo para poder seguir adelante.

Pablo, para terminar, ¿podrías darnos algunos consejos a los escritores que estamos empezando para persistir en la literatura? 
Lo fundamental para el escritor es tener siempre prendida la llama de la lectura. Pues las lecturas y por supuesto la realidad en que vivimos, son lo que estimula el ejercicio de la escritura. Jamás me hubiese encontrado en este momento si no hubiese sido ese lector que fui desde niño. Constato ahora que la lectura es como una especie de vela prendida para que no se apague el recinto de la escritura. Lo otro que aconsejo a los jóvenes escritores es que sean humildes. En el sentido en que reconozcan que están en un proceso de aprendizaje y que la literatura y la escritura siempre son un proceso de aprendizaje. Por lo tanto, reciban, con el mejor de los ánimos las críticas, vengan de donde vengan, si tienen razón. Esto lo digo porque generalmente el gremio de los escritores está invadido por un cáncer, el de la vanidad, es decir el cáncer de que yo soy el mejor, el escritor grande. Y pienso que en los terrenos del arte siempre estamos aprendiendo y debemos ser humildes frente a las críticas. Yo he aceptado críticas de estudiantes míos que a veces les muestro mis textos y me señalan o de gente mucho más joven, que tengo algunos lectores de este tipo, y en absoluto me pongo de mal genio. Si yo muestro el texto es para que hagan críticas. También, que estén rodeados, en este proceso de aprendizaje, de un grupo de personas críticas, para que sean flexibles a sus comentarios porque ahí está el verdadero aprendizaje. Si yo no hubiera encontrado, cuando tenía 20 años, un amigo lector que me redujo un cuento de 20 páginas a una página, pues creo que yo no hubiera sido lo que fui después. Cuando uno recibe ese tipo de críticas y las acepta, uno se da cuenta que, en la labor de la escritura, lo que hay es una labor de reescritura y corrección permanente. Hay que leer y volver a leer hasta que el texto diga las cosas que debe decir y esté, digamos, en su sitio. Muchas veces escribimos y publicamos tal como salió la cosa y no, pues lo esencial en la escritura es la reescritura.
21 septiembre 2019
Por Juan Camilo Betancur E.



La Web es un término en inglés que significa “red”, “telaraña” o “malla”. En el ámbito tecnológico se utiliza para referirse a la red informática que es como una malla o tela de araña que comunica a una persona con otra en cualquier lugar del mundo. Por lo que en esta era digital el mundo está al alcance de la mano, a un clic. 

Debido al flujo de personas que frecuentan la Web se puede hablar de una nueva cultura que se basa en lo virtual y podríamos llamar “la cultura post”. Entiendo como cultura un cumulo de conocimientos, creencias, costumbres… que son adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad (virtual) que ha cambiado notoriamente la manera de relacionarnos. Por ejemplo, antes, cuando la Internet era una estrategia militar en los Estados Unidos, las personas hablaban y se miraban a los ojos en un acto místico y espiritual para establecer un contacto vital e íntimo. Pero a partir de la década de los 80 y con un ritmo más vertiginoso en el siglo XXI, las formas de relacionarnos con el otro cambiaron de manera notable porque el contacto vital se estableció a través de la interacción con una pantalla y no por medio de personas, de sus experiencias de vida, como se había hecho desde siempre. 

Por ello, ahora en la cultura post el saludo no es necesario porque es una costumbre arcaica de los incivilizados que todavía viven sin correo electrónico, sin Whatsapp, Facebook, Instagram o Twitter. Por tanto, los incivilizados no existen si no están en la Web y los que están en la Web no los sentimos lejos (así no los determinemos) ya que con un mensaje de texto nos ahorramos la molestia de visitarlos o mirarlos a los ojos. Y cuando se mira más allá del celular se hace con un ojo para evitar tropezarse. Pero la idea es evitar estar lejos de la pantalla de los dispositivos tecnológicos. 

