Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El monstruo del olvido

>> miércoles, 22 de marzo de 2017



Pocos creen que cada hallazgo tiene su fisura. Por ejemplo, mi última hipótesis es que hay una  relación entre la imagen de la "mano peluda" o la "bestia" o  el "monstruo" en los cuentos infantiles con el "olvido" en la vida del adulto. Es lo mismo. Hay un temor que se despierta al nombrar algunas de esas presencias. Un temor que se evita y se busca. Si se pudiera dar forma al olvido sería un ser amorfo con las manos peludas, dientes afilados, ojos desorbitados... Un ser tan horrible que de solo sentirlo nos precipita a los brazos equivocados. Nos lleva justo a donde es más certero: al abandono.  A fuera llueve. El agua ruge como una fiera furibunda. Escucho que tocan a la puerta. 

3 comentarios:

María Perlada jueves, marzo 23, 2017  

Y el temblor del miedo hace rasgar la piel del cuerpo.

Besos, querido amigo.

Josefa jueves, marzo 23, 2017  

me sumergí en la lectura. Me supo a poco.

Un beso.

Juan Camilo jueves, marzo 23, 2017  

María
Es cierto, el miedo es un gigante de lejos y un enano de cerca.
Gracias por tu comentario

Josefa
Muy grato que te supo a poco, pues, a veces, lo poco es suficiente. Un abrazo.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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