Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


Una tentativa para cantar juntos milongas amarillas

>> lunes, 23 de marzo de 2009


Desde hace una semana que el invierno va apareciendo en tus ojos.

Trabajas hasta las cuatro, vas a la escuela, regresas con el movimiento de las horas torturándote los huesos, y aún así me haces algo de comer, vemos una película por día, me enseñas a hacer artesanías, me invitas a tomar mate con tus amigos. Te resistes a creer que soy autista y esperas a que te sorprenda con un discurso encantador. Pero nada, no respondo.

La verdad es que la claridad me ha tragado las palabras. Ahora que puedo ver al horizonte sin interferencia me duelen los ojos.

Te veo y me veo y siento frío. Hasta pienso comprarme un paraguas para verte a los ojos. Incluso tengo un saco de lana para enfrentar tu mirada. Se hace escarcha en la piel.

Recuerdo cuando viajamos en tren desde Suipacha hasta Buenos Aires y en Buenos Aires tomamos el Subterráneo. Literalmente íbamos bajo tierra. Impresionante. Todavía me impresiona. Sin punto de transición aparecimos en el centro de la ciudad, en medios del movimiento, los automóviles, los edificios, las avenidas…

Sacaste un mapa de Buenos Aires porque es una ciudad inmensa y más vale estar preparado. Miraste el mapa y nos dirigimos a la fotocopiadora de Nervio, un amigo tuyo.

Entramos. Saludaste y me entretuve con un cd de Pearl Jam. No hablé. Apenas contestaba a las preguntas. Las palabras se me quebraban en la garganta. A la salida, en el parque del congreso, me dijiste que me distraigo con facilidad y nada se me puede cruzar en las manos porque pierdo noción del espacio y tiempo, tengo un poder de distracción bárbaro.

Caminamos. Mejor dicho caminaste, yo iba de porta retratos. Una fotografía Colombiana que gesticula y se enferma de la panza con el agua de Buenos Aires. Una fotografía que mientras empacabas tus cosas en tu apartamento se quedó mirando la película “El curioso caso de Benjamín Button” de David Fincher protagonizada por Brad Pitt. Una fotografía que le gusta la actuación de Brad Pitt en las películas de drama como la de El lado oscuro del sol o Doce monos, por citar solo algunas. Terminaste de hacer las cajas y la fotografía ahí, sin revelar intención.

Vi nubecillas en tus ojos. Nubecillas que se posaban encima mío, sobre mi cabeza. Sentí frío. Temblé.

Afuera llueve. Las nubecillas de tus ojos cubren el cielo. Llueve. Más allá de la lluvia llegan noticias. Tres amigos se graduaron: Lucho, William e Ingrid. La mamá de Alejandro lamenta que hubiera abandonado la carrera.

Las nubecillas de tus ojos bañan las calles, despintan el color de la tarde, le arranca hojas a los árboles.

Pero más allá de la lluvia se avecina el otoño. Más allá de la lluvia viene la otra estación de tus ojos, espero que también sea otoño y las hojas de los árboles que hay en tus ojos se pinten de amarillo, de un amarillo que es de todos los matices. Espero en otoño atravesar la lluvia, el frío, la llanura y morderte los labios y cantar con vos milongas amarillas.

1 comentarios:

Anónimo,  lunes, marzo 23, 2009  

Bueno, no sé si las milongas puedan ser amarillas, pero de una cosa si estoy seguro, vos eligiras el color cada vez, algunas veces rosa, otras veces azul y otras veces blancas, como el color de la nostalgia. Calle M...

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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