Alguien tiene una alergia en la piel llamada sexo. Brota y pica. Hace tiempo quiere curarse. Lee libros de poesía amorosa, ensayos sobre el control del deseo y cree mejorar. Pero ve una mujer y la piel hierve. Es una alergia, una roncha gigante. Se rasca, infecta la herida, desespera, tritura la palabra paciencia y sobre sus residuos se lanza al contagio.
Nací entre cultivos de café. Entre tormentas que asustaron el temple del abuelo. Entre carreteras que llevaban a ninguna parte y recorrí incansablemente. Crecí mirando el cielo porque me aburría el televisor. Era insuficiente su pantalla para mi soledad alada
Amé a mi madre porque fue tierra
a mis primeros versos. Extrañé a mi padre porque fue aire a mis manos. Soy el zumbido de un pueblo insostenible en el tiempo. Soy el viento que arrastra el sol hacia la montaña, el silencio y la quietud de los que ya fueron.
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