Al eliminar el contacto vital con los otros, los incivilizados sobre todo, quienes más se damnificaron fueron las grandes historias, aquellas que nos reunían en una hoguera e imaginábamos la trama y los personajes. Con la Web estas historias fueron desplazadas porque a la cultura post no le interesa la tensión dramática que es fascinante en los clásicos. La cultura post rechaza contundentemente elementos dramáticos como: la incomunicación, el desencuentro y la distancia porque quieren evitar a toda costa la incertidumbre y por tanto se imaginan un mundo tecnológico y globalizado. Entonces las grandes historias, sin tensión dramática se despacharían en un párrafo. Por ejemplo: 

En la “Odisea” de Homero a Penélope le regalan un computador portátil para que navegue en la Internet y se inscriba en una página Web para mujeres abandonadas por sus esposos y así no pierda su juventud esperando a Ulises. 

En “Drácula” de Bram Stoker a Jonathan Harker, el abogado, le dan un Esmarfon 6 en el que le escribe un mensaje de texto a su mujer, desde el castillo del Conde, en Transilvania: “Necesito verte. Acá pasan cosas extrañas. Besos. Chao”. Y ella responde: “No seas miedoso bebé. Mándame una selfie donde se vea el castillo y así no sueño cosas tan espantosas”. Con estos mensajes en un par de horas le dan contexto a la historia y no son necesarias todas las cartas que se escriben en el libro. 

En “Frankenstein” de Mary Shelley al capitán Robert Walton un marino le da una Tablet con datos para que le pueda escribir a su hermana. Pero el capitán al ver su barco atascado a cientos de kilómetros de tierra firme, en su aburrimiento lo que hace es entretenerse en Instagram mirando fotografías de rusas despampanantes y se olvida de escribir cartas y tampoco se interesa en conocer a Víctor, el alquimista medio loco que le dio vida al legendario Frankenstein. 

En estas historias, con objetos tecnológicos que permitan acortar la distancia, se evidencia que la incomunicación, la distancia y el desencuentro son impensables en la cultura post porque no se puede esperar, sobre todo en una era que  aceleró el afán de contarlo todo, de saberlo todo, de virtuarlo todo, de estar horas y horas revisando una y otra vez las redes sociales y los mail. 

No se puede esperar porque en la cultura post el chico o la chica post traslada toda su vida a la Web sin percatarse de que allí es nadie. Tal vez por eso es que sufre, como resfriados, depresiones post, desconexiones post, soledades post y suicidios post. Y no le importa porque en la cultura post para ser un miembro activo hay que cumplir tres requisitos básicos. Primero, no saludar a tus semejantes. Segundo, tener problemas de identidad para reinventarse y ficcionarse ante desconocidos. Tercero, evitar relacionarse con personas que no sean post-izas porque son los dinosaurios del nuevo milenio y la onda en el tiempo de la prisa post es imaginar que la vida es un salto al vacío con hipervínculos que llevan a ninguna parte. 

En resumen, la Cultura Post es lo último porque allí están los escritores post que escribirán libros post para público post con ideas post. Y el público post piensa corto porque en la cultura post todo es breve y vertiginoso, rápido y distante, olvidadizo y fugaz. De ahí que los escritores post se caractericen por ser lacónicos y no decir mucho porque en la web los grandes párrafos dejaron de usarse. Por eso, al público post le gusta el contacto post que promulga el amor sin tacto y el sexo post-ergado.


17 de agosto 2019
Por Juan Camilo Betancur E.


Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños”.
Khalil Gibran

Escuché decir que un maestro es aquel que responde directo a las preguntas, sin rodeos. Es aquel que da con gracia lo que con gracia recibió. Esta acepción es precisa para la socióloga Patricia Correa. La mujer que hizo de los ambientes hospitalarios un espacio propicio para la promoción de lectura infantil.

Debido a su trabajo y el proyecto “Palabras que acompañan” (auspiciado por el laboratorio GlaxoSmithKline) Patricia aprendió sobre la relación del sistema de salud, las tensiones que se generan en los hospitales y clínicas y logró que los padres se dieran cuenta, en espacios no convencionales, que a los niños les gusta los libros y que muchas veces los entretiene más que un televisor. 

