Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Ella

>> domingo, 22 de septiembre de 2013


Llevo muchos años intentando comprenderla. Siento que cada que sale de la casa se va para siempre y llega otra a quien desconozco. Aunque hay ciertas cosas que no cambian como la manía de parlotear por los mismos asuntos. 

Hay días, cuando vamos de paseo, en los que no soporto que guarde en mi bolso un montón de frasquitos. Dice que cada cosa sirve para algo: pestañas, párpados, labios… En ese momento imagino que aparece un ratón y ella salta y grita y se olvida de tanta indumentaria. 

Cada que ve un niño en la calle quiere llevarlo a casa. Lo mismo con los gatos y los perros. Si no fuera porque el apartamento es pequeño viviríamos en un zoológico. 

En las noches se ducha y antes de dormirse le gusta que la abracen y le acaricien el cabello. Luego me pide que le lea un poema o un cuento. Va cerrando los ojos hasta quedarse dormida. Antes de apagar las luces me desnudo y me meto entre las cobijas. Un aroma a jabón de baño y jazmín me produce escalofrío. Voy cerrando los ojos e imagino que entro a un lago calientito que me reconforta y satisface.

2 comentarios:

María domingo, septiembre 22, 2013  

Enternecedor tu texto, me ha encantado.

Un beso.

Juan Camilo jueves, septiembre 26, 2013  

María
gracias por tu comentario

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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