Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Las ansias

>> viernes, 12 de junio de 2009

Creí que todo había salido bien. Te dejé la notita en la mesa en que estudiabas. Me dijiste que necesitabas estudiar pero agradecías el recado. Sonreí y me senté en otra mesa.

A los minutos me tocaste la espalda. En ese momento meditaba una frase de Séneca que decía que deja de temer el que deja de añorar. Lo curioso era que añoraba que me hablaras.

Nos tomamos un café. Me sorprendí cuando me dijiste que tenías 17 años. Una niña con cuerpo de mujer. Entendí que no debía esperar nada de ti. De nadie. El amor funciona cuando se admite que el otro se puede ir sin que eso te duela. Se toma una mano pero no se ata un alma. Claro que lo nuestro era un encuentro de notitas. Porque me sentía apuesto y me sentaba a que alguna chica se atreviera a romper el hielo. Mi ingenuidad es aprueba de juicios.

Esa tarde me invitaste a un café. Te di mi mail en la notita y me escribiste. Concretamos una cita en la Biblioteca Nacional de Lima en la Hemeroteca. Llegaste un poco tarde. Una hora. En ese tiempo sentí que todo se derrumbaba. Esperar no ha sido mi fuerte y no me concentraba en las cartas de Séneca. Me contradecía. La ansiedad de verte podía contra todos mis principios y solo deseaba que me encontraras distraído.

Me sentí de tu edad y eso que ya paso del cuarto de siglo. Eso que ya no soy un niño, aunque haya prolongado mi adolescencia más del límite. Tal vez por eso mi personalidad a veces es una nota musical fuera de tono, que puede sonar mal a la armonía de todas las cosas que me rodean.

Hablaste de tu viaje a Europa. Te escuché. Soy bueno escuchando. Hablamos unas dos horas.

A la salida, recuerdo que jugaba Perú Colombia, las selecciones más degradantes de las eliminatorias del mundial. Hablaba con el vigilante de la biblioteca (peruano) de que quedaríamos bajo cero en el resultado final.

Cuando salí no estabas. Miré a todos lados y nada. Carajo. Cuando al final de la cuadra te despedías con la mano alzada. Te dije adiós de lejos, prendí un cigarrillo y camine a mi cuarto. Caminé. Aprendí la lección.

11 comentarios:

Anónimo,  viernes, junio 12, 2009  

mmmmmmmmmmmmmm...

Anónimo,  viernes, junio 12, 2009  

No hay remedio...

Anónimo,  viernes, junio 12, 2009  

Amores y otros encantos por todo el continente...

Anónimo,  viernes, junio 12, 2009  

Bien, bien

Pablo García.,  viernes, junio 12, 2009  

qe historia, pobre hombre, apuesto qe se fue a su cuarto a seguir leyendo a Séneca y a terminarse su paqete de cigarrillos.

Anónimo,  martes, junio 16, 2009  

m mmmmmmmmmmmm

Anónimo,  martes, junio 16, 2009  

"Se toma una mano pero no se ata un alma", me suena a ese verso de Borges que dice"Uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma"... el hecho de haber estado en Argentina y de ser buen escritor no te da derecho a creerte Borges...

Pablo Grcía,  martes, junio 16, 2009  

por eso, el camilo no es qe se crea borgues, al contrario como buen escritor se atreve a contradecir a los maestros, no ve qe los maestros fueron hombres qe cagaron, follaron, orinaron, lloraron, se desepcionaron del amor y creyeron por un momento ser felices, o sea también fueron inperfectos, el camilo le dijo a borgues qe no se puede encadenar un alma. los unicos qe se arriesgan a contradecir a sus maestros son los qe tienen el puesto asegurado en la historia del arte, los tercos. amen

el perdido martes, junio 16, 2009  

Anónimo, ahora que lo nombras recuerdo el verso de Borges. Que pena con Borges, debe estar tratando de ver quien le toma sus ideas para hacerlas propias. Pero no me siento culpable. Creo que un hombre es todos los hombres y por eso es universal el amor, la muerte y esas cosas que no entendemos y nos desgastamos hurgando. Además las máximas que a alguien le llegan, si las siente desde el estómago, porque como los chinos los latinos vemos el mundo desde la digestión, y las dice debe creersele. Pues si las sintió, lo más seguro es que alguien más lo sintió. Por último, hay que tener esto presente, que todo lo que se puede decir ya lo ha dicho Borges. Acabo, anónimo, de plagiar otra máxima. Espero, que con tu buena memoria enciclopédica identifiques al autor. Pues esta vez lo hago intencional. Ahh y eso de tomar una mano es volver al origen, al cuadrúpedo que fuimos en algún tiempo. Ahora como bípedos tenemos que acudir al amor o a la amistad para volver a nuestro estado de simios busca piojos. Un abrazo y lo sigo esperando por estos lados.

Anónimo,  viernes, junio 19, 2009  

Gabo no fué, cuando conversaba con yo no se quién? que dijo, seguidamente, que sino lo habia dicho, seguramente estaba pensando en decirlo.

Alejo viernes, junio 19, 2009  

Cada vez logras más profundidad en tus palabras. Pero igual sigues siendo una persona incorregible.

Un abrazo.

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