El proyecto de “Palabras que acompañan” empezó en abril del 2002 en doce instituciones en Bogotá. Progresivamente se abrió en ciudades como Medellín, Cali, Manizales. En el 2003 se extiende a Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga. En el momento atienden en promedio unos 43 hospitales. El 90% de las instituciones son públicas. Aunque también están en centros privados. Sin embargo, sea en una institución privada o pública, los niños, según la socióloga, cuando están enfermos siguen siendo niños sin importar el estrato. 

Este proyecto cuenta con el ingenio y la intuición de una mujer como Patricia que ha logrado con personas de todos los estratos y niveles educativos la empatía, la capacidad de llegar a consensos, el trabajo en equipo y con esto utilizar el poder institucional para ir más allá del beneficio personal y sensibilizar en los hospitales a niños enfermos con la lectura de cuentos infantiles y así hacer de la literatura, una medicina para el espíritu.

Este proyecto que se expande por las ciudades más importantes de Colombia es un avance social, político y económico para el país porque toca el núcleo familiar y lo acompaña a través de la lectura de cuentos infantiles. Pues, esta lectura de cuentos mejora sustancialmente las familias porque muchos de los niños evolucionan mejor de sus enfermedades al tener la posibilidad de escuchar la lectura de un libro, el acompañamiento de un adulto diferente a sus padres y la posibilidad de soñar con las historias que escuchan y comparten con sus familias.

Conocí el proyecto en el año 2011, cuando trabajaba como docente de primera infancia en la Comuna 13 de Medellín. Estuve en un evento donde compartieron las experiencias de promoción de lectura más exitosas del país. En ese momento, al ver el impacto que generaba el proyecto de “Palabras que acompañan” quise conocer a Patricia para saber más de cómo trabajar la lectura con primera infancia en espacios no convencionales. Pues, por ese entonces les leía cuentos a niños entre 4 a 6 años y no lograba cautivarlos más de 15 minutos. No obstante, tal vez por falta de constancia o inexperiencia de reportero,  no logré contactar a  Patricia y me di a la idea de que ella era una fuente difícil de rastrear.

Años después, fui corresponsal de primera infancia en Medellín del portal de Magured del Ministerio de Cultura. Me encargaron cubrir “El primer Seminario Taller: Primara infancia y espacios para la lectura en ambientes hospitalarios” que organizó el Ministerio Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia en el Parque Biblioteca San Javier. Además, era el primer evento de esta magnitud que se hacía en el país, y liderado por una mujer. Acudieron bibliotecarios públicos, algunos agentes educativos y culturales de todo el departamento de Antioquia. Después de los protocolos escuché el nombre de la ponente: “la socióloga Patricia Correa” y sentí que la conocía de alguna parte. Durante unas horas no logré identificar de donde la conocía. Incluso hablé con ella para explicarle mi rol de periodista del evento, pero no me explicaba por qué se me hacía tan familiar su nombre. Luego, recordé el  proyecto “Palabras que acompañan” cuando ella lo expuso como una experiencia vital. En ese momento me asusté porque el universo me dio la oportunidad de conocer a una de las mujeres más influyentes en el ámbito de la promoción de lectura en el país. Una mujer que deseé profundamente conocer años atrás. Así que no desaproveché la oportunidad y conversé con ella.

A continuación les comparto esta entrevista, producto de una serie de preguntas que le hice a Patricia Correa y en sus respuestas encontré una palabra que toca el alma, el corazón y las tripas.  


¿Cómo sería una educación inicial para que un niño sea un ser íntegro?
El problema es pensar la educación por estancos. Es decir, por un tiempo es competencia de unos miembros de la sociedad. Llámese la familia o las personas a cargo de los niños más chiquitos hasta que los reciben en los jardines infantiles. En ese momento los papás asisten a las reuniones y están pendientes de los procesos de sus hijos. Pero van creciendo y los papás asisten menos. Cuando el proceso educativo es un proceso de transmisión porque todos los que llegamos antes tenemos el sagrado deber de transmitirle lo mejor de nuestra cultura a los que recién llegan para que se integren de la mejor manera. Pienso ese proceso en estancos: La familia, el jardín, la escuela y luego uno los suelta. Pero no es que se les suelte del todo porque los niños siguen vinculados fundamentalmente a la familia. A lo que voy, es que la educación no es solo inicial sino para toda la vida. No es solo por momentos o por funciones sociales sino un proceso de transmisión de siempre. Por eso, cuando se piensa en la primera infancia se piensa en la familia. 

Hablabas de la responsabilidad como resultado de una decisión. ¿Podrías ampliar el significado de esa frase?
Cada uno de los que estamos aquí tenemos una cuota de responsabilidad. Es decir, los niños son responsabilidad de toda la sociedad. Desde que se decide tener un hijo, deseado o no deseado, ojala deseado, se adquiere una responsabilidad que se acaba con la muerte del padre o la madre. El vínculo emocional y el papel de la construcción psíquica del otro continúan. Por ello, los valores se aprenden con modelos coherentes de respeto o el ejemplo. Es decir, uno tiene que asumir sus responsabilidades. La misma palabra lo dice, “responsabilidad” significa: Responder por las consecuencias de una decisión o acción que uno esté realizando. Ahora, las responsabilidades no son culpas. Si me sitúo en el terreno de la culpa no hay salida. Pero si me sitúo en el campo de la responsabilidad encuentro soluciones. Además, las herramientas para asumir la responsabilidad cambian. No es lo mismo la responsabilidad cuando tienes veinte años o todo lo que sabes cuando tienes sesenta. Por eso es que en las comunidades de antes, ya no tanto, los más viejos eran los más escuchados. Ya les había pasado un montón de cosas y habían enfrentado un montón de responsabilidades. Por eso, cuando decido tener un hijo asumo la responsabilidad de esa decisión. Lo otro, es que los papás creen que si castigan al hijo lo van a traumatizar, lo mismo si lo consienten demasiado. Cuando un padre se pone en ese plano se ubica en el terreno de la culpa. Y para evitar la culpa los papás han ido entregando y delegando su saber. Es una cosa gravísima pensar que los papás no saben. Por eso, hay que devolver a la familia su saber en la crianza y en el acompañamiento del desarrollo del nuevo ser. ¡Si sabemos! ¡Está en los genes!

Dictaste, a nivel país, el primer Semillero Taller: Primera infancia y espacios para la lectura en ambientes hospitalarios ¿Cuál es aporte a la sociedad con este Semillero Taller?
En este taller se toca la relación con la familia y con los otros miembros de la sociedad: Bibliotecarios, maestros… Mostrando que también otras personas pueden aportar al proceso. Alguien dice, no recuerdo el nombre, que donde hay un niño hay un adulto. Es decir, el bebé no se puede mover solo. Las crías humanas son mucho más dependientes que cualquier otra cría. Los niños no tienen la posibilidad de independizarse de sus padres como sí se independizan otras crías. Su supervivencia depende por lo menos de un adulto. Por eso, un taller como este, que se propone desde la Biblioteca Nacional y desde el Ministerio de Cultura sobre lectura en la primera infancia sabe que pasa por la familia. Esta comprensión permite decirle a la familia que desde que nace el bebé hay que acompañar a los padres. Conectar con la sensibilidad de ese adulto para que pueda transmitirla al bebé. Entonces se crea un espacio para los padres y los hijos diferente al de la cotidianidad, diferente al del lenguaje fáctico. Esto da permiso al lenguaje del relato. Entonces los papás encuentran que tienen historias que le pueden contar a sus hijos de cuando eran pequeños. A los niños les encanta saber que los papás también eran pequeños. Así se enamoran de la lengua del relato que es la que después encontrarán en la literatura impresa, en el cine. Además, entienden que no se tiene que ser cantante de ópera para cantarle al niño y arrullarlo. Un ejemplo, en una entrevista a Maurice Sendak, autor de “Donde viven los monstruos”, dice que cuando su padre le leía lo tenía sobre sus piernas y que él asocia la lectura con el olor de su papá, con el calor de su papá. Y si eso les pasa a los niños es algo que nunca van a olvidar. Esa sensación queda en el cerebro, en el corazón y en la tripa. Claro, eso no quiere decir que ese niño se vuelva el superlector, pero su relación con la lengua es fuerte en todas sus dimensiones. 

Mencionaste en el taller que los arrullos se acabaron. ¿Cómo es eso?
Cuidado, no estoy diciendo que no hay música para niños. Hay nueva música infantil latinoamericana. Es un movimiento muy serio. A lo que voy es que en todas las culturas humanas existe el arrullo a los niños. Hay referencias desde los neandertales. Los arrullos son un hacer que se transmite oralmente de generación a generación y se transformaba con las interrelaciones culturales. En nuestros arrullos hay información de nanas de los españoles del año 1.500. También hay arrullos que se rastrean desde México hasta Argentina y que en los distintos países tienen variaciones rítmicas y en sus textos. Claro, esto se da mucho más desde el lado femenino. Pues los abuelos contaban los relatos de miedo y de cómo era que se hacía antes y ahí transmitían un montón de valores. Pero el canto era más femenino. Por lo menos el canto de la nana y el arrullo. Por ejemplo, la niña que era arrullada a la vez arrullaba a las muñecas, luego a sus hijos y nietos. Eso permitía continuidad. Pero, cuando la mujer se incorporó a la fuerza laboral fuera de casa ya no le quedó tiempo para los arrullos. ¿A qué horas esa mujer va a cantar? Por ello, a muchas de las mujeres de ahora no les cantaron. Eso no se les transmitió ¿Cómo van hacerlo? Como se sabe el oído es el primer y el último sentido que se cierra. Entonces el bebé oye la champeta desde que está en el vientre. Lo duermen con la champeta y el vallenato y ese es su mundo sonoro. Cuando la nana y el arrullo cumplen una función importante y es calmar, tranquilizar y conectarse con la emocionalidad del bebé. Los arrullos son vitales para el desarrollo inicial de los primeros meses del niño, la construcción de esa psiquis inicial, del vínculo del bebé con la madre… y eso no está en la champeta ni en ninguno de esos ritmos populares. 

Tu profesión es la sociología. ¿Por qué nunca la ejerciste? 
Salí de bachillerato y quería ser la primera Jacques-Yves Cousteaude de Colombia y por otro lado amaba leer. Quería estudiar Biología o Filosofía y Letras. En la Universidad de Antioquia inicié Biología. Hice cuatro semestres y al tiempo ingresé a la Escuela de Artes de la universidad a estudiar teatro. Llegó un momento en que la escuela se cerró para transformarse en facultad. Por esos días, en Biología, nos llevaron al nacimiento del río Medellín a tomar muestras. Luego, pasamos un semestre completo analizando las muestras de un solo día. Fue cuando entendí que eso no era lo mío porque necesitaba la gente y estar afuera. Tampoco seguí con el teatro porque cerraron la escuela. No quise esperar, menos en los 70 con lo que estaba pasando a nivel político en el país. Entonces decidí estudiar Sociología porque ofrecía un trabajo cultural y social importante. Aprendí mucho. Por ese tiempo también me casé y tuve mi primer hijo y empecé a trabajar medio tiempo en la guardería Mirringa Mirronga con María Cristina Gómez. Allá descubrí la maravilla de trabajar con los niños. María Cristina fue una gran maestra. Tengo una imagen de ella. Siempre preguntaba quién quería hacer tal cosa, sin obligar a nadie. Ella decía: “¿Quién quiere venir conmigo a leer? Ella tomaba un libro de poesía que no tenía muchas ilustraciones. Ella se ubicaba en un rincón de un patio y todos los niños iban a escucharla. No había nada que compitiera con María Cristina, ni la arenera. Eso me mostró lo que quería hacer.

¿Cómo llegas a trabajar con ambientes hospitalarios?
Me fui de Medellín. Viví en Cali. Estuve cerca del grupo de Gloria Rincón. Allá los niños eran los que marcaban el ritmo y tomaban muchas decisiones. Por ejemplo, hicimos un libro y los niños lo escribieron a mano. Entonces se preocuparon por la caligrafía y la ortografía porque los iban a leer. Descubrieron que la ortografía tiene sentido, igual que un semáforo en rojo. Es decir, entendieron que la norma tiene sentido. Pero cuando la norma no tiene sentido o no te la explican, entonces no la entiendes y la violas. Y la ortografía, la morfología y la sintaxis tienen la función de que el mensaje llegue claro. Eso lo entendieron niños de siete años. Comprendí que los niños se comprometen con sus procesos de aprendizaje cuando hay sentido. Después me trasladé a Bogotá y llegué a ACLIJ (Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil) que hoy es Fundalectura. Allí encontré a María Elvira Charria, una gran maestra. María Elvira, estando en el CERLALC (El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) junto a Geneviève Patte, una bibliotecaria francesa, y con la gente de CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) en México, construyen el proyecto: “Leamos de la mano de papá y mamá”. Geneviève Patte fue la directora de una biblioteca en un barrio a las afueras de Paris y trabajó una propuesta integral desde la biblioteca hacia la comunidad involucrando a la familia. También con el trabajo de ACCES (Acciones Culturales Contra Exclusiones y Segregaciones) se empieza a promover la lectura en espacios no convencionales, pero donde estuvieran los bebés con las familias. Así involucrar a la familia en un espacio donde haya un reconocimiento del niño como lector. Entonces lanzan, a partir de la propuesta de Geneviève y de ACCES, la propuesta de “Leamos de la mano de papá y mamá” para América Latina. En ese encuentro había gente de Argentina, Venezuela, Ecuador, Panamá, Nicaragua, Honduras, Colombia y México. Luego, nos seguimos citando una vez al año en México con Geneviève a trabajar los componentes del programa. La condición era que cada uno de los participantes abriera una sala para replicar lo aprendido. Por Colombia estuvimos Graciela Prieto del Ministerio de Cultura y yo. En ese entonces tenía a mi hijo muy chiquito y su pediatra era la directora de pediatría del hospital de la policía. Le dije que quería leer en el hospital y aceptó. Empecé a leer en la sala de espera. Además, el tiempo de la enfermedad es un tiempo de espera. Esperas a que el médico te atienda, esperas los resultados del laboratorio, esperas el efecto del tratamiento, esperas a que todo funcione; es una espera que a veces es muy larga, es una espera atravesada por angustias, dolores físicos y emocionales.

¿Cómo inicia tu manía por comprar libros infantiles?
Empezó con la voz del relato de mi madre. Ella me contaba historias todas las tardes. Para ella es una urgencia leer. Mi papá leía mucho la prensa. En una época de problemas económicos él llegaba por las noches y nos leía un libro maravilloso que después me enteré que era "Las mil y una noches". A él le encantaba comprar libros. Después, cuando mejoró la economía, tenía muchos libros en la casa. Yo tuve libros ilustrados. Leía en el quicio de mi casa. Me hice lectora. Tanto que me volaba de clase para leer en la biblioteca. En el bachillerato me leí los rusos. En la universidad descubrí los libros de fotografía y los de arte y me pasaba tardes mirándolos. De ahí surge esa fascinación por los relatos y por la imagen. Además, veo mucho cine. Entonces, cuando los recursos lo permiten empiezo a comprar libros infantiles. No compro sin evaluar. La idea es donar esos libros, quiero que sean un fondo para una biblioteca infantil. 

¿Cuál es el libro que más has regalado?
Para adultos el libro que más he regalado es "Amor en los tiempos del cólera". Es para mí, el libro por excelencia de Márquez. Ese libro es un tratado sobre la mujer, sobre lo femenino. De investigación, "Lecturas: del espacio íntimo al espacio público" de Michele Petit. Y el infantil que más regalo es "Todo lo que deseo para ti" de Henrike Wilson y Jutta Richter.
6 mayo 2019
Por Juan Camilo Betancur E.


La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad.
Jean de La Fontaine



Los dinosaurios, los dragones o los monstruos en general son centro de interés de los niños, casi igual que el muestran por los aviones, las muñecas, los trenes y los automóviles. Y entre más grande sea y entre más extraño y largo sea el nombre que posea la creatura más fascinación genera en el público infantil. No sé si estas características apliquen a otros seres fantásticos y un poco horribles, pero lo que sí es seguro es que estos seres gigantescos se recrean en cada generación y habitan los juegos infantiles. Por tanto y sin darle más largas al asunto, en este programa radial los niños hablan de los dragones y dinosaurios. Por tal motivo, les damos la bienvenida a esta emisión de Me revientan los adultos que de parte mía y de los niños se hizo con mucho cariño. Esperamos lo disfruten.