Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Naturaleza oculta

>> martes, 10 de septiembre de 2013


Tuve dos hijos y los abandoné por miedo a que descubrieran quién era. Durante años evité pensar en ellos. Incluso le hice la vida imposible a su madre para asegurarme de que no me buscarían. Con el transcurso del tiempo me fui olvidando de ellos. Tal vez sea por ello o por mis otros errores, que no logré aceptar mi inclinación sexual. Las veces que fui feliz con otro cuerpo fue cuando lo imaginé. Así me hice viejo y me quedé solo, sin hogar, sin familia, sin amigos. Tal vez eso se deba a que a todos nos llega el momento en que no podemos ocultarnos de nuestros actos. No importa si las decisiones fueron tomadas en antaño. Pues, los hechos nos persiguen como pesadillas. 

 Ayer, después de veinte años los encontré en la casa de mis difuntos padres. No podía creer lo que veía. Ella era el mismo retrato de mi madre y él era idéntico a como era yo cuando era joven. Me saludaron y preguntaron por mi vida. Lo único que pude contestar fueron generalidades. Me asusté y partí de nuevo. Caminé rápido, sin importar mi enfermedad en la columna. Quería huir, pero era imposible. Ellos me mortificaban. ¡Santo Dios, qué hice!

Pero prefiero el dolor a que se hubieran enterado de que no estuve con ellos por miedo a hacerles más daño del que ya les hice.

2 comentarios:

Malena Alvarez miércoles, septiembre 11, 2013  

A veces tomamos decisiones que pueden resultar incomprensibles, pero necesariamente vitales para no hundir el cuchillo del dolor en nuestros seres queridos, y aun así causamos dolor,

Buen blog me quedo


Malena

Juan Camilo jueves, septiembre 12, 2013  

Malena
Gracias por la visita. Bienvenida a estos reflejos.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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