Llegas al malecón de la Habana y tus olas embisten, golpean
las piedras, piedras y muralla construida por los españoles para evitar que los
piratas robaran lo que ellos ya habían robado. En el aire se siente la sal, sal
del agua, sal de lo oscuro, sal adherida a la piel, sal del mar abierto de mil
brazos que ruge como un león hambriento, sal del mar revuelto, mar de peces
profundos, mar de corales en remolinos, mar que llega al malecón y asustas al
turista, mar de sal que choca contra el malecón, sal que es aire en un mar de
amores ahogados en los rugidos de sal de un león marino que ruge al son de las
olas, al son del mar, al son de un frío atípico en la Habana, al son del mar
que llega al malecón.
MANICOMIO 257
Hace 21 horas
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