Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


En un vacío a mitad de semana por la tarde

>> miércoles, 1 de octubre de 2008

Hay días en que uno amanece vacío. Como si fuera una sucursal de imágenes rotas. Como si fuera una alegoría a ese poema de Porfirio “hay días es que somos tan sórdidos, tan sórdidos…”

Hay días en que no te aguantas a ti mismo. Te miras al espejo. Te decís. Carajo, ¿qué pasa? Sin respuesta. No pasa nada. No hay nada. Amaneciste en blanco, con palabras blancas, con recuerdos blancos, con ideas blancas.

Hay días en que vivir es una estafa a cualquier ilusión o deseo de vida. Respiras, fumas, vas al baño, te miras al espejo, te sientas en la cama, muerdes un vacío y lo pasas con jugo de mora, lees y no lees, escribís y no escribís, caminas y no caminas, sueñas y no sueñas. No estas ni triste ni aburrido.

Hay días es que no tienes piel sino vacío. Un vacío azul que te pones con un vacío blanco, un vacío con resorte que te aprieta las pelotas, un vacío con suela que te protege de las rocas y vidrios, un vacío interestelar que chupas y cuchareas y fumas y muerdes y no lloras.

Hay días en que el vacío se baña, se peina, recibe a su madre que viene del Retiro una vez a la semana, la acompaña a misa, la ayuda a mercar, la lleva a casa, se cansa de ella, se va de la casa, no sabe si es su madre o la del vacío que la acompaña, camina y no camina, respira y no respira, ve y no ve, grita y no grita.

Días en que vacío camina por un vacío de concreto, con catedral, bancos, heladerías, calles, transeúntes, ancianos, niños. Un vacío que tiene la imagen del señor caído en su centro. Un vacío en que vacío naufraga y se olvida.

Hay días en que el vacío te habita y hablas desde otra frecuencia. Palabras no sentidas, peligrosas y sórdidas, sórdidas.

Hay días que existen para pasar en blanco. Ni una emoción, ni una tristeza, ni un amigo, ni una mujer. Días de salto de renglón, de brinco al mañana, de llorar y no llorar, reír y no reír, soñar y no soñar, cagar y no cagar.

2 comentarios:

Anónimo,  jueves, octubre 02, 2008  

Sòlo me queda decirte que esos días son eternos y dan hasta miedo, porque muchas veces, ese vacío, no aparece en un sòlo día en la mitad de semana, sino varios días, como un maravilloso regalo que se encuentra al despertar.

Últimamente, siento tanto el vacio, pero lo percibo suave y bondadoso; me atrapa y sòlo trato de no dejar entrar, el verdadero peligro: la ansiedad, y por eso, antes de dormir, pienso y deseo que mañana desaparezca esa maldita sensación.
Hasta mañana

Isobel

Anónimo,  sábado, octubre 04, 2008  

Lastimosamente, el vacio cada vez es más profundo; ahora, está cerca la tristeza, siempre tan frágil y manipuladora, las lagrimas fluyen y no quiero pensar, pensar duele, existir también. ¿Cuando va acabar el juego?

Isobel

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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