Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


Los pensamientos

>> viernes, 29 de diciembre de 2017



Gerardo estaba en casa. Su hermana le había solicitado que le cuidara a su hijo. Ella debía ir a la ciudad. Gerardo aceptó, aunque estaba acostumbrado a pasar fin de año solo. Celebraba para sí el cambio de año, hace años, sentado en una hamaca con una botella de vino, sin dramatismo o reuniones ruidosas de familias indeseables. 

Su sobrino desde la mañana empezó a caminar por toda la casa. Necesitaba gente para sentirse vivo. Las veces que intentó hablar con Gerardo no logró una conversación fluida, apenas unas respuestas monosilábicas. Cansado del silencio se ubicó cerca de su tío y empezó a renegar del día, del sol, del fin de año, de su madre que lo dejaba con un loco, de él mismo que no era capaz de valerse por sí solo, de su generación, de su incapacidad para estar solo, del silencio… Se sumergía en ese sentimiento general que profesa que todo está mal y al final por pensarlo tantas veces todo resulta mal. 

Gerardo se preocupó por lo que pasaría si el muchacho seguía llamando esos pensamientos. Así que desde la hamaca se comunicó con el sobrino y no le ofreció una copa de vino. Acto seguido le dijo, como si lograra ver dentro de la cabeza del joven, que los pensamientos nos hacen o deshacen. El joven arrugó el entrecejo y Gerardo continuó: “cuando me endiabla algún pensamiento sacudo la cabeza para alejarlo. Esta estrategia permite relacionarme con otras personas. Saber que la mente es tramposa sirve para no darle mucha mente a los pensamientos. El cerebro es como una antena receptora de ondas que distribuye por todo el cuerpo. Por eso, es necesario que esas ondas tengan una buena vibración para encontrar la conexión con la voz interior. Es en el corazón dónde está esa voz o la fuente de la sabiduría. Incluso, la ciencia moderna ha entrado a valorar que este órgano sirve para algo más que bombear sangre al cuerpo. Por ello, procurarse buenos pensamientos es permitirse estar en paz consigo mismo. Es algo que aprendí con la sumatoria de mis continuos errores. Cuando me vencían los pensamientos tormentosos y me dejaba dominar por el Mister Hyde interior.” 

Gerardo se percató de que su sobrino estaba más que atento. Por eso mismo, con una leve sonrisa volvió al silencio. El muchacho al notar que la conversación había terminado sin posibilidad de reiniciarse, empezó a caminar sin despedirse de su tío, a quien consideraba despreciable. Atravesó un puente vegetal y sin darse cuenta, caminaba sin pensar, con tal despreocupación que parecía parte del paisaje. Gerardo observaba a distancia y con una sonrisa saboreaba un sorbo de vino.

4 comentarios:

NightlySun sábado, diciembre 30, 2017  

Miro mi computadora. Yo sonrío. Porque estoy leyendo un buen artículo.

Juan Camilo sábado, diciembre 30, 2017  

NightlySun
Miro mi blog. Sonrío. Encuentro un muy grato comentario. Abrazos.

angeloblu jueves, enero 04, 2018  

Carissimo come sempre molto piacevole leggere le tue storie,
un sorriso di tutto cuore te lo mando io
e ti ringrazio per essere passato, un immenso abbraccio.

Juan Camilo domingo, enero 14, 2018  

Angeloblu

Gracias por sus palabras. Su abrazo queda muy bien cuidado.